Sevilla acoge el retrato más íntimo de la duquesa de Alba en el centenario de su nacimiento
En el Palacio de Dueñas
Más de 200 piezas inéditas recorren la intimidad, el arte y el legado de la duquesa en el palacio sevillano que fue su refugio predilecto
El rey Felipe VI inaugurará la muestra esta tarde, organizada por la Fundación Casa de Alba, que podrá visitarse hasta el 31 de agosto

Eugenia Martínez de Irujo y Cristina Carrillo de Albornoz, comisarias de la exposición 'Cayetana. Grande de España' que dan una imagen panorámica de Cayetana Fitz-James Stuart con motivo del centenario de su nacimiento.

La celebración de los cien años del nacimiento de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, ha llevado al Palacio de las Dueñas, en pleno corazón de Sevilla, a rendirle homenaje. Y lo hace en forma de exposición en la que se reúne más de 200 piezas de archivo y traza un recorrido por su faceta más íntima y en el que se pone de manifiesto su estrecha relación con el arte. Fotografías personales, cartas inéditas, vestidos, retratos y objetos cotidianos componen un relato que se aleja del personaje público para acercarse a la mujer.
El escenario no es neutro. Dueñas, palacio del siglo XV de trazas gótico-mudéjares y renacentistas, fue su refugio predilecto y en el que se respira su afición por la ciudad hispalense. Aquí recibía, aquí celebraba, aquí se mezclaban la historia y la vida doméstica. Y desde hoy, también relato. Cayetana. Grande de España no es una muestra más sobre la XVIII duquesa de Alba, sino que es la primera que se asoma sin filtro a la mujer detrás del título, a la hija educada en el deber, a la madre, a la amiga, a la anfitriona que entendió muy pronto que llevar un apellido histórico era algo más que posar para la foto.

La exposición, que inaugura esta tarde el Felipe VI y que podrá visitarse del 5 de marzo al 31 de agosto, está organizada por la Fundación Casa de Alba. Es el resultado de tres años de investigación y de una selección depurada de piezas. La comisarian su hija, Eugenia Martínez de Irujo, y la historiadora Cristina Carrillo de Albornoz. Más de doscientas obras, documentos y objetos personales que intentan dar a conocer a una mujer que siempre fue poliédrica.
“Estaba muy nerviosa, con mucha responsabilidad, pero sé que ella estaría contenta”, ha admitido Eugenia durante el primer recorrido que hace con la prensa. Muchas piezas han viajado desde Liria, en Madrid. Otras no habían salido nunca. Detrás hay trabajo de archivo, pero también intención: desplazar el foco del personaje al carácter.
La defensa de un legado
El recorrido se estructura en cinco bloques. El primero aborda el peso del linaje. La figura de su padre, el duque Jacobo, aparece como pieza fundamental en la vida de su hija. La exposición comparte con el público los consejos que escribió a Cayetana a modo de guía para cuando le tocara asumir el título basados en la disciplina, responsabilidad y amor por el patrimonio. Nada improvisado.
Las fotografías familiares, la puesta de largo, la boda de 1947 con Luis Martínez de Irujo (con un vestido inspirado en el New Look de Dior) dibujan a una joven deportiva, dueña ya de una personalidad que no encajaba del todo en el férreo molde. Hípica, esquí, rejoneo. “Mi madre era muy liberal, muy moderna y a la vez muy conservadora y amante de la tradición. Siempre sorprendía”, resume el actual duque, Carlos Fitz-James Stuart.
Arte y proyección internacional
Otro de los ejes se detiene en su relación con el arte. No solo como musa (ahí están los retratos de Zuloaga expuestos juntos por primera vez) sino como coleccionista y mecenas. En la antigua Sala del Aceite conviven dibujos de Salvador Dalí y Pablo Picasso, junto a otras piezas que revelan una intuición estética afinada. La duquesa fue más de fotos que de posados solemnes, tal y como ha señalado Álvaro Romero Sánchez-Arjona, director de la Fundación de la Casa de Alba, pero entendía el valor simbólico del arte y lo utilizó para trazar puentes.
Las cartas refuerzan esa idea. Correspondencia inédita con miembros de casas reales europeas, tales como el rey Jorge VI o la reina Isabel II, y, sobre todo, el intercambio con Jacqueline Kennedy Onassis. La visita de Jackie a Dueñas en la Feria de Abril de 1966 proyectó Sevilla al exterior. Se escribieron durante años. La primera misiva llegó acompañada de una acuarela pintada por la propia Kennedy. No era solo diplomacia; era afinidad, un entendimiento que cristalizó en una amistad de años. De hecho, las palabras de la primera dama quedan expuestas al ojo del público en el que se explica que parecían “dos almas gemelas”.

Icono de estilo y devoción sevillana

La moda ocupa otro capítulo inevitable, habida cuenta de las veces que en vida se interesó por este arte. En los años sesenta fue considerada una de las mujeres más elegantes del mundo. En el espacio dialogan diseños de Givenchy, Dior, Lanvin, Pertegaz o Toni Benítez con vestidos de flamenca y trajes más sobrios. Cosmopolita y andaluza. Moderna y clásica. Siempre con un estilo propio.
Por otro lado, en la zona de capillas se expone el manto que regaló a la Virgen de las Angustias, de la Hermandad de los Gitanos, un terciopelo comprado en Venecia y donado por fe y por vínculo. Aquí quiso ser enterrada.

Hay también espacio para su defensa pionera de los animales, para su compromiso social, para ese empeño constante en conservar e internacionalizar el legado de la Casa de Alba. La exposición no esquiva contradicciones: las integra.
Cien años después, la muestra no intenta fijar un retrato definitivo sino más bien pretende abrir puertas a lo que fue la vida de Cayetana y los ejes que vertebraron esta forma “libre”, como explica su hijo, de entenderla. Es un pretendido homenaje a una mujer que heredó un título y, con él, una gran responsabilidad, pero que lo ejerció sin renunciar a su verdadera esencia, convirtiéndola en parte de la historia reciente de España.
Sevilla es el punto de partida. La idea, según avanzó Eugenia Martínez de Irujo, es que la exposición pueda viajar después a Madrid. Que el archivo siga moviéndose y que la biografía de su madre no se quede en casa.
