Internacional

Peor que una trinchera, la ‘zona gris’ es el mayor peligro de la guerra en Ucrania

Crónica desde el frente

La proliferación de drones ha reducido la movilidad de los ejércitos que combaten y ha complicado las operaciones de rescate de los heridos, cada vez más arriesgadas

Un vehículo de la organización humanitaria Proliska atacado por un dron FPV cerca de la localidad de Kostiantinivka. 

Un vehículo de la organización humanitaria Proliska atacado por un dron FPV cerca de la localidad de Kostiantinivka. 

MARIA SENOVILLA / EFE

“¡Dron!”, gritó Yevhen. Y Oleg, que conducía el camión blindado, frenó en seco al tiempo que el primero vociferaba: “¡Abre, abre rápido las puertas!”. En cuestión de segundos quitó los seguros y liberó la puerta por la que finalmente salieron el director de la organización humanitaria Proliska y la periodista segoviana María Senovilla. Otro periodista austriaco, que también acompañaba a esta misión para la evacuación de civiles en la disputada ciudad de Kostiantinivka, en el Donetsk, pudo abrir la suya y tirarse segundos antes de que el dron de fibra óptica impactara sobre la parte delantera del vehículo azul.

Dos cosas les quedaron claras a la expedición. Primero: se salvaron porque Yevhen logró ver el dron cuando estaba todavía lejos, a más o menos 15 metros, y tuvieron tiempo de reaccionar gracias a que volaba a una velocidad más lenta que la de un FPV (First Person View, un tipo de dron tradicional). Segundo: que las fuerzas rusas atacaron intencionadamente a la misión humanitaria. Insisten que el dron impactó en la imagen de la paloma blanca, símbolo de organización, perfectamente identificable.

Las rotaciones en el frente de batalla se han hecho más largas y a veces tardan hasta unos meses

Todos los que trabajan en el frente saben perfectamente que la fibra óptica hace que la imagen que reciben los operadores de drones sea de una calidad excepcional. “La situación es extremadamente difícil”, explica Eduard, que forma parte del equipo de la organización humanitaria SOS, que al igual que Proliska, realiza evacuaciones de personas de aquellas ciudades a las que se acerca la guerra.

“Incluso en Druzhkivka, que se encuentra relativamente lejos de la línea del frente (más o menos 15 kilómetros), nos encontramos muy a menudo con drones enemigos, tanto de fibra óptica como los que simplemente trabajan con señal de radio. Atacan a todo, militares, civiles, organizaciones humanitarias”, explica este hombre que la mañana del pasado miércoles evacuaba a tres familias de dicha población, a medio camino entre Kostiantinivka y Kramatorsk.

Edificio bombardeado el pasado 15 de noviembre en la ciudad fronteriza de Kostyantynivka, en la región de Donetsk (Ucrania). 
Edificio bombardeado el pasado 15 de noviembre en la ciudad fronteriza de Kostyantynivka, en la región de Donetsk (Ucrania). Fuerzas armadas de Ucrania / EFE

Durante la misión, Eduard intentó conducir rápido a pesar de la lluvia, mientras que su compañero Román no dejaba de mirar a un aparato verde con dos antenas que pitaba cada vez que detectaba un dron en el cielo. “Esta es nuestra protección por el momento”, explicaba Román refiriéndose al detector de drones.

“No tenemos ni un coche blindado ni protección contra la guerra electrónica, por eso ya no vamos a Konstantinivka”, se justificaba Eduard, que en estos años de invasión ha evacuado a cientos de personas de poblaciones como Bakhmut, Chasiv Yar y la misma Kostiantinivka, donde hoy se libra otra de las grandes batallas en esta zona del Donbás.

Pero en la medida que la tecnología de los drones se desarrolla, y son cada vez más abundantes, desplazarse en vehículo por las áreas cercanas al frente (peor si se trata de la ‘zona gris’, esa tierra de nadie en la que solo dominan los drones) implica una amenaza constante. Para muchos, aún más peligrosa que estar dentro de una trinchera. En la actualidad el oficio de conductor es considerado uno de los más riesgosos en la guerra.

“Lo más crítico ahora mismo son los zhduny, que son drones de fibra óptica que pueden quedarse esperando en un lugar durante varios días y, cuando te ven, te persiguen. Contra eso ya no hay absolutamente ninguna defensa”, explica ‘Ayzer’, conductor de la unidad de evacuación de emergencia Brigada 93.

Peligro real

“Lo más crítico ahora mismo son los ‘zhduny’, drones de fibra óptica que pueden quedarse esperando durante varios días y, cuando te ven, te persiguen”, explica ‘Ayzer’, conductor de emergencias

Una contramedida de las fuerzas ucranianas a lo largo del frente ha sido cubrir las vías con mallas formando una especie de túnel que, en algunos sectores, se extiende por decenas de kilómetros. La otra ha sido adaptar los coches con decenas de alternativas que los convierten en una especie de tortugas acorazadas.

“Por ahora hay tres opciones para protegerse. Una es una parrilla con rejilla soldada en el vehículo. La segunda, son las antenas para la guerra electrónica con distintos rangos de frecuencia. Y la tercera, es el propio armamento. En particular, un Kalashnikov con munición especial para derribarlos”, explica 'Sokil', el experimentado comandante de la misma unidad de evacuación médica de la brigada 93.

La misión de estos hombres siempre ha sido llegar lo más cerca de las posiciones, pero su manera de operar ha cambiado radicalmente. El punto de encuentro ha retrocedido kilómetros; el coche es un blanco fácil para el dron. “A los ‘trescientos’ (como se les denomina en el frente a los heridos) los sacan los muchachos desde sus posiciones hasta llegar a nosotros, pero igual es un gran peligro para ellos”, precisa Oskil, que asegura que ahora puede haber casos de heridos que tarden días en ser evacuados. Y el trayecto que recorren hasta el punto de encuentro es de varios kilómetros, en algunos casos 15, en otros 20.

“Todo se ha hecho más difícil para nosotros, los vehículos ya casi no llegan a ninguna parte y alcanzar las posiciones es el mayor peligro que corremos”, explica Vova, comandante de infantería de la brigada 93. Cuenta que sus hombres han llegado a pasar hasta tres meses sin rotación y los suministros se los lanzan desde drones bombarderos. Nada que ver con primeros años de guerra cuando el promedio de tiempo en la trinchera era de diez días.