Historia contemporánea

Anne Sebba, periodista y biógrafa: “En Auschwitz, una litera, un inodoro o unas bragas podían darte la esperanza justa para sobrevivir un día más”

Entrevista

La historiadora y biógrafa británica reconstruye, a partir de un meticuloso trabajo de archivo y testimonios inéditos, la historia de las integrantes de la única orquesta femenina creada en los campos de concentración nazis

Anne Sebba 

Anne Sebba 

serenabolton / Otras Fuentes

La música impregna nuestras vidas de muchas maneras. Nos acompaña cuando nos enamoramos, nos inunda de nostalgia e incluso la asociamos a etapas vitales concretas. Sin embargo, a muchos nos cuesta imaginar qué lugar pudo ocupar en uno de los episodios más oscuros de la historia. ¿Cuál fue la banda sonora del holocausto? ¿Hubo siquiera espacio para la música? Lo cierto, es que en muchos casos se utilizó como instrumento de humillación y tortura. En otros, fue una forma de resistencia y de afirmación de la propia humanidad por parte de los prisioneros de los campos. Y a algunas personas, incluso, les salvó la vida.

Tras un pulso de poder entre los dirigentes de Auschwitz, el principal campo de exterminio nazi, a Maria Mandl –decidida a demostrar ante sus superiores masculinos su autoridad y capacidad para dirigir el subcampo de mujeres– se le antojó crear su propia orquesta como símbolo de estatus. Lo que nació como el capricho de una oficial de las SS terminó convirtiéndose, para muchas de aquellas mujeres, en una oportunidad de sobrevivir. Conversamos con Anne Sebba, autora de La orquesta de mujeres de Auschwitz. Una historia de supervivencia (Crítica), para acercarnos a la realidad de sus integrantes.

Maria Mandl en Auschwitz
Maria Mandl en AuschwitzDominio público

¿Por qué una orquesta de mujeres en un campo de exterminio?

En realidad, era más bien una banda de chicas, más que una auténtica orquesta, y se utilizaba como banda de marcha para dar la impresión de que las demás prisioneras formaban parte de un campamento militar y no de un campo de exterminio. También facilitaba a los nazis el recuento de las mujeres que salían a trabajar, ya que debían colocarse en filas de cinco [y marchar al ritmo de la música].

De las casi cincuenta mujeres que integraron la banda, la gran mayoría logró sobrevivir a Auschwitz. Como cuenta en su libro, las condiciones de vida dentro de la orquesta fueron un factor determinante en la supervivencia de sus integrantes. ¿Qué tipo de “privilegios”, por así decirlo, tenían en comparación con las demás prisioneras?

No muchos en términos de comida, pero disponían de su propia litera, acceso a un retrete y ropa interior… y eso era suficiente para darles la esperanza de que quizá lograrían pasar la noche y vivir un día más. Solo pensaban en sobrevivir día a día. También tenían que trabajar todo el día, solo que no en los campos ni en los comandos de demolición, así que el Kommando de música no era, ni mucho menos, una alternativa cómoda.

¿Cuándo se empiezan a hacer audiciones y en qué circunstancias?

Al principio todo funcionó por el boca a boca, pero la noticia se difundió rápidamente por los barracones, ya que aquel Kommando se veía como una posible vía de supervivencia, al igual que la lavandería, el almacén, la oficina o la cocina. Ninguno garantizaba salvar la vida, pero sí ofrecían una oportunidad. Cuando Alma Rosé asumió la dirección de la orquesta en 1943, estableció audiciones formales. En una ocasión quedó vacante el puesto de acordeonista y la pianista neerlandesa Flora Jacobs decidió presentarse; más tarde recordaría lo terrible que le resultó ver que otras 150 mujeres también lo intentaban.

La violinista austriaca de ascendencia judía Alma Rosé
La violinista austriaca de ascendencia judía Alma RoséDominio público

Ante la inmensa participación en las audiciones, ¿con qué criterio se seleccionaba a las mujeres que se incorporaban a la orquesta?

Las que tenían formación de conservatorio y tocaban instrumentos necesarios, como el violín o la percusión, solían ser aceptadas con facilidad. Sin embargo, había un exceso de mandolinistas y ninguna instrumentista de viento metal. Al principio solo contaban con un instrumento grave: el violonchelo de Anita Lasker. 

Su admisión estaba prácticamente asegurada, ya que necesitaban ese registro y, además, era muy talentosa. Muchas de las intérpretes de viento eran adolescentes que apenas llevaban tres años tocando la flauta dulce, la flauta travesera o el pícolo, pero Alma las aceptaba como una forma de salvarles la vida. Mientras fueran lo bastante buenas como para sentarse al fondo y llevar el ritmo, las instrumentistas más experimentadas, colocadas en primera fila, podían guiarlas, sostener el conjunto e, incluso, ayudarlas.

La orquesta estaba integrada por mujeres de distintas nacionalidades y religiones, con niveles muy desiguales de formación musical, como comenta. ¿Cómo afectó esta diversidad a las relaciones entre ellas?

Había once nacionalidades distintas y edades que iban de los 15 a los 55 años, aunque la mayoría eran adolescentes. Hubo dificultades, en parte por el idioma. Las dos músicas griegas estaban especialmente aisladas porque no hablaban alemán, que era la lengua predominante; se comunicaban sobre todo en ladino. Las belgas y las francesas hicieron su propio grupo, al igual que las polacas, rusas y ucranianas. Pero la mayor división era entre cristianas y judías. Las primeras podían recibir paquetes de comida y, en ocasiones, cocinaban huevos en el barracón que no compartían con las judías. Esto provocaba un gran resentimiento, ya que a las prisioneras judías no se les permitía recibir ningún paquete.

La entrada al campo de Auschwitz
La entrada al campo de AuschwitzEuropa Press/Contacto/Damian Klamka / Europa Press

¿En qué consistía el repertorio de la orquesta?

Incluía unas doscientas piezas de música de marcha alegre, bandas sonoras de películas y canciones populares. La Marcha Radetzky y la Marcha Militar de Schubert eran de las más interpretadas. También tocaban música ligera, pero tenían prohibido interpretar obras que se acercaran a la música clásica propiamente dicha en esos desfiles.

En un pasaje relata cómo, una tarde, cuatro de las integrantes de la orquesta interpretaron a escondidas un arreglo para cuarteto de la Sonata Patética de Beethoven, mientras otras compañeras vigilaban para asegurarse de que no se acercara ningún guardia. Era una pieza prohibida. La chelista Anita Lasker describió el momento como “un vínculo con el mundo exterior, la belleza y la cultura, un escape total a un mundo imaginario e inalcanzable”. Así como la Sonata Patética, ¿qué tipos de piezas estaban prohibidas y por qué?

La música de compositores alemanes estaba prohibida, ya que los judíos eran considerados seres inferiores, indignos de interpretar a los grandes maestros alemanes. También estaba prohibida la música de compositores judíos e incluso la de Chopin, por ser polaco.

Entre agosto de 1943 y abril de 1944, la reconocida violinista Alma Rosé, sobrina de Gustav Mahler, asumió la dirección de la orquesta. Bajo su liderazgo, el nivel musical del conjunto mejoró notablemente y, con ello, también las condiciones de vida de sus integrantes. Según relata en su libro, su autoridad y prestigio llegaron a ser tales que incluso Maria Mandl y otros oficiales comenzaron a dirigirse a ella como “Frau Alma”. ¿Qué clase de relación de poder había entre los oficiales de las SS y Alma Rosé?

Era complicada… Evidentemente, ella pensaba que, si esta orquesta podía salvarle la vida, debía hacer lo que fuera necesario para salvar también la vida de las demás. Al mismo tiempo, tenía cierta capacidad de entendimiento con los nazis alemanes porque procedía de la élite cultural vienesa, y ellos la admiraban y se sentían orgullosos de haberla capturado. Ella era superior a ellos, pero en el campo ellos eran los amos.

Grupo de oficiales de las SS en Auschwitz
Grupo de oficiales de las SS en AuschwitzGetty

¿Dónde terminaba la admiración y empezaba la deshumanización?

La deshumanización empezaba en el mismo momento en que una prisionera entraba en el campo y le arrebataban el cabello, la ropa y la dignidad. Quedaban reducidas a un número. Nada de admiración. Totalmente deshumanizadas. He intentado devolverles su humanidad.

¿Después de la guerra, las supervivientes mantuvieron el contacto entre ellas?

La verdad es que no. En su mayoría intentaron seguir adelante y rehacer sus vidas, formar una familia, recuperar cierta normalidad y proteger a la siguiente generación evitando hablar de lo vivido.

Fania Fénelon fue la primera superviviente en publicar sus memorias. ¿Cómo reaccionaron las otras supervivientes de la orquesta?

No apreciaron la manera en que Fania intentó dar la impresión de que ella dirigía la orquesta y era imprescindible, así como de que Alma era excesivamente cruel y estricta. Las demás creían que debían sus vidas a Alma. Además, Fania se burló cruelmente de algunas intérpretes, y apenas disfrazó su identidad en su relato novelado. Fue un retrato cruel y estaban, en su mayoría, enfadadas con ella. Pero el libro estaba basado en un atisbo de verdad y, como nadie conocía la historia hasta que Fania escribió sobre ello, atrajo mucha atención.

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