Historia contemporánea

Ismael López, historiador: “El cambio climático o el final del petróleo tal vez hagan que la caballería vuelva a las guerras del siglo XXI”

Entrevista

El autor de ‘Sables al viento’ traza una historia de esta arma mítica que fue la caballería, y que abarca desde la guerra de Crimea hasta las guerras coloniales de Portugal en los años setenta

Ismael López, autor de ‘Sables al viento’ (Ático de los Libros)

Ismael López, autor de ‘Sables al viento’ (Ático de los Libros)

Cedida

Ismael López Domínguez es historiador y escritor, graduado en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares y máster interuniversitario en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Complutense de Madrid. Su labor de investigación se centra en la historia militar de los siglos XIX y XX. En 2022 publicó su primer libro, La batalla del Marne (HRM Ediciones), por el que fue nominado a los XIII Premios de Literatura Histórica en la categoría de no ficción en Hislibris. A este le siguió La guerra de las trincheras (Ático de los Libros, 2024). Cualquier aficionado a la historia militar en las redes sociales y en los podcasts –que constituyen un canal alternativo de conocimiento y cuentan con un público muy fiel– lo conoce.

Con un título donde resuenan los versos de “La carga de la Brigada Ligera”, de Alfred Tennyson (“Relampaguearon desnudos los sables, / relampaguearon al girar en el aire”), Sables al viento. La caballería en la guerra moderna (1860-1945), nos muestra una imagen completamente diferente de la caballería en el momento en que la guerra industrial y las armas automáticas parecían haber enterrado a los gloriosos jinetes, la quintaesencia de la guerra caballeresca, del choque y de las galopadas. Lejos de quedar obsoleta, el arma montada estuvo presente en todos los conflictos desde 1860.

Una de las tesis principales del libro es que, aunque se la dio por muerta como arma de guerra a partir de la aparición de las armas de tiro rápido, siguió vivita y coleando durante mucho tiempo.

La impresión actual sigue siendo que la caballería no tuvo ningún papel relevante a partir de mediados del siglo XIX; pero, al contrario de lo que se piensa, su papel se modernizó y reforzó. Por mucho que se haya dicho, el arma montada continuó siendo imprescindible para las operaciones militares.

Dos de las grandes guerras con intervención de la caballería fueron la guerra civil americana y la guerra civil rusa. ¿Qué tenían en común y qué añadieron a las tácticas del arma montada?

Norteamérica y el este de Europa siempre fueron los dos escenarios predilectos para el uso de la caballería en grandes masas; eso lo tenían en común. Por otro lado, la guerra civil estadounidense sentó las bases de lo que debía ser la nueva caballería moderna, y los rusos lo aprendieron muy bien. En el ámbito táctico-operacional, sin duda, lo que más aportaron tanto estadounidenses como rusos fue el uso de cuerpos montados en incursiones a largas distancias.

La batalla de Gettysburg en la guerra civil estadounidense
La batalla de Gettysburg en la guerra civil estadounidenseDominio público

Es usted un apasionado de la Primera Guerra Mundial y ha escrito mucho sobre ella. Las trincheras de 1914-1918 parecen la antítesis de la guerra de caballería. Sin embargo, dice que en las campañas iniciales del verano de 1914 la caballería fue esencial para entender victorias y fracasos.

En el periodo inicial de la Gran Guerra, la caballería se encargó de los reconocimientos estratégicos, cubriendo a las grandes masas de infantería. El uso correcto o incorrecto de esas unidades montadas determinó todo lo que ocurrió después. Por ejemplo, la caballería francesa no descubrió el avance alemán por Bélgica que preveía el Plan Schlieffen; o la caballería rusa dejó sin cobertura al 2.º Ejército ruso, que fue destruido luego por los alemanes en la batalla de Tannenberg.

¿El Cavalry Corps británico colaboró con los carros de combate, que entonces eran un arma incipiente? ¿En qué consistió esta hibridación de caballos y máquinas?

Sí, es una historia poco conocida, pero así fue. A pesar de que pueda parecer “anacrónico”, estaban bien hibridados, ya que los carros de combate se usaban para la ruptura a nivel táctico y la caballería para los avances operacionales. Por tanto, los primeros debían abrir camino a los segundos. En la batalla de Cambrai (1917) este método se probó sin mucho éxito, pero en las ofensivas aliadas del verano de 1918, que sellaron la suerte de la guerra en el Oeste, la caballería británica renació, después de pasar toda la guerra en segundo plano.

Un tanque abandonado en una trinchera alemana durante la batalla de Cambrai
Un tanque abandonado en una trinchera alemana durante la batalla de CambraiTerceros

En medio de la tragedia de Annual destaca la acción del Regimiento Alcántara. ¿Qué efecto tuvieron sus cargas en la retirada de las fuerzas españolas?

Mucho. Sin duda, el Alcántara salvó con su sacrificio a una buena proporción de las columnas españolas. Combatieron tanto montados en las famosas cargas como a pie, usando mosquetones y ametralladoras. El problema es que un único regimiento no bastaba para invertir la suerte de un combate tan terrible como fue el desastre de Annual.

El sacrificio del Alcántara

El 22 de julio de 1921, en Annual, las posiciones del ejército al mando de Silvestre cedieron ante el ataque de los rifeños. Una muchedumbre de fugitivos emprendió la huida hacia la salvación que ofrecía Melilla, mientras los soldados que quedaban atrás eran masacrados por las cabilas alzadas en armas. Solo una unidad mantuvo la calma. El teniente coronel Primo de Rivera y Orbaneja, segundo jefe del Regimiento de Cazadores de Alcántara, agrupó a sus escuadrones y acudió en auxilio de los escapados.

Durante los dos días siguientes, el Alcántara combatió cubriendo la retirada hacia Monte Arruit. El 23 de julio, sin apenas descanso tras veinticuatro horas de lucha ininterrumpida, acudió en socorro de una columna de heridos. Por la tarde, los caballos, enloquecidos por la sed, apenas se sostenían. Carga tras carga, el regimiento fue siendo diezmado hasta perder, entre muertos y heridos, 550 de los 700 oficiales y soldados con los que contaba el 21 de julio.

La Konármiya, el Ejército de Caballería de Budionni, es una de las fuerzas más famosas de la historia militar. Isaak Babel le dedicó una serie de relatos, Caballería roja, y la propaganda soviética la ensalzó por su papel en la guerra civil y en la guerra contra Polonia. ¿Cuánto hay de leyenda y cuánto de verdad en ella?

Hay mucha leyenda en ambos casos. Las hazañas de la caballería roja fueron lo suficientemente importantes como para convertirse en leyenda. Los bolcheviques la usaron con inteligencia y de forma poco convencional, lo que sorprendió a sus enemigos. Montados y equipados con toda clase de armas, estos jinetes fueron la cuña roja con la que golpear a los blancos. Eran la vanguardia de la revolución. Pero también encajaron golpes muy duros en Polonia y que casi acabara desmontada por errores garrafales.

Soldados de caballería de la Konármiya durante el período de la Guerra Civil
Soldados de caballería de la Konármiya durante el período de la Guerra CivilDominio público

En nuestra guerra civil, los nacionales formaron una división de caballería, al mando del general Monasterio, que consiguió una victoria en la batalla del Alfambra. ¿El Ejército de la República usó el arma de caballería en alguna acción destacada?

La caballería del Ejército Popular Republicano se usó mayormente para exploración y reconocimiento, y en alguna carga a sable, pero nada más. En Belchite se intentó sin éxito usarla en masa, pero a partir de ahí no tuvo mucho más que decir en la guerra.

Aunque la imagen más familiar que nos viene a la mente es la de la caballería polaca cargando contra los panzer en septiembre de 1939, la gran caballería de la Segunda Guerra Mundial fue la del Ejército Rojo.

Con una herencia muy fuerte que provenía de la guerra civil rusa, el Ejército Rojo empleó la caballería en todas las operaciones de cerco. Incluso en las etapas finales, regimientos de caballería acompañaron a las divisiones mecanizadas para rodear Berlín en 1945. En la posguerra la cosa había cambiado mucho, pero se mantuvieron escuadrones de sables durante la primera etapa de la Guerra Fría.

Soldados del Ejército Rojo izando la bandera soviética sobre el Reichstag en Berlín, Alemania, el 30 de abril de 1945
Soldados del Ejército Rojo izando la bandera soviética sobre el Reichstag en Berlín, Alemania, el 30 de abril de 1945Sovfoto / Getty

El último impulso de la caballería tuvo lugar en un sitio insospechado de África en 1970. Háblenos de este episodio.

Fue un episodio excepcional. En Angola, los portugueses montaron a sus dragones a lomos de caballos y les dieron armas automáticas. Esta caballería fue pequeña en número, pero dejó una gran impresión en las unidades guerrilleras. Al final, y al contrario que los vehículos a motor, los animales podían meterse por los sitios más difíciles, llevando a los soldados más rápido que a pie.

¿Volverá la caballería? ¿Cómo se imagina la caballería del siglo XXI?

Nunca se sabe; el tiempo nos dirá. La guerra trae a veces de vuelta formas antiguas de combatir. Por tanto, y viendo el panorama que tenemos –cambio climático, crisis de combustibles, etcétera–, puede que la caballería vuelva para misiones específicas de contrainsurgencia, reconocimiento y exploración. Quizá veamos una caballería híbrida, montada y motorizada, como en la década de 1930.

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