Detenido el exministro y exembajador británico en EE.UU. Peter Mandelson por el caso Epstein
Reino Unido
Fue despedido del servicio diplomático británico en septiembre, cuando su amistad con el delincuente sexual convicto se hizo pública

Hace tres décadas, cuando era ministro de Tony Blair en pleno fervor del nuevo laborismo, Peter Mandelson pronunció la frase de que “no hay nada malo en ser asquerosamente rico, si uno paga los impuestos”. Lo que entonces no se sabía es que muy probablemente no estaba pensando sólo en los multimillonarios del Reino Unido, sino también en sí mismo.
Pero no sólo se trata de ser o no rico, sino de cómo se hace uno rico, y en su caso no está claro. De tener que pedir un préstamo a un colega del Gabinete por casi la totalidad de la hipoteca para comprarse una casa en Notting Hill con el cambio del milenio, ha pasado a tener una mansión georgiana de dos plantas valorada en unos quince millones de euros al lado del Regents Park de Londres, y un coquetón chalet de campo en el condado de Wiltshire.
Precisamente de esa residencia londinense fue escoltado este lunes por agentes de la Policía Metropolitana como sospechoso de mala conducta en el ejercicio de un cargo público. Exactamente lo mismo por lo que fue detenido la semana pasada Andrés Mountbatten-Windsor, y por la misma razón: el suministro de material de naturaleza confidencial al pederasta Jeffrey Epstein. En su caso, por lo menos, no hay el aderezo de acusaciones de violación y abuso sexual de menores, como en el del ex príncipe caído en desgracia.

Hace sólo unos meses Mandelson creía estar una vez más en la cresta de la ola a los 72 años, listo para una última aventura lidiando con Donald Trump como embajador del gobierno de Su Majestad en Washington, con residencia en la avenida Massachusetts, y el vicepresidente de la nación (JD Vance) como vecino, codeándose con senadores, representantes, magnates de la alta tecnología y otros “asquerosamente ricos”, como él aspiraba a ser y en gran medida había conseguido.
La policía londinense ha tenido la deferencia de no sacarlo esposado de su mansión de 15 millones de euros
Pero las cosas no le han salido como esperaba, y los acontecimientos se han precipitado culminando en su detención este lunes, después de haber sido cesado como embajador y obligado a renunciar a su carnet del Partido Laborista y a su asiento en la Cámara de los Lores (hasta el título le podría ser arrebatado por un Acta del Parlamento, una ignominia que no sufre nadie desde 1917, cuando se descubrió que algunos miembros de la Cámara Alta eran espías alemanes).
Que su abuelo fuera un prohombre del laborismo y que él fuera miembro fundador del New Labour y estratega y aliado de Blair no ha impedido su brutal caída a la lona. Sólo le ha servido para que la policía tuviera la delicadeza de no sacarlo esposado de su casa en Regents Park, y darle tiempo para que se vistiera a su gusto antes de ser metido en un coche y llevado a declarar a una comisaría del centro de Londres.

Documentos difundidos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos indican que Mandelson, siendo ministro de Gordon Brown durante la crisis financiera, informó a Epstein de los planes del Gobierno para vender activos a fin de reducir su deuda y quedar menos expuesto en los mercados, y de los planes de la UE para salvar al euro con un paquete de 600.000 millones den a divisa europea. Y que bajo presiones del pedófilo intentó convencer a sus colegas del Gabinete de que abandonaran la idea de poner un impuesto a las primas de los banqueros. El político británico recibió tres pagos de su amigo (en cuyo piso de Manhattan se instaló una temporada cuando estaba en la cárcel) por un total de 85.000 euros, y su novio otros 12.000 para un negocio que quería hacer.

Si los coletazos de la detención de Andrés tienen en jaque a la realeza británica y han llevado al rey Carlos III a establecer un cordón sanitario en torno a su envenenado hermano, los de la relación de Mandelson con Epstein son una losa sobre el primer ministro Keir Starmer, que no consigue pasar página. Si al monarca se le inquiere cuándo y qué supo de los excesos (sexuales y financieros) del ex príncipe y por qué no actuó antes y con más firmeza, al titular de Downing Street se le pregunta en qué estaba pensando cuando decidió nombrar al político embajador en Washington y cómo se le pudo pasar por la cabeza una idea tan peregrina.
Tanto de Andrés como de Mandelson, cualquiera que no viva en una burbuja y siga las noticias sabía que no eran trigo limpio.



