Todos ganaron en la amistosa reunión de Trump y Mamdani en la Casa Blanca
Estados Unidos
El futuro alcalde de Nueva York se proyectó a nivel nacional como un político capaz de encontrar puntos en común con su adversario y el presidente neutralizó con sus elogios a la estrella en ascenso de la resistencia demócrata

En el careo, reinó la cordialidad y la buena sintonía. Pero el primer asalto en el combate de boxeo entre Donald Trump y Zohran Mamdani comenzará en enero, cuando Nueva York salude a su nuevo alcalde socialista, y se intensificará en noviembre, en la recta final hacia las elecciones legislativas. Después de meses acusándose mutuamente de querer destruir el país, los dos mediáticos dirigentes enterraron el viernes sus hachas y regalaron en el despacho oval una escena que rompió el molde de la polarización que gobierna la vida política de Estados Unidos.
“Creo que este alcalde puede hacer cosas realmente extraordinarias”, dijo Trump con una sonrisa en la cara y dando gestos de cariño a su invitado. “Va a sorprender a algunas personas conservadoras”, añadió: “Tenemos mucho en común, algunas de sus ideas son realmente las mismas ideas que yo tengo”. “Vamos a ayudarlo, para hacer realidad el sueño de todos: tener un Nueva York fuerte y muy seguro”.

“Lo que realmente aprecio del presidente es que la reunión que mantuvimos no se centró en los lugares donde no estamos de acuerdo, que son muchos, sino en el propósito compartido que tenemos de servir a los neoyorquinos”, dijo Mamdani, de pie y también sonriente al lado del presidente, enfatizando repetidamente que ambos ganaron las elecciones con un mismo mensaje central: reducir el coste de la vida de los estadounidenses.
Fue un giro de guion para el hombre que prometió durante la campaña que se iba a convertir en “la peor pesadilla de Donald Trump”, el azote de sus círculos multimillonarios en Nueva York y representante de todo lo que denosta el movimiento MAGA: socialista, inmigrante y musulmán. También lo fue para el presidente, que en el último mes lo ha acusado de ser un “comunista” que quiere “convertir el país en Cuba” y amenazó con recortar la ayuda federal a Nueva York, incrementar las redadas migratorias y desplegar a la Guardia Nacional para combatir su crimen.
El viernes, todo aquello quedó a un lado. Trump se mostró encandilado por Mamdani, a quien ofreció un trato más amable que a la mayoría de sus visitantes e incluso lo defendió de las preguntas de los periodistas. “¿Dijo que Trump es un fascista, todavía lo ve así?”, le preguntaron al alcalde electo, y el presidente saltó: “Está bien, puedes simplemente decir que sí. Es más fácil que explicarlo”, dijo, restando importancia a la grave acusación que Mamdani le hizo durante la campaña y buscando evitar de forma activa cualquier confrontación.
A Trump no le tiembla la mano cuando se trata de faltar al respeto a periodistas, líderes extranjeros o, especialmente, adversarios demócratas. Los motes “dormilón Joe”, “loca Hillary” o “camarada Kamala”, entre muchos otros, son de su propia cosecha. Solo reserva sus elogios para aquellos a quienes identifica como ganadores, como hombres fuertes. En Mamdani, en parte también se vio reflejado: encontró a un hombre carismático y populista, con una historia de sorprendente éxito electoral contra el establishment de su partido.
Trump se vio reflejado en Mamdani: carismático, populista y con una historia de inesperado éxito electoral contra el establishment
“Salió de la nada. ¿Con cuánto empezaste? ¿Uno o dos por ciento de intención de voto?”, le preguntó, haciendo alusión a su rápido ascenso en menos de un año. “Creo que es distinto del típico político que se presenta, gana, quizá se convierte en alcalde y no hace nada emocionante”, elogió: “He tenido muchas reuniones con jefes de grandes países y a nadie le importó. En esta reunión, la prensa se ha vuelto loca”.
En el careo del despacho oval, ganaron ambos. Mamdani se presentó como un alcalde que, a pesar de su inexperiencia, es capaz de hacer política, sentarse a hablar y encontrar puntos de acuerdo con alguien a quien considera un “déspota”. Se proyectó a escala nacional desde la Casa Blanca y fue capaz de responder a todas las preguntas de los periodistas evitando los puntos de conflicto e incidiendo en los que tiene en común con Trump.
El presidente, por su parte, neutralizó la amenaza que representa Mamdani, la estrella naciente del partido demócrata, convertido en faro de resistencia a su autoritarismo. Una confrontación, como la discusión pública que tuvo este año con el líder ucraniano, Volodímir Zelenski, probablemente lo hubiera aupado como disidente.
Mostrándose cordial y amable, prometiendo ayuda y cooperación a Nueva York, Trump también se guardó una baza que podrá usar cuando políticamente más lo necesite. A partir de enero, cuando Mamdani se convierta en alcalde, podrá decir que le ha decepcionado con sus políticas, que no es lo que le prometió, y volver a descalificarlo como un monstruo comunista. Y, especialmente, cuando se aproximen las elecciones legislativas de mitad de mandato, en noviembre del próximo año, podrá usar el ejemplo del alcalde como paradigma de los peligros que representa el Partido Demócrata, a pesar de que Nueva York no tiene nada que ver con el resto del país.
Al menos, así es como ha actuado Trump con otros políticos. Por ejemplo, cuando le ha interesado, se ha mostrado amistoso con el presidente ruso, Vladimir Putin, y en cuestión de días ha cambiado de opinión y ha dicho que hablar con él es “perder el tiempo”. Zelenski puede contar una historia parecida. O la congresista Marjorie Taylor Greene, que el viernes anunció su dimisión después de que Trump la acusara de “traidora” por querer publicar los archivos de Epstein. También ha pasado del amor al odio, y del odio al amor, con el principal donante de su campaña, Elon Musk, a quien ha admirado y lanzado dardos envenenados por igual en el despacho oval. Dure lo que dure su nuevo “bromance”, la carrera de fondo entre Trump y Mamdani tan solo acaba de empezar.
