Un atentado suicida contra una mezquita mata a docenas de chiíes en Islamabad
Pakistán
Los disparos y la detonación a la hora del rezo dejan también 169 heridos

Inspección ocular de la mezquita siniestrada en Islamabad, en la que han muerto por lo menos 31 personas

Un atentado suicida contra una mezquita chií de Islamabad ha provocado dos centenares de víctimas, este viernes a la hora del rezo. El terrorista forzó su entrada a tiros en el recinto pero al verse interceptado hizo detonar su carga explosiva al borde de la última fila. Un primer balance da cuenta de 36 muertos, pero deberá agravarse, ya que varios de los 169 heridos se encuentran hospitalizados en estado crítico. Sobre el suelo alfombrado quedaron esparcidas decenas de víctimas ensangrentadas, rodeadas de cristales y escombros.
Se trata de la peor matanza que sufre Islamabad desde la voladura del hotel Marriott, que en 2008 dejó sesenta muertos. La blindada capital pakistaní, que llevaba casi tres años en calma, ha registrado dos atentados sangrientos en los últimos tres meses. El carácter sectario de este último está fuera de duda. Aunque todavía no ha sido reivindicado, se corresponde con otros perpetrados en el pasado por ISIS-Jorasán o por el Movimiento Talibán de Pakistán (TTP). Este último ya ha negado su autoría.
ISIS-Jorasán, por su parte, permanece activo también en Afganistán, en guerra abierta contra los talibanes, a los cuales supera en sectarismo. Esta organización terrorista cuenta entre sus filas con antiguos yihadistas del Movimiento Islámico de Uzbekistán, entre otros extranjeros.

Precisamente este viernes cerraba su visita de dos días a Islamabad el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyoyev, que se ha reunido con el primer ministro, Shehbaz Sharif y con el presidente, Asif Ali Zardari. Aunque las medidas de seguridad en la capital pakistaní siempre son elevadas, hoy lo eran aún más a causa de la visita de Estado. Por eso, grupos de chiíes concentrados frente a los hospitales han gritado consignas contra el gobierno, al que acusan de no brindarles protección. En noviembre pasado, un atentado de TTP a la entrada de un juzgado ya dejó una docena de muertos.
A última hora del viernes, el secretario de estado de Interior, Talal Chaudhry, revelaba que ya habían podido identificar al terrorista suicida a partir de sus restos mortales. “No es afgano, pero ha viajado a Afganistán varias veces”, afirmaba. También acusó a India, sin aportar ninguna prueba: “Pakistán es un muro que quieren debilitar”. Más adelante confirmaría la detención de cuatro presuntos cómplices en Peshawar, incluido el cérebro de la matanza.
El diario Tribune Express fue más allá al identificar al terrorista como ”Yasir Khan, un vecino de Peshawar”, citando fuentes anónimas de la investigación. Según estas, Khan habría pasado cinco meses adiestrándose en la provincia afgana de Kuner, “posiblemente con ISIS-Jorasán”.
Este mismo viernes por la mañana, fuentes de Interior anunciaban haber eliminado a docenas de militantes de TTP en los últimos días. El gobierno pakistaní está a la defensiva, después del asalto coordinado del pasado fin de semana, perpetrado por varios comandos del Ejército de Liberación de Beluchistán, contra objetivos militares y administrativos. A partir del día siguiente, las fuerzas de seguridad vengaban a las 58 víctimas -entre militares y civiles- con una ofensiva “antiseparatista”.
Una operación de una dimensión con pocos precedentes en la misma provincia de Beluchistán -fronteriza con Irán- con el resultado de ”216 terroristas muertos”, siempre según Islamabad. En los últimos años, además de las fuerzas de seguridad pakistaníes, los intereses de la República Popular de China se han convertido en el otro objetivo principal de estas organizaciones armadas beluchis.
Cabe decir que Pakistán es, tras Irán, el segundo país del mundo en número de chiíes, aun representando menos del 20% de sus 240 millones de musulmanes. Eran chiíes tanto el fundador de Pakistán, Mohamed Ali Jinnah, como los primeros ministros Zulfiqar Ali Bhutto (ejecutado) y su hija Benazir Ali Bhutto (asesinada). También lo es el viudo de esta y actual presidente, Asif Ali Zardari.
Pese a estos precedentes ilustres, muchos chiíes pakistanís se consideran discriminados por la mayoría suní. Sobre todo desde que, tras la Revolución Islámica en Irán, Arabia Saudí reaccionó dedicando miles de millones de petrodólares a la promoción de su versión del islam suní. Simultáneamente, financió el adiestramiento de cientos de miles de muyahidines afganos -y de voluntarios árabes, base de Al Qaeda - en Peshawar y otros municipios fronterizos de Pakistán. Para los chiíes, el señalamiento como herejes por parte del yihadismo -que siempre es de naturaleza suní- pasó a comportar peligro para sus vidas.
Pero hoy debía ser un día de alegría en el Punyab, la provincia que rodea por completo Islamabad. Después de casi un cuarto de siglo de prohibición, las autoridades provinciales habían autorizado la celebración -de viernes a domingo- de Basant, la fiesta primaveral de las cometas. O mejor dicho, de las batallas de cometas. Las cuerdas metalizadas de muchas de ellas -ahora vetadas- degollaron en su día a más de un motorista, llevando a desterrar dicha tradición de los terrados. Hoy debía ser día de alegría pero ha vuelto ser día de martirio y los combates de cometas previstos en Islamabad para este sábado han sido suspendidos.