Japón inicia la minería submarina de tierras raras con el fin de reducir el dominio de China.

Tokio también se suma a Pax Silica, el proyecto que Washington y siete aliados lanzaron hace un mes.

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Este lunes ha partido desde Shimizu, próximo a Tokio, la embarcación de investigación y sondeo Chikyu, rumbo hacia la más apartada de las tierras niponas, Minamitori, a aproximadamente 2.000 kilómetros. 

Yuka Obayashi / Reuters

Japón ha tomado hoy una medida fundamental para iniciar la obtención de tierras raras de las profundidades marinas, a pesar de los numerosos retos tecnológicos y las preocupaciones ecológicas. El barco de excavación Chikyu partió este lunes desde Shimizu, cerca de Tokio, rumbo a Minamitori, la más alejada de las islas japonesas, situada a aproximadamente 2.000 kilómetros hacia el sureste. Su propósito consiste en recuperar tierras raras pesadas del suelo oceánico, localizado a seis kilómetros bajo la superficie.

Representa un verdadero desafío técnico —debido a la presión y otros elementos— además de logístico, al situarse en una de las zonas más remotas del mundo. Si bien diversas naciones, incluida China, han llevado a cabo sus pruebas particulares e incluso asignado áreas de prospección, la explotación minera en el fondo del mar aún no ha alcanzado la etapa de extracción comercial en ningún lugar. 

Los posibles perjuicios ecológicos, derivados de emisiones de metano complejas de gestionar, han supuesto un obstáculo hasta el momento. Entidades tales como Greenpeace han solicitado incluso una suspensión temporal para impedir la degradación de entornos naturales vulnerables y poco explorados. No obstante, para Japón, disminuir su subordinación respecto a China en cuanto a tierras raras constituye una meta prioritaria, al menos desde el año 2010. En aquel periodo Pekín restringió el suministro inicialmente, después de una disputa relativa al dominio de las islas despobladas de Diaoyu, denominadas Senkaku por Japón. Un hecho que provocó una inquietud considerable en el sector industrial de Japón. 

Es pertinente mencionar que las multinacionales japonesas elaboran los imanes de tierras raras con la tecnología más puntera, si bien requieren del flujo de materiales básicos que vienen de China. Esto ocurre debido a que su obtención se da en ese territorio (49%) o su refinamiento se efectúa allí (90%). Este vínculo es especialmente estrecho en las tierras raras pesadas, esenciales para dispositivos como pantallas táctiles, radares, automóviles eléctricos, paneles solares o los aviones de combate más modernos.

Japón asegura haber hallado específicamente diversos de estos minerales de tierras raras pesadas en los sedimentos próximos al atolón coralino de Minamitori, “pájaro del sur” en lengua japonesa. Por imperativo de necesidad, desde 2018 la Agencia Japonesa para Ciencia y Tecnología Marítimo-Terrestres ha asignado aproximadamente 217 millones de euros a este plan. El atolón -donde se filtrarían 350 toneladas diarias de arcilla- solo dispone de un destacamento y la isla más próxima, Iwo Jima, a mil kilómetros de distancia, es también un recinto militar. Su transporte hasta las islas mayores conlleva recorrer mil kilómetros extra. 

“Será el primer intento de Japón de industrializar tierras raras de producción nacional. También será la primera prueba de este tipo en el mundo realizada en el lecho marino a tanta profundidad”, afirma la entidad, la cual garantiza que analizará además la repercusión ecológica. “Nuestra misión principal es forjar una cadena estable de producción y suministro de tierras raras nacionales para nuestra industria”. 

Japón sostiene que el depósito de la apartada Minamitori figura entre los más extensos a nivel global en su clase, si bien la recolección en el fondo marino es considerablemente más ardua. Se trata de una duda de compleja validación, integrada en el duelo estratégico mantenido con China. 

Pese a que el desplazamiento se había organizado con anterioridad, cobra mayor relevancia luego de que, durante la semana previa, Pekín informara sobre nuevas trabas a la salida hacia Japón de distintos materiales de empleo dual, civil y bélico. Dichas disposiciones se agregan a la exigencia de tramitar autorizaciones para la venta al exterior de una vasta cantidad de tierras raras y metales esenciales. 

Esta situación se desarrolla en un marco de tensiones diplomáticas crecientes, que Pekín vincula a la intromisión de la flamante primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en las cuestiones internas chinas, tras haber sugerido durante una sesión legislativa que una ofensiva contra Taiwán (territorio bajo dominio japonés por cincuenta años) podría desencadenar una reacción bélica por parte de Japón. 

El proyecto japonés -que ha sufrido una demora de una jornada “por motivos meteorológicos”- ocurre al mismo tiempo que el encuentro de ministros del G-7 de estos días en Washington, enfocado en “el debate sobre cadenas de suministro de minerales críticos”. Desempeña el papel de anfitrión el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent. 

El propio mandatario Donald Trump destinó una porción considerable de su periplo asiático otoñal a la rúbrica de convenios sobre tierras raras. Por aquel entonces, quedaba claro que Xi Jinping había soportado el desafío de los aranceles valiéndose de dicha ventaja. 

Al mismo tiempo, Australia ha comunicado su intención de acumular minerales fundamentales para la defensa y la tecnología de punta, empleando a empresas mineras locales para consolidar las redes de abastecimiento internacionales. El antimonio y el galio conforman su prioridad inicial, con un presupuesto de 690 millones de euros. 

Este lunes reciente, el diplomático designado de EE.UU. Ante India, Sergio Gor, vinculado a Trump, ha propuesto a India incorporarse al conjunto de naciones de la citada Pax Silica (distinta a la Sinica). Pese a que la concordia no sea el rasgo compartido de la asociación (compuesta por EE.UU., Israel, Reino Unido, Corea del Sur, Australia, Países Bajos y Japón), su objetivo es certificar una provisión estable de semiconductores, tierras raras y minerales estratégicos para sus variadas industrias tecnológicas de punta, en los ámbitos civil y militar. 

En su característica pugna regional, China y Japón despliegan esfuerzos por todas partes. Si Japón indaga en las profundidades del mar, el plan espacial de China, que actualmente encabeza la carrera, anhela la explotación minera en nuestro satélite. En la superficie terrestre, paralelamente, el ejecutivo de China expande paulatinamente su actividad de investigación en la Antártida, previendo que las limitaciones del territorio polar terminen por desaparecer, arrastradas por el fin de las restricciones en el extremo contrario. 

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