¿La IA está en peligro por su hambre voraz de energía?
Vanguardia Dossier
Las grandes tecnológicas reactivan la energía nuclear

La factura de la luz es esencial para la competitividad industrial europea
El hambre de energía de la IA está aumentando la demanda de electricidad por encima de la capacidad actual de las redes eléctricas de la Unión Europea y Estados Unidos. En España, se prevé que la demanda de electricidad de los centros de datos aumente más de un 300% en los próximos años. Además, esto sucede tras años de demanda relativamente constante en la mayoría de las economías avanzadas. Como respuesta, las principales empresas tecnológicas están recurriendo a la energía nuclear para asegurar suministros energéticos fiables y libres de carbono con los que alimentar los centros de datos. Sin embargo, la opción nuclear plantea profundos retos: la persistente inquietud de la población sobre la seguridad y los residuos, las divisiones políticas y la probable resistencia social a los nuevos proyectos. Estos retos se ven amplificados por importantes obstáculos normativos, elevados costes financieros, prolongados plazos de ejecución y retrasos en la construcción.
Existen centrales clausuradas que podrían renovarse para uso exclusivo de centros de datos, como Three Mile Island en Estados Unidos o varios posibles emplazamientos en Europa; pero su número es limitado. Además, el contraste entre el rápido aumento de la demanda y la reactivación de centrales clausuradas a largo plazo es problemático (por más que algunas clausuras sean recientes). La magnitud del consumo eléctrico previsto de la IA supera ampliamente lo que la energía nuclear podría suministrar a este sector en un futuro próximo. Incluso a largo plazo, si volvieran a ponerse en funcionamiento reactores existentes o se construyeran otros nuevos, los costes de su ciclo de vida serían aproximadamente el doble de los de alternativas renovables, como la energía solar más almacenamiento.
Es probable que la demanda de electricidad se dispare por la IA
El entrenamiento y el funcionamiento de los modelos de inteligencia artificial tienen lugar principalmente en centros de datos, grandes instalaciones que albergan servidores, sistemas de almacenamiento y hardware de red que requieren un suministro eléctrico continuo. El consumo de energía varía mucho según los centros y depende de la eficiencia y el diseño de los equipos.
Los grandes modelos de lenguaje (LLM por sus siglas en inglés) consumen mucha energía. Durante la vida útil de un modelo, el consumo de energía se divide entre el entrenamiento y el funcionamiento de dichos modelos (es decir, la inferencia). El entrenamiento puede consumir grandes cantidades de energía (a menudo muchos kWh), según el diseño del modelo, la escala y la estrategia de entrenamiento. Por ejemplo, se estima que el entrenamiento de GPT-4 requirió al menos un 36% más de energía que el de GPT-3, más antiguo y pequeño. Por su parte, la inferencia suele dominar el consumo de energía debido a su uso repetido: un modelo puede atender millones o miles de millones de consultas, y el coste aparentemente pequeño por consulta (del orden de Wh) se acumula de forma significativa.

Los centros de datos son todavía una presencia relativamente nueva en el panorama energético mundial. Entre el 2015 y el 2019, su consumo eléctrico se mantuvo estable gracias a las mejoras en la eficiencia, pero luego y hasta el 2024 la demanda se aceleró a una tasa compuesta anual de casi un 20%. Así, el año pasado, su consumo de electricidad fue de casi 500 TWh, aproximadamente un 1,7% del consumo mundial. En la Unión Europea, los centros de datos representan aproximadamente un 3% de la carga eléctrica total, y los tres mayores mercados en Europa son Francia, Alemania y el Reino Unido. Sin embargo, dentro de estos países, el crecimiento es desigual: en Alemania, es probable que el crecimiento de la demanda eléctrica ocurra en torno a Frankfurt, donde se concentran la mayoría de las nuevas inversiones.
Se prevé que en el 2030 los centros de datos representen más del 2,6% del consumo eléctrico mundial. Aunque las previsiones conllevan una importante incertidumbre, en algunos de los mayores mercados nacionales y en el conjunto comunitario es probable que la demanda de electricidad de los centros de datos como mínimo se duplique entre 2024 y 2030. Algunos países pequeños ya han experimentado una penetración en el mercado mucho mayor. En Irlanda, los centros de datos representaron un 22% de las ventas de electricidad en el 2024.
En los mayores mercados nacionales y en el conjunto comunitario es probable que la demanda de electricidad de los centros de datos se duplique entre 2024 y 2030
Pese a que nuevos factores como la IA y las criptomonedas desempeñan un papel cada vez más importante, es probable que alrededor de un 80% del consumo siga asociado a las funciones tradicionales de los centros de datos, como la computación en la nube, los servicios informáticos para empresas, la transmisión de vídeo y el almacenamiento.
Se prevé que la carga anual adicional de la IA alcance unos 325 TWh en el 2030, similar a toda la demanda eléctrica anual de Turquía. Aunque dicha carga equivale a una demanda continua de 37,1 GW, satisfacerla requerirá 41,2 GW de nueva capacidad si se suministra con energía nuclear y más de 100 GW si se cubre principalmente con energías renovables variables, dependiendo de las tasas de utilización, la combinación de tecnologías y las soluciones de almacenamiento.1 A modo de comparación, la capacidad instalada de Turquía supera los 120 GW, con una parte significativa procedente de energías renovables. En este contexto, la energía nuclear está bien posicionada para suministrar la energía segura, ininterrumpida y con bajas emisiones que demandarán las empresas de IA.
Apuesta europea por la IA
Las compañías tecnológicas y energéticas europeas también apuestan cada vez más por la infraestructura de centros de datos para captar la creciente demanda de IA, nube y servicios digitales. En España, Iberdrola y la irlandesa Echelon planean construir centros de datos a gran escala, así como proporcionar terrenos, conexiones a la red y energía renovable para abastecer a una instalación de 144 MW. Además, se ha informado de que Repsol tiene planeado invertir 4.000 millones de euros en centros de datos.
También hay en marcha grandes inversiones que proceden de Estados Unidos. Amazon Web Services ha comprometido 15.700 millones de euros para centros de datos en Aragón a lo largo de la próxima década, y Microsoft tiene previsto realizar una inversión adicional de 2.200 millones de euros en el noreste de España. Mientras tanto, la actividad europea también incluye adquisiciones y expansiones: la cartera de proyectos de centros de datos españoles se amplió un 20% en seis meses y superaron los 1.000 millones de euros en volumen de transacciones.

Estas inversiones reflejan un giro estratégico de las compañías tecnológicas y energéticas hacia el control de la infraestructura de datos, no solo como clientes, sino como desarrolladores y operadores; en especial, en los mercados europeos con buenas redes de conexión y gran capacidad energética.
Además, las empresas tecnológicas están motivadas por la necesidad de garantizar una energía de base limpia y fiable para asegurar la operatividad de la IA, estabilizar el suministro de energía libre de carbono y conservar centrales que de otro modo correrían el riesgo de cerrar. Las grandes compañías tecnológicas muestran una creciente disposición a asumir riesgos financieros y normativos a largo plazo para apoyar la infraestructura nuclear.
El contexto global de la energía nuclear
Existen cuatro generaciones de tipos de diseño de reactores nucleares. La primera generación comenzó a funcionar en las décadas de 1950 y 1960, y la mayoría de esas centrales ya han sido retiradas. La actual generación es la segunda (en su mayoría, reactores de agua a presión, PWR, y reactores de agua en ebullición, BWR) y genera un 90% de la electricidad nuclear comercial. La tercera generación incluye diseños con mayor seguridad y eficiencia (por ejemplo, el reactor europeo presurizado, EPR, en Francia o el diseño AP1000); mientras que los reactores de cuarta generación se encuentran en fase de I+D a nivel mundial y su comercialización está prevista para la década del 2030.
En julio del 2025, la capacidad nuclear instalada en el mundo era de 376 GW, con un tamaño medio de reactor de 900 MW. La cuota de la energía nuclear en la generación mundial de electricidad fue de aproximadamente un 9% (2.602 TWh) en el 2024. Solo 32 países tienen centrales nucleares en funcionamiento.
En el 2024, EE.UU. Poseía el mayor número de reactores (94 en funcionamiento) y el mayor volumen de generación (782 TWh), pero su reactor medio tenía en torno a 40 años
En el 2024, Estados Unidos poseía el mayor número de reactores (94 en funcionamiento) y el mayor volumen de generación (782 TWh). Sin embargo, el reactor medio en Estados Unidos tiene aproximadamente 40 años y le quedan relativamente pocos años de vida útil. En septiembre del 2025, había 63 reactores en construcción en todo el mundo, con una capacidad combinada de 66,2 GW, y casi la mitad de ellos (29) se están construyendo en China.
El panorama nuclear de la UE es desigual
La energía nuclear sigue ocupando una posición importante, aunque controvertida, en la matriz energética europea. En el 2025, en la Unión Europea opera aproximadamente 101 reactores nucleares en 12 estados miembros, con una capacidad instalada de alrededor de 98 GW y que generan entre un 23% y un 24% de la electricidad del bloque comunitario.
Países como Francia y Eslovaquia obtienen gran parte de su electricidad de reactores nucleares. Francia tiene la mayor cuota de energía nuclear en su matriz energética (67,3%). España obtuvo aproximadamente un 20% de sus necesidades eléctricas de fuentes nucleares en el 2024, y Alemania, por su parte, eliminó por completo la energía nuclear en el 2023. Estas políticas divergentes suponen un reto en un momento en el que la energía nuclear se considera una fuente de energía fiable y baja en carbono.

El último Programa Ilustrativo de Energía Nuclear de la Comisión Europea estima que la Unión Europea necesitará 241.000 millones de euros en inversiones hasta el 2050 para apoyar la construcción de nuevas centrales y la prolongación de la vida útil de los reactores existentes, sin contar la financiación adicional necesaria para los reactores avanzados (reactores modulares pequeños, SMR, y reactores modulares avanzados, AMR) y los proyectos más inciertos sobre la energía de fusión. Según su escenario de base, prevé que la capacidad instalada aumente modestamente hasta alcanzar los 109 GW a mediados de siglo, y hasta los 144 GW en el escenario más optimista, en el que los reactores actuales amplían su vida útil y los nuevos proyectos se desarrollan según lo previsto.
Probable aumento del desmantelamiento de reactores
A medida que envejece el parque mundial de reactores nucleares, se acelera su desmantelamiento. En el 2050, de los aproximadamente 420 reactores en operación actualmente en todo el mundo, alrededor de 200 entrarán en su ciclo de vida de desmantelamiento, con procesos que a menudo duran 20 años o más desde el cierre hasta la rehabilitación del sitio. Sin una inversión significativa y sin nuevos diseños, es poco probable que la industria nuclear pueda añadir demasiada capacidad en las próximas décadas.
En Europa, muchas centrales de primera y segunda generación (sobre todo, en el Reino Unido, Alemania y Francia), se están encaminando hacia el cierre definitivo. Por ejemplo, el Reino Unido ha puesto en marcha un programa de varias décadas de duración y de 27.000 millones de libras esterlinas para retirar su parque de reactores avanzados refrigerados por gas (AGR); el objetivo es retirar el combustible de sus siete centrales AGR en el 2035. Alemania ya lleva dos años con su programa de desmantelamiento nuclear completo.
Pese al impulso de las tecnológicas, la energía nuclear sigue enfrentándose a obstáculos formidables (retrasos normativos y licencias) que frenan su despliegue y aumentan los costes
El número de reactores que se prevé cerrar en el 2030 está aumentando en Estados Unidos, a medida que las unidades se acercan al final de su vida útil y tienen costes de mantenimiento cada vez mayores. El mercado mundial de servicios de desmantelamiento podría crecer de forma significativa y pasar de 6.800-7.200 millones de dólares en 2023-2024 a 10.000-12.000 millones de dólares en 2030-2033, impulsado por las exigencias normativas, los costes medioambientales, las obligaciones de gestión de residuos y la innovación tecnológica en el desmantelamiento y la limpieza de emplazamientos.
Las nuevas tecnologías de reactores pueden aportar aumentos de capacidad
Las nuevas tecnologías de reactores, especialmente los SMR y los diseños de cuarta generación, se consideran cruciales para satisfacer la demanda de carga base limpia y fiable; en especial, en regiones sometidas a la presión del aumento del consumo de electricidad.
Los SMR, que suelen tener una capacidad de hasta 300 MW por unidad, están diseñados para una producción en fábrica, son modulares y permiten un despliegue más rápido, un menor impacto en el emplazamiento y una ampliación por fases. Por ejemplo, Holtec International tiene previsto instalar dos de sus unidades SMR-300 en Michigan en el 2030 y su objetivo es alcanzar los 10 GW de SMR en toda América del Norte en la década del 2030. En Europa, Suecia ha revertido décadas de parón nuclear y ha seleccionado la tecnología (de GE Vernova, de Estados Unidos, o Rolls-Royce, del Reino Unido) para su despliegue en la central de Ringhals, con una capacidad esperada de 1.500 MW a mediados de la década de 2030.

Los diseños de SMR también pueden facilitar la descarbonización de sectores donde es difícil reducirla (calor industrial, producción de hidrógeno), apoyar un suministro energético más fiable (especialmente donde las redes son débiles o remotas) e integrarse de forma más flexible con las energías renovables. No obstante, existen limitaciones: las cadenas de suministro (incluidas las de combustibles avanzados como el uranio de bajo enriquecimiento y de alto ensayo),2 obstáculos normativos y de concesión de licencias, primas de coste por ser los primeros de una nueva clase y la necesidad de plazos de entrega largos y apoyo político constante.
Las grandes tecnológicas firman acuerdos de energía nuclear
Varios gigantes tecnológicos están pasando de la retórica a la acción en lo que respecta a la energía nuclear. En junio del 2025, Meta firmó un histórico acuerdo de compraventa de energía con Constellation Energy para adquirir durante 20 años toda la producción del Clinton Clean Energy Center de Illinois: 1.121 megavatios de electricidad limpia generada por energía nuclear a partir de junio del 2027. El acuerdo sustituye las subvenciones estatales del programa de créditos de emisiones cero (ZEC), que expira en el 2027.
El respaldo de Meta ayuda a garantizar la renovación de la licencia y el funcionamiento a largo plazo del Clinton. También hay en curso otras iniciativas similares; Constellation está reiniciando el reactor de Three Mile Island (rebautizado como Crane Clean Energy Center) en virtud de un acuerdo a largo plazo con Microsoft y se espera que el reactor entre en funcionamiento en el 2027. Además, Meta ha publicado una solicitud de propuestas para asociarse con desarrolladores de reactores grandes y SMR con el fin de añadir entre 1 y 4 GW de nueva generación nuclear a principios de la década del 2030.
Retrasos normativos y de construcción en EE.UU.
Pese al impulso de las grandes tecnológicas, la energía nuclear sigue enfrentándose a obstáculos formidables (como los retrasos normativos y en la concesión de licencias) que frenan su despliegue y aumentan los costes. En Estados Unidos, el proceso de revisión de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) para la reactivación, el aumento de potencia, la renovación de licencias o los nuevos tipos de reactores sigue siendo lento y complejo. Incluso cuando se llega a acuerdos, estos suelen depender de aprobaciones pendientes. Por ejemplo, el acuerdo Clinton-Meta está supeditado a una renovación de la licencia y una aprobación reglamentaria más allá del 2027.
Los sobrecostes, los retrasos y los riesgos financieros son problemas persistentes para los promotores y los operadores. Por ejemplo, una nueva central en el estado de Georgia tenía un presupuesto inicial de 14.000 millones de dólares, y su puesta en funcionamiento comercial estaba prevista para 2016-2017; sin embargo, el proyecto gastó más de 30.000 millones de dólares y entró en pleno funcionamiento en el 2024. Esos sobrecostes y retrasos suponen una carga no solo para los promotores, sino también para las empresas de servicios públicos, los reguladores y, en última instancia, los consumidores.
Si bien la energía nuclear ofrece margen para ampliar la energía limpia de base, por sí sola no satisfará el aumento de la demanda de los centros de datos y la IA
Los temores de la opinión pública sobre la seguridad nuclear, la eliminación de residuos y los costes siguen siendo un lastre. La política tiende a oscilar, y las subvenciones como la del programa ZEC en Illinois tienen un horizonte acotado. Aunque el Gobierno de Estados Unidos ha manifestado recientemente su apoyo a la energía nuclear, no está claro si se mantendrán los incentivos. El respaldo de las grandes compañías tecnológicas constituye una ayuda, pero la incertidumbre sobre los incentivos federales, la reforma de las licencias y la interconexión de la red puede retrasar o hacer descarrilar los proyectos. El riesgo de mercado, incluidos los largos plazos de construcción y los costes imprevistos, sigue siendo elevado.
Las compañías tecnológicas y los responsables políticos deben ser estratégicos
En un supuesto renacimiento nuclear, las empresas tecnológicas tienen un papel crucial, pero las partes interesadas sigue encontrándose con obstáculos y limitaciones.
Los acuerdos de compraventa de energía a largo plazo (como el de Meta-Clinton o el de Microsoft-Crane) ayudan a hacer frente a la incertidumbre de las subvenciones operativas y a los elevados costes iniciales de capital de las centrales nucleares. Las empresas tecnológicas deben seguir aprovechando sus recursos financieros para respaldar centrales (sobre todo, las ya construidas) con el fin de evitar el cierre prematuro de activos limpios.
Los gobiernos deben actuar para reducir los cuellos de botella normativos y facilitar una mayor capacidad. Esto incluye acelerar las revisiones de la NRC estadounidense y la evaluación normativa y de licencias en la Unión Europea, estandarizar la concesión de licencias para los SMR, mejorar los procedimientos de interconexión y garantizar una recuperación de los costes predecible. Sin una concesión de licencias más rápida y sin una política coherente, el papel de la energía nuclear quedará a la zaga, dada la creciente demanda de los centros de datos y la infraestructura de la IA.

Si bien la energía nuclear ofrece margen para ampliar la energía limpia de base, por sí sola no satisfará el aumento de la demanda de los centros de datos y la IA. La energía solar, la eólica, el almacenamiento, la eficiencia y la respuesta a la demanda siguen siendo componentes esenciales de una cartera equilibrada. La aprobación, planificación, construcción y puesta en marcha de un nuevo reactor nuclear puede llevar más de una década; en cambio, la energía solar a escala comercial puede instalarse en pocos meses en la mayoría de las jurisdicciones. Las compañías tecnológicas y los responsables políticos deberían cubrirse las espaldas: invertir en la ampliación inmediata y barata de las energías renovables y su almacenamiento, pero también en proyectos de energía nuclear a más largo plazo.
Conclusión
El hambre de energía de la IA ha obligado a Silicon Valley y a las empresas tecnológicas y energéticas europeas a replantearse sus estrategias de suministro energético. La energía nuclear, que en su día quedó relegada por motivos de seguridad, no solo resurge ahora como un elemento importante en los objetivos de descarbonización a largo plazo, sino también en la planificación operativa para la fiabilidad energética y la reducción de emisiones a corto plazo. El acuerdo de compraventa de energía nuclear de Meta con Clinton, la reactivación de Crane por parte de Microsoft y el interés de los inversores en los SMR ponen de manifiesto que las grandes empresas tecnológicas ya no se conforman con esperar a que la red eléctrica se ponga al día. Los gigantes energéticos españoles Repsol e Iberdrola están invirtiendo importantes fondos en proyectos de centros de datos y muestran la importancia del país en ese mercado.
Sin embargo, para que la energía nuclear cumpla su promesa, la cartera de proyectos debe ser más predecible, los costes deben controlarse mejor, los marcos normativos y reglamentarios deben seguir el ritmo de la innovación tecnológica y debe garantizarse la confianza del público. Con demasiada frecuencia, los proyectos de energía nuclear se prolongan mucho más de lo previsto y suponen una carga para los inversores o el público en general debido al aumento de los costes. Las diferencias en Estados Unidos entre las ambiciosas promesas del sector privado en materia nuclear y la capacidad real determinarán si el futuro de la energía limpia para la IA va por buen camino o si sería mejor apostar más por las energías renovables. Estas últimas parecen ser la apuesta de Europa. Con una mayor indecisión del sector público en torno a la energía nuclear, Europa sigue realizando importantes inversiones en centros de datos, encabezadas por las principales empresas energéticas y centradas en fuentes de energía solar y eólica.
Alexander Heil es doctor y economista sénior, The Conference Board. Ioannis Siskos es investigador sénior, The Conference Board. Alejandro Fiorito es economista asociado, The Conference Board
España se replantea la energía nuclear
España mantiene su plan de eliminación gradual de la energía nuclear entre el 2027 y el 2035, respaldado por el VII Plan de Residuos Radiactivos y las licencias del Consejo de Seguridad Nuclear, y pese a que en el 2025 el Congreso abrió la puerta, sin carácter vinculante, a explorar la posibilidad de extensiones en la vida útil. En el 2024, la energía nuclear suministró alrededor de un 20% de la electricidad, lo que explica la presión de algunas regiones industriales (por ejemplo, alrededor de Cofrentes, en Valencia) y de parte del sector para mantener las centrales en funcionamiento durante más tiempo. Los conceptos de nuevas centrales o SMR existen principalmente como tema de debate técnico-político, sin un programa gubernamental activo. La línea actual de España es el desmantelamiento ordenado y el almacenamiento provisional in situ; cualquier cambio requerirá nueva legislación y financiación que hoy en día no existen.
Notas
1. La demanda máxima se expresa en gigavatios. Es la cantidad máxima de energía que piden los usuarios en un momento dado. El consumo durante un periodo de tiempo se mide en teravatios hora.
2. Uranio poco enriquecido de alto ensayo (5-20% de U-235) requerido por muchos diseños avanzados/SMR; actualmente una limitación clave del suministro fuera de Rusia.
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