Estados Unidos e Israel han puesto en marcha esta mañana una amplia operación militar contra múltiples instalaciones en Irán, entre ellas centros vinculados a su programa de misiles y posiciones de la Guardia Revolucionaria. Las explosiones y el fuego antiaéreo se han dejado sentir en Teherán y en varias ciudades del país, mientras ambos gobiernos presentan la ofensiva como un intento de debilitar de forma duradera la capacidad militar de la República Islámica.
En una declaración televisada, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha descrito el inicio de “una gran operación de combate” destinada, según sus palabras, a impedir que Irán consolide su poderío misilístico y se acerque a la bomba nuclear. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha enmarcado el ataque como un paso para “eliminar la amenaza existencial” que, asegura, supone el régimen iraní para Israel, y ha llamado a la población a prepararse para posibles represalias.
La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar: las autoridades iraníes aseguran haber lanzado misiles y drones contra objetivos en territorio israelí y contra bases con presencia de tropas estadounidenses en varios países del Golfo. Las sirenas han sonado en distintas zonas de Israel y se han activado medidas excepcionales de protección civil, mientras los sistemas de defensa intentan interceptar los proyectiles entrantes.
La comunidad internacional sigue con preocupación la rápida escalada y advierte del riesgo de que la cadena de ataques y contraataques derive en un conflicto abierto de mayor alcance. España ha condenado el ataque y ha reclamado una desescalada inmediata y el respeto al derecho internacional humanitario, ante los primeros informes de víctimas civiles en distintos puntos de Irán.


















