El nuevo año ha llegado a Oriente Medio con aviso de guerra. Según un informe publicado por el mayor centro de prevención de conflictos del mundo, cuatro de las diez crisis que darán de qué hablar este 2026 se desarrollarán cerca de los confines orientales del Mediterráneo. Algunas serán viejos conflictos que entrarán en nuevas fases, como el avance de las Fuerzas de Apoyo Rápido en Sudán o la anexión de facto a la que el gobierno de Beniamin Netanyahu somete a Cisjordania. Otras vendrán de fenómenos recientes, como las aspiraciones secesionistas del sur de Yemen, las amenazas de guerra de Israel contra Irán y, como se ha visto estos días, la disposición de Donald Trump a atacar si la República Islámica reprime la nueva ola de protestas.
Entre las crisis que azotarán la región están también aquellas para las que se creyó haber encontrado una solución pero que, sin embargo, entran en enero como asignaturas pendientes. Según lo firmado por unos y por otros en 2025, Hizbulah tendría que haberse desarmado, Trump debería haber anunciado los pormenores de la segunda fase de su plan de paz para Gaza, y las fuerzas kurdas del noreste de Siria debían haber empezado el año siendo parte del gobierno central en Damasco. Y sin embargo, el gobierno sirio, con la ayuda de Turquía, intenta expulsar a los kurdos de Alepo.
Si el tiempo apremia en algún sitio, ese es el país de los cedros. Aunque en noviembre de 2024, aún con Joe Biden en la Casa Blanca, Israel y Hizbulah pusieron fin a la guerra mediante un acuerdo de alto el fuego, el gobierno de Netanyahu ha seguido tratando su frontera norte como un frente abierto. Desde que firmó la tregua, Israel la ha violado en al menos 10.000 ocasiones, según la ONU, y ha matado a 331 personas de acuerdo con el Ministerio de Salud libanés.
Israel, que mantuvo cinco posiciones en territorio libanés cuando retiró sus tropas, ha seguido atacando supuestos depósitos de armas y a combatientes de Hizbulah en el país vecino. En agosto, EEUU impuso al nuevo gobierno libanés un plan para desarmar a Hizbulah por completo antes de que terminara el año. Dispuesto a acatar el plan, Beirut presentó un programa por fases para confiscar las armas del partido-milicia chií: primero de las regiones del sur fronterizas con Israel; después, de todas las zonas al sur del río Litani; por último, del resto del país.
Tel Aviv ha hecho todo lo posible para retrasar la entrada en la segunda fase del acuerdo sobre Gaza
Hizbulah no tardó en rechazar las medidas “pecaminosas” del gobierno libanés. Su secretario general, Naim Qasem, alegó que “exigir [el Estado] el monopolio de las armas mientras Israel comete agresiones y EE.UU. Impone su voluntad al Líbano, despojándolo de su poder, significa que [el Estado] no está trabajando en interés del Líbano, sino en interés de lo que quiere Israel”.
Desde entonces, Beirut no ha dado señales de haber puesto en marcha el plan de Washington, y en los últimos meses de 2025 Israel amenazó en repetidas ocasiones con atacar Líbano con fuerza si el partido-milicia chií no se desarmaba antes de que venciera el plazo. A finales de noviembre, el ministro de Defensa, Israel Katz, dijo ante la Kneset: “Si Hizbulah no entrega sus armas antes de que termine el año, volveremos a actuar con contundencia”. Pocos días después, a mediados de diciembre, el ministro de Exteriores libanés reconoció que Israel le había advertido a través de sus mediadores que se estaba preparando para lanzar una operación militar a gran escala contra el país.
Durante su encuentro en Mar-a-Lago dos días antes de que acabara el año, Trump y Netanyahu también abordaron la posibilidad de que Israel volviera a desatar una guerra en Líbano. El estadounidense no descartó nada: “Ya veremos qué pasa”, dijo desde su resort en Florida.
En la misma reunión en la que instó a Hizbulah a desarmarse, Trump anunció que las milicias palestinas de Gaza tenían dos meses para hacer lo propio. Si no, “pagarán muy caro”, advirtió, al lado de Netanyahu. En octubre, el presidente estadounidense se congratuló por haber elaborado un plan de paz que tanto Israel como Hamas accedieron a firmar, pero ese mismo acuerdo está ahora en peligro. Se esperaba que Trump anunciara detalles sobre la segunda fase –que prevé la retirada militar de Israel, el desarme de Hamas y la reconstrucción del enclave palestino– antes de Navidad. Sin embargo, hemos entrado en 2026 y no se ha producido ningún avance.
La ofensiva de Damasco contra Alepo ha paralizado cualquier intento de integración kurda en el ejército
Todo apunta a que Israel está retrasando a propósito la entrada en vigor a la nueva fase, en la que una misión de paz internacional tomaría el relevo a las tropas de Netanyahu. En las últimas semanas, una delegación israelí se ha reunido con sus homólogos egipcios, cataríes y turcos –tres países garantes del alto el fuego de Trump–. A los encuentros han acudido también Jared Kushner, yerno del presidente, y Steve Witkoff, su enviado en Oriente Medio. Todas las partes de la negociación han reconocido la frustración generalizada entre los diplomáticos por los retrasos de la delegación israelí, que desconfía de muchos de los ejércitos extranjeros candidatos a entrar en Gaza.
Según dio a conocer el Israel Hayom , Netanyahu y Trump también habrían acordado durante su encuentro en Mar-a-Lago que ni Israel ni EEUU considerarán que las milicias palestinas están desarmadas mientras mantengan su red de túneles subterráneos. Hamas rechaza desarmarse hasta que Israel detenga sus operaciones militares en la franja. Tres meses después de que entrara en vigor el alto el fuego, el ejército israelí ha matado a más de 400 personas en Gaza y sigue controlando más de la mitad del enclave palestino.
Hizbulah no se ha desarmado y, según la ONU, Israel ha violado la tregua en al menos 10.000 ocasiones
Al otro lado del monte Hermón, que divide Líbano, Israel y Siria, el cambio de año significa el vencimiento de otro plazo incumplido. El pasado mes de marzo, el gobierno sucesor de Bashar el Asad firmó un pacto histórico con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), las autoridades de mayoría kurda que durante la guerra pasaron a controlar el noreste del país con ayuda de EE.UU. El acuerdo al que se llegó en primavera con la mediación de Washington disponía que, antes de que terminara 2025, las FDS tendrían que haberse integrado en el nuevo Estado sirio, y sus milicias haberse unido a las filas de la policía militar.
El presidente sirio, Ahmed el Sharaa, propuso a las FDS absorber en el Ministerio de Defensa nacional a 50.000 de los 70.000 combatientes del noreste y que, a su vez, Damasco recuperara el control de las regiones gobernadas por los kurdos. Pero la exigencia de Mazlum Kobane, comandante de las FDS, de que Siria se convierta en un Estado descentralizado –“inaceptable” para el gobierno central– ha estancado las negociaciones.
Pero el 22 de diciembre, coincidiendo con la visita a Siria del ministro de Exteriores turco, las tensiones entre las FDS y el Estado sirio se tradujeron en una batalla que tuvo por escenario los barrios de Sheij Maqsoud y Ashrafíe de Alepo, dos de los últimos reductos fuera del noreste donde siguen operando fuerzas de seguridad kurdas. Los enfrentamientos ha provocado la evacuación de unos 140.000 civiles. En sintonía con todo ello, el ejército de Damasco parece haber contado con el apoyo de drones de Turquía.




