
Un ataque a Irán dañaría a EE
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Trump considera que puede actuar según su criterio y está en lo cierto. EE.UU. Carece de contrincantes. Su capacidad militar, económica, financiera y tecnológica le ha permitido arremeter contra Irán en dos ocasiones durante ocho meses y acabar con su líder espiritual. Si nada sucedió en junio, ¿qué podría pasar ahora que el bien golpea nuevamente al mal?
La teocracia iraní es uno de los regímenes más execrables del mundo y está exhausto. La sociedad está traumatizada por la crisis económica y la represión policial. Las protestas de hace dos meses se saldaron con miles muertos.
Trump cree que esta nueva ofensiva propiciará un cambio de régimen. Es una suposición arriesgada porque la oposición está muy dividida y no tiene armas. Una cosa es celebrar la muerte de Jamenei y otra asaltar el poder, es decir, aplastar a los Guardianes de la Revolución, brazo ejecutor de uno de los aparatos de represión más sanguinarios del mundo. Imposible sin ayuda interna, pero ¿hay algún dirigente iraní dispuesto a traicionar la revolución? No se sabe y no parece que Trump tenga una Delcy Rodríguez en Teherán.
Eliminar a Jamenei, al igual que capturar a Maduro, constituye un ejercicio excesivo de la autoridad.
Matar a Jemenei y secuestrar a Maduro han sido demostraciones de un poder desmesurado, sobre todo porque Irán y Venezuela no eran una amenaza para EE.UU.
Es igual, Trump cree que puede hacer lo que quiera porque no hay consecuencias a corto plazo. No pasa nada si el estrecho de Ormuz se cierra durante unos días, pero ¿y si se alarga? ¿Qué dirán sus socios del golfo Pérsico, que, además, se han quedado sin aviones? ¿Y si el 70% de los estadounidenses que están en contra de intervenir en Irán, según un sondeo de Quinnipiac le dan la espalda? Trump calcula que lo habrán olvidado cuando vayan a las urnas en noviembre y, además, en su forma de actuar no hay mucho espacio para los y síes . No le cabe duda de que el fuerte siempre gana en las distancias cortas y que lo hace, además, con rotundidad y espectáculo.
EE.UU. Cuenta con el poder requerido para subordinar al planeta entero, y Trump estima que el esfuerzo es conveniente ya que supone que el resto precisa recursos suyos, especialmente armamento, avances tecnológicos y divisas.
El mandatario ignora los conceptos de colaboración y diálogo. ¿A quién delega la gestión de los temas más difíciles respecto a Gaza, Ucrania o Irán? No recurre a sus diplomáticos más destacados, sino a su allegado Witkoff y a su pariente Kushner. Únicamente busca el triunfo y en prime time .
Estados Unidos representa la nación con mayor peso global debido a que hasta el momento ha ejercido su autoridad con moderación. Su predominio se sustenta en una estructura que requiere favorecer igualmente a otras naciones, especialmente en la actualidad, dado que el entorno internacional es multipolar.
A corto plazo, estos países pueden asumir la presión de Trump, pero a largo plazo encontrarán alternativas para reducir su dependencia y vulnerabilidad. Europa ya lo está haciendo.
Este último ataque a Irán erosiona la influencia global de Estados Unidos porque difícilmente producirá un cambio de régimen y, sin la capitulación de los ayatolas, no habrá servido de nada. Pero, aunque se produzca, lo más probable es que otra autocracia ocupe el poder.
Entonces, ¿por qué ir a la guerra contra Irán? ¿Por el espectáculo televisivo? ¿Para distraer a la opinión pública de los papeles de Epstein? ¿Para recuperar popularidad en las encuestas? Sea cual sea el beneficio personal de Trump, Estados Unidos sale perjudicado.
