Cómo cada año el Recinto Modernista de Sant Pau se ha llenado de luces y de la magia de Navidad. Sin embargo, en esta quinta edición, al espectáculo lumínico se suman varias novedades, entre ellas el Confesionario de Historias, que anima a quienes van a visitar el navideño espacio a compartir recuerdos y anécdotas. Sólo hay una condición, que sean historias con un punto compartido en este histórico recinto.
En algunos casos lo que ha llevado a los testimonios a este singular confesionario navideño han sido los recuerdos de cuando el Sant Pau aún era un hospital. Cómo es el caso de Esperanza y Jordi, que se conocieron en 1989, cuando ambos empezaron a trabajar en el recinto hospitalario. Ella trabajaba en el pabellón de quirófanos y él en la farmacia, dando la casualidad de cruzarse sus caminos cuando él tenía que traer medicamentos al pabellón. Después de 36 años juntos se han sentado en el mismo pabellón donde se conocieron para explicar un pequeño atisbo de su historia.
Pilar relata su milagro navideño: en 1947 su padre se recuperó en este hospital de una tuberculosis
De la misma manera, Joana ha traído a su hijo y a sus sobrinos a entregar sus cartas al rey Baltasar, pero no ha podido evitar recordar la última vez que estuvo en el recinto. Hace quince años recorría los pasillos como enfermera en prácticas. Ahora viene con su familia para disfrutar de la magia de la Navidad, pero también para compartir con ellos este fragmento de sus recuerdos. Unos recuerdos que también tiene Pilar, para quien el hospital ofreció su propio milagro navideño cuando ingresó en él su padre. En 1947, le diagnosticaron tuberculosis, la prognosis de los médicos del Hospital de Girona no era buena. Sin embargo, poco después fue trasladado a Sant Pau, que por aquel entonces se trataba de una instalación de medicina puntera. Tras semanas de tratamiento y convalecencia pudo volver a casa, a Sant Feliu de Guíxols. Han pasado 78 años, pero Pilar recuerda vívidamente la experiencia al relatarla.
Para otros, las luces de Sant Pau retienen una magia mucho más reciente. Cómo es el caso de Laura y Alvaro que tuvieron su primera cita visitando el recorrido de luces hace cuatro años, por primera vez. Desde entonces vuelven cada año por las mismas fechas para seguir celebrando su amor. Este es el primer año que lo hacen como marido y mujer.
Dos sanitarios vuelven al lugar donde se conocieron hace 36 años para contar su historia de amor
En algunos casos la anécdota relatada no es sobre uno mismo, sino sobre como compartir el espíritu de las fiestas. Por ejemplo, Roser, trabajadora social del Hospital Sant Joan de Déu, viene al recinto acompañando a familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad y que en circunstancias normales tendrían dificultades para poder disfrutar de esta experiencia. Sin embargo, la Fundación de la Santa Creu i Sant Pau, en colaboración con Servicios Sociales, ha reservado entradas para personas que están viviendo una situación difícil.
Los recuerdos en primera persona que están compartiendo los visitantes durante el recorrido de este año, no es la única aportación del público que se incorpora en esta visita navideña que ya se ha convertido en un clásico barcelonés para estas fechas. El público también ha votado una pieza creada por un artista local para ser incluida en el recorrido. Este año ha sido seleccionada Somni Borealis.


