Gimlet yDry Martini
De las Muelas está contento con su vida: “He tenido suerte”. Humilde, aboga por rituales y afectos. Hace cuarenta años democratizó el cóctel desde su Gimlet, en Barcelona: atrajo a clientes que antes rehuían las coctelerías por reductos encopetados. El cóctel es un hábito interclasista y cotidiano. Pero a Javier le gusta, más que el cóctel, la gente: creó hace treinta años una agencia de marketing, Gente en la que Creo, que cerró y que reabriría cada día. Su empuje tiene un aliento norteamericano y en sus fantasías palpitan Nueva York, la novela negra, el cine, lo urbano, la prensa, la fotografía y el arte. Tiene locales en Barcelona, Madrid, Sevilla, San Sebastián, Londres, Sorrento y México. Y cocteleros de medio mundo le tienen por modelo, le consultan y visitan su Dry Martini como referente.
Su primer cóctel fue...
Un Gimlet. Hecho con un vaso mezclador escacharrado, ja, ja.
¿Qué lleva?
Tres partes de ginebra y dos partes de cordial de lima Roses.
Un clásico.
Con su liturgia. Una barra de bar es un altar. Se llega al futuro desde el pasado. Inauguré Gimlet, mi primer bar, el 31 de diciembre de 1979, con 23 años.
¿Cómo llegó ahí?
Inventando. En una Barcelona compartida con Mariscal, Maria Espeus, Sisa, Companyia Elèctrica Dharma, Gay Mercader, Ocaña, Pepe Ribas, Nazario...
¿Qué hacían?
Locuras creativas cada uno, radio, música, pintura, cómic, yo promocionaba conciertos, componía y pegaba carteles y nos cruzábamos en los bares...
Bares, qué lugares.
El bar es el puntal de la cultura en España.
¿Tanto?
El bar es una institución trascendental. Es el foro insustituible de relaciones interpersonales. “¿Cómo le va a tu hija, María?”... “¿Qué tal el negocio, Pepe?”...
¿Desde niño soñó con un bar?
No, vendía tebeos en una silla en mi calle del barrio de Sant Andreu. Y ahí descubrí algo determinante en mi vida.
¿El qué?
Que tratar bien a la gente me gustaba. Ser amable. La urbanidad. Ayudaba a una vecina a cargar la compra, o a cruzar la calle. O cedía mi silla. Cosas aprendidas en casa, y también con las monjas y los Escolapios de Diputación.
¿Y tiene que ver esto con ser barman?
¡Sí! Yo buscaba hacer sentir bien a los otros: me matriculé en medicina, iba para psiquiatra... Pero la bohemia artística me llevó a Boadas, aprendí... Y me puse detrás de la barra de mi bar, el Gimlet.
Eso es ayudar a la gente... También.
Sí: es avivar relaciones sentimentales al calor de un cóctel. Aprendí a reconocer qué necesitaba el cliente con solo verle entrar. Propicié enamoramientos...
¿Cómo?
Con dos preguntas a la chica la convencía para aceptar un cóctel... Y eso facilitaba el éxito de la cita. O le deslizaba un encendedor al chico, que le daba fuego a ella.
Benefector del amor.
Es mi trabajo: crear escenarios para ilusiones, para emociones. Ayudar a alguien a ser feliz ¡es lo mejor!
¿Algún cliente ilustre?
Tarantino, muy exigente, pasó seis horas enDry Martini.
Su coctelería.
Fundé también Casa Fernández, y antes Nick Havana: camareros con faldas, una chica en la entrada...
¿Tarantino dijo algo de Dry Martini?
Que era la mejor coctelería de su vida, les confesó a mis camareros, y pidió fotografiarse con ellos. Le admiro mucho, me avisaron... Pero preferí no presentarme.
Muy profesional.
Es respeto a la persona. Me preocupan, por eso, internet y la inteligencia artificial.
¿Internet?
Es el enemigo, es el caballo de Troya de las relaciones interpersonales, boicotea los mejores lugares de encuentro: bares, restaurantes, cines, librerías...
Ya: ahora, todo llega a domicilio.
Internet nos enclaustra en casa. ¿Para qué salir? Y mermamos las relaciones piel con piel, el intercambio personal. Con todo esto, crecerá la soledad.
¿Tan grave se le antoja el asunto?
Es el fin de la civilización que conocíamos. ¿Y las personas mayores? Descolgadas de tantos trámites digitales, o expuestas a estafas... Me entristece.
Mencionaba la inteligencia artificial...
Como los bares, amo las tiendas de discos, librerías, cines o antes la sucursal bancaria, que hablabas con una persona. Pero... ¡acabaremos tratando solo con robots!
¿Cómo combate usted esta deriva?
Sonriendo al otro, no descuidando vínculos afectivos. Y también jugando con mi nieto: le llamo Ñoki y él a mí Don .
Aconseje a un joven emprendedor.
“Mírate a un espejo y sabrás quién eres. Rodéate de personas que te quieran y te digan la verdad. Si yo pude, tú puedes”.
¿Qué debo tener para triunfar en esto?
Que te guste servir. Sigo el lema “Dios sirve a los hombres pero no es siervo de los hombres”. ¡Y tener suerte!
Veo mucho arte en estas paredes.
Un centenar de obras de artistas hechas expresamente para mostrarlas aquí. Soy sensible al arte, lo necesito cerca.
¿Qué es la felicidad?
Estar sentado en una terraza soleada de invierno, con un Negroni ambarino a los rayos del sol. O, si quiere, un pisco sour envolvente, suave, untuoso, femenino.
