EE.UU. Estudia atacar Irán por una represión que suma cientos de muertos e Israel se pone en alerta
Conflicto en Oriente Medio
Teherán anuncia que responderá a cualquier agresión con ataques a objetivos americanos e israelíes

Manifestantes celebran y bailan alrededor de una hoguera en Teherán pese al endurecimiento de la represión

Estados Unidos ha intensificado sus amenazas contra Irán en plena ola de protestas antigubernamentales que sacude el país desde finales de diciembre, mientras Israel se ha colocado en estado de máxima alerta ante la posibilidad de una intervención militar estadounidense en apoyo al movimiento de protesta.
Según fuentes estadounidenses citadas por medios locales, el presidente Donald Trump ha sido informado en los últimos días de un abanico ampliado de opciones frente a Teherán, que incluyen ataques militares selectivos, el uso de capacidades cibernéticas encubiertas, el endurecimiento de las sanciones económicas y el apoyo tecnológico a fuentes opositoras dentro del país. De acuerdo con el Wall Street Journal, Trump debía recibir este martes un informe detallado sobre estos escenarios.
Aunque no ha tomado una decisión definitiva, el presidente ha reiterado públicamente que Estados Unidos intervendrá si el régimen iraní continúa utilizando la violencia para sofocar las protestas. “Irán está mirando a la libertad, quizá como nunca antes. Estados Unidos está listo para ayudar”, escribió el sábado en redes sociales.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre como respuesta al fuerte deterioro económico y al encarecimiento del coste de la vida, pero rápidamente evolucionaron hacia un desafío directo al sistema clerical instaurado tras la Revolución Islámica de 1979.
Según la organización de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, al menos 538 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad han muerto en dos semanas de disturbios, mientras que más de 10.600 personas han sido detenidas. Las autoridades iraníes no han publicado cifras oficiales y Reuters no ha podido verificar los datos de forma independiente.
En un intento de contener la crisis, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó en una entrevista concedida a la televisión estatal que su Gobierno está “listo para escuchar a su pueblo” y se comprometió a reformar una economía profundamente deteriorada. “La gente tiene preocupaciones. Debemos sentarnos con ella y, si es nuestro deber, resolverlas”, señaló. No obstante, acusó a Estados Unidos e Israel de tratar de “sembrar el caos y el desorden” dirigiendo elementos de la revuelta y advirtió de que “el deber superior” del Estado es impedir que “un grupo de alborotadores destruya toda la sociedad”.
El tono conciliador del presidente contrasta con el endurecimiento del discurso de los aparatos de seguridad. La organización de inteligencia de la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) calificó los episodios de violencia registrados durante las protestas de “terroristas” y advirtió de que su continuación es “inaceptable”. En un comunicado difundido por la agencia Student News Network, vinculada al Estado, el organismo afirmó que “la sangre de las víctimas de los recientes incidentes terroristas recae sobre los planificadores” y subrayó que la seguridad comunitaria constituye una “línea roja” para la República Islámica.
Las autoridades también han denunciado ataques contra infraestructuras civiles. La agencia semioficial Tasnim aseguró que, durante los disturbios, unas 150 ambulancias fueron destruidas en distintos puntos del país, con un valor estimado de entre 63.000 y 120.000 dólares cada una. Al Jazeera no ha podido verificar de manera independiente estas afirmaciones.
El flujo de información desde Irán se ha visto gravemente limitado por un apagón de internet casi total desde finales de la semana pasada. Pese a ello, imágenes verificadas por Reuters muestran grandes concentraciones nocturnas en Teherán, con manifestantes marchando y coreando consignas, así como enfrentamientos en ciudades como Mashhad, donde se observan incendios, explosiones y calles cubiertas de escombros. La televisión estatal, por su parte, ha difundido imágenes de decenas de bolsas mortuorias en la morgue de la capital, atribuyendo las muertes a acciones de “terroristas armados”.
Desde Teherán, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, lanzó una advertencia directa a Washington: cualquier ataque contra Irán convertiría a Israel, así como a todas las bases y buques estadounidenses en la región, en “objetivos legítimos”. “En caso de agresión, los territorios ocupados y las posiciones militares de EE.UU. Serán nuestro blanco”, afirmó el excomandante de la Guardia Revolucionaria, alertando contra “cualquier error de cálculo”.
En este contexto, Israel ha elevado su nivel de alerta. Fuentes de seguridad israelíes confirmaron que el país se prepara para distintos escenarios ante una eventual intervención estadounidense. Aunque un alto cargo militar subrayó que las protestas constituyen un asunto interno iraní, aseguró que el Ejército sigue de cerca la evolución de los acontecimientos y está preparado para responder “con contundencia si es necesario”.
La escalada se produce en un momento de debilidad regional para Irán, tras los golpes sufridos por aliados como Hizbulah y el impacto de la guerra de 12 días librada con Israel el pasado año, en la que Estados Unidos atacó instalaciones nucleares iraníes y Teherán respondió con misiles contra Israel y una base estadounidense en Qatar.
Pese a la magnitud de las protestas, algunos analistas dudan de que el movimiento pueda derrocar al régimen. “Es más probable que el poder termine sofocando las protestas, pero salga del proceso considerablemente debilitado”, señaló a Reuters el exdiplomático estadounidense Alan Eyre, quien subrayó que las élites iraníes siguen mostrando cohesión y que no existe una oposición organizada capaz de capitalizar el descontento popular.
