Europa: sin ejército ni lengua ni mando común, ni patriotismo compartido…
Baúl de bulos
Trump, Putin, Xi Jinping y todos los autócratas aún no saben qué teléfono marcar para hablar con 'Europa'

Europa: sin ejército ni lengua ni mando común, ni patriotismo compartido

En 1970, Henry Kissinger, el hombre fuerte de la diplomacia de la presidencia de Richard Nixon que se expresaba con un acento alemán muy parecido al de los oficiales de la Gestapo de las pelis bélicas y comedias de la época, se hizo esta maliciosa pregunta: “¿Qué teléfono marco si quiero hablar con Europa?”. Por muy apócrifa que fuese esta anécdota, sigue, 56 años después, sin respuesta su interpelación, como bien saben Trump, Putin, Xi Jinping y todos los autócratas del montón, amén de los propios europeos con dos dedos de frente, máxime después del Brexit.
Un año antes de que Kissinger señalara la debilidad de Europa, en 1969, la BBC estrenó un nuevo programa cómico-satírico, el de los Monty Python, que en seguida se distinguió por su irreverencia recreativa descarada, surrealismo a lo loco y tronchante sentido del humor, que desde luego no gustó a toda la audiencia.
Hijos de la guerra
Fue la bomba, sí, pero conviene recordar que todos los miembros del elenco eran hijos de la guerra, o que su niñez y juventud fueron marcadas por los durísimos años de la postguerra ¡en el país que había vencido al nazismo! Dotados en su mayoría con formación universitaria y por tanto capaces de expresarse con el acento propio de la clase media alta, poco les costaba parodiar sin piedad al de los locutores de la BBC, la Voz de Su Amo que durante la guerra habían mentido a los británicos como bellacos, por cuestión de seguridad nacional, decían.
Uno de sus mejores sketches, y vaya si hay por donde escoger, versa sobre el mejor chiste del mundo, que, de tan divertido, resulta ser letal. Su mera lectura resulta en la muerte súbita. Avisado a tiempo, el Ministerio de Guerra se lo apropia y procede a llevar a cabo en secreto una traducción al alemán del mortífero chiste. ¡Y funciona!
En vez de disparar sus fusiles, los soldados ingleses en el frente se limitan a cantar el chascarrillo, así provocando las primeras risotadas de los alemanes, quienes, aunque tardan un rato en pillarle la gracia en todo su esplendor, pues célebre es la falta de sentido del humor de los teutones, acaban cayendo como moscas muertas de risa.
Ni que decir tiene que los alemanes contractan con un chiste en inglés, pero, sin ánimo de hacer un espóiler, sepan que - ¡ah, milagros de la revolución cibernética! – está colgado en una plataforma al alcance de todo el mundo. Bueno, sólo hay que añadir que en 1945 estalló la paz y en 1950 se dedicó un bonito monumento al mortífero chiste desconocido.
Otro de los memorables sketches de los Monty Python en sus cuatro temporadas de existencia, y que uno quisiera fuera visto por el gran Henry Kissinger durante el escándalo Watergate, es una carrera en los JJ.OO. Para atletas sin sentido de la orientación. Los atletas, muy serios, muy entregados representantes de sus respectivos países hacen ejercicios de calentamiento ante la línea de salida. La voz en off, la de la BBC, claro, relata la condición física de cada uno de ellos y sus posibilidades de ganar.
Llega la hora de la verdad. Los atletas se agachan sobre la blanca línea de salida. Hay tensión, expectación; el locutor enmudece. Suena el pistoletazo… y todos y cada uno de los corredores salen en dirección opuesta a la de la pista. Pues carecen del sentido de la orientación, recuerden.
Sirva este gag como metáfora de la Unión Europea, aunque bien poca gracia tiene dado el galimatías geopolítico desatado por Donald Trump en su segundo mandato. Porque más que invitar a la risa, da ganas de llorar. O huir, cada uno en la dirección que le plazca. ¿Un Ejército europeo? ¡Anda ya!
