Nueva York, una ciudad silenciosa bajo la nieve
Bomba ciclónica
El temporal en el noroeste de EE.UU. Provoca casi 11.000 vuelos cancelados, cierre de escuelas o de trenes y un ritmo cotidiano al ralentí

La nieve hizo que hubiera gente haciendo esquí de fondo en Central Park, mientras que desaparecieron los fondista o los ciclistas

Una rara sensación se extendió por Nueva York este lunes. Sin coches, sin ruido, con escaso ajetreo humano en sus calles y avenidas, colegios sin estudiantes y con no pocos establecimientos cerrados. El manto blanco de nieve transformó el bullicio en un lugar de tranquilidad y de caos, que no son incompatibles.
Un ciclón bomba está impactando desde la tarde del domingo el noroeste de Estados Unidos, lo que ha provocado la cancelación de cerca de 11.000 vuelos, sobre todo en el área de la Gran Manzana, donde prácticamente todos los aviones se quedaron en tierra.
Este fenómeno meteorológico se caracteriza en esta ocasión por fuertes vientos, con una velocidad próxima a los huracanes, y fuertes precipitaciones de nieve. Más de 40 millones de personas se encuentran bajo advertencia de temporal.
En Nueva York había acumulación incluso de medio metro. En principio estaba prohibido conducir por la ciudad hasta el mediodía, los trenes que conectan con Nueva Jersey y Long Island quedaron fuera de servicio. El metro si funcionaba.
En Manhattan, antes de la nueve de la mañana, cuando todavía nevaba con fuerza, el tránsito rodado era casi inexistente. Había algún taxi y algún coche que parecía totalmente fuera de juego.
Al margen de todas esas cifras y hechos constables, lo más impresionante era lo más cercano, lo que no se cuenta en porcentajes ni números. Esto es, lo intangible, la experiencia personal en una ciudad diferente.
Las cafeterías, por lo general tan animadas otros días, estaban desiertas o con la persiana abajo. Reinaba un silencio extraño, y solo se veía a padres y madres con niños en un día sin escuela, como en los viejos tiempos, o los que sacaban a pasear sus perros. Había un ligero ruido que hacía los vecinos al tirar de pala para limpiar la nieve ante su portal.
Central Park era un espectáculo. “No sé para que queremos Groenlandia si tenemos esto”, comentó Luke, vecino del Upper West Side que disfrutaba de un paseo por el gran bosque de la ciudad. Toda una postal viviente.
Era un espectáculo de belleza natural en el que había algo que llamaba mucho la atención. En lo que de habitual es una de las mayores pistas de atletismo o de ciclismo, no había ni un solo corredor de fondo ni bicicleta en el paisaje. En cambio, en el Great Lawn, la gran pradera, una mujer hacía esquí de fondo.
