Las Claves
- La iglesia de Santa Anna en Barcelona ofrece refugio nocturno a personas vulnerables durante el periodo navideño por el clima adverso.
- Lorenzo, un hombre con
Lorenzo, con 37 años y recuperándose de una dolencia severa, figura entre los once individuos sin hogar que pernoctaron entre el lunes y el martes en la iglesia de Santa Anna. Este recinto religioso situado en el corazón de Barcelona brinda refugio, si las condiciones lo exigen por clima adverso o diversos motivos, a ciudadanos que viven en la calle. Santa Anna habilitó previamente el espacio en noviembre por las bajas temperaturas y ha repetido la iniciativa este periodo navideño, abarcando desde Nochebuena hasta el 7 de enero. A lo largo de estas 15 fechas, intenta localizar junto a distintas organizaciones y los servicios sociales una solución de vivienda para este colectivo.
Las constantes precipitaciones de las jornadas navideñas impulsaron a Santa Anna a acondicionar otra vez el templo la noche del 24 con el objetivo de dar hospedaje transitorio a las personas más vulnerables que asisten cada día a su comedor comunitario, comenta el sacerdote Peio Sánchez. “Disponemos de 15 plazas para ciudadanos que ya conocemos porque vienen a Santa Anna a comer y/o cenar; hemos seleccionado a los que tienen problemas de salud, a mayores de 65 años y a mujeres”, precisa Sánchez. Hoy por hoy, la comida del mediodía se reparte a cerca de 140 personas y la cena a 150, señala el clérigo.
“Me siento débil, psicológicamente no estoy bien”, susurra Lorenzo, el cual pasa las horas nocturnas dentro del recinto sagrado.
Lorenzo (nombre ficticio) arribó a Santa Anna previo a la época estival, momento en el que ya vivía al aire libre. “Yo soy de la provincia de Misiones, en Argentina, allí estudié modelaje, hice algo de publicidad, viajé a Barcelona hacia el 2016 y al final me quedé. No tengo papeles. Me diagnosticaron el síndrome de Castleman, un tipo de cáncer. Cada día debo tomarme unas pastillas, pero es complicado cumplir con la medicación durmiendo en la calle”, narraba Lorenzo este lunes tras concluir la comida. Una vez que cesaron las precipitaciones, se marchó a caminar para distraerse hasta que el recinto parroquial reabrió sus puertas para el servicio nocturno. A partir de las nueve de la noche, les es posible instalarse en el interior de la iglesia hasta el amanecer. Según menciona Sánchez, el mobiliario del templo se modificó siguiendo una propuesta del creativo Curro Claret, permitiendo que los bancos sirvieran también como lechos al colocar colchonetas encima de ellos.
Un hombre descansa en a iglesia
Durante estas semanas recientes, Lorenzo se ha desplazado de un lugar a otro, tratando de hallar amparo para sobrellevar su padecimiento de la mejor manera posible ante esta situación tan desfavorable. “En noviembre, con la ola de frío, pude dormir aquí, luego estuve diez días en el CANE (Centro de Acogida Nocturna de Emergencias), que es el tiempo máximo seguido que te dejan estar, y al volver a quedarme en la calle una voluntaria de Santa Anna me pagó un hostal hasta que por Nochebuena volví aquí”, relata Lorenzo.
Según informantes del Ayuntamiento de Barcelona, la totalidad de las 100 plazas del CANE se encuentran completas, existiendo cerca de veinte individuos aguardando su ingreso. Dicho recurso se pone en marcha anualmente durante la época invernal con el fin de ofrecer a quienes pernoctan en la calle un lugar donde resguardarse de forma temporal, obteniendo simultáneamente asistencia sanitaria y social. Las personas beneficiarias tienen la posibilidad de permanecer en las instalaciones por un periodo límite de 30 jornadas, permitiéndose hasta diez jornadas consecutivas, tal como le sucede a Lorenzo.
Acompañando a Lorenzo, otras diez personas pasaron la noche del lunes en Santa Anna, incluyendo a una mujer, además de un pequeño conjunto de muchachos migrantes procedentes de Argelia, uno de ellos con problemas de salud, y varones que superaban los 65 años, conforme a lo relatado por Peio Sánchez. Durante este martes, cerca de trece individuos descansaron allí.
“Me siento débil y cansado, psicológicamente no estoy bien”, susurra Lorenzo. Relata que lo perdió todo al poco de abandonar un empleo agotador que ya no era capaz de sostener. “Ahora atravieso un momento muy complicado, estoy solo, lo que me gustaría es poder volver a Argentina con mi familia”, comenta. Tal como hace cada tarde tras la comida, se pone ropa de abrigo y sale a caminar, para luego descansar en algún sitio y dejar pasar las horas hasta que sea el momento de volver a Santa Anna.
Sánchez desea subrayar que esta iglesia actúa con rapidez al momento de brindar refugio. Asimismo, deplora lo acontecido en diversas localidades, como Badalona, donde colectivos de residentes obstaculizaron el desplazamiento de varios de los migrantes expulsados del anterior instituto B9.




