Las Claves
- El año 2026 será clave para decidir si Bellaterra se integra en Sant Cugat del Vallès o permanece en Cerdanyola del Vallès.
El año 2026, especialmente durante el periodo estival, representará una etapa decisiva para el porvenir de la EMD (Entidad Municipal Descentralizada) de Bellaterra, un núcleo urbano con algo más de 3.000 residentes. Aunque administrativamente está vinculada a Cerdanyola del Vallès, el 61% de la población optó en 2019 por incorporarse a Sant Cugat del Vallès, municipio con el que guarda mayor proximidad geográfica. Tras un largo tiempo de disputas legales, discusiones políticas y demandas ciudadanas, el trámite para unir Bellaterra a Sant Cugat alcanza su etapa definitiva.
La administración municipal de Cerdanyola, forzada por resoluciones judiciales definitivas, debe incluir los análisis técnicos de cada organismo involucrado –incluyendo a la EMD y al Ayuntamiento de Sant Cugat– dentro del dossier técnico iniciado en 2019 (el cual se encuentra actualmente en su etapa conclusiva de redacción) y enviarlo a la Generalitat, entidad que posee la potestad final. Desde ese momento, el Govern cuenta con un periodo cercano a los seis meses para emitir un fallo, lo cual ubica la resolución, sobre si Bellaterra se une a Sant Cugat o permanece en Cerdanyola, durante la época estival.
Sant Cugat asegura que percibe “viable” la incorporación aunque expresa incertidumbres sobre el rol venidero de la EMD.
Durante este mes de diciembre, la etapa final del trámite ha mostrado discrepancias internas en la EMD de Bellaterra. En una sesión extraordinaria llevada a cabo el 15 de diciembre, la administración local, encabezada por Josep Maria Riba (Bellaterra Endavant), declinó la sugerencia de la oposición de establecer una comisión mixta con integrantes de las dos agrupaciones opositoras. El proyecto fue descartado mediante el sufragio del equipo de gobierno de la EMD. El tiempo límite para la entrega de los reportes terminó ayer, un día que determinará el destino administrativo de la región.
Un conflicto con décadas de historia
La discusión acerca de la integración geográfica de Bellaterra dentro de Sant Cugat y Cerdanyola del Vallès es de larga data. En realidad, sus orígenes se sitúan hace ya más de treinta años. La tentativa inicial oficial para lograr la autonomía ocurrió en 1992, aunque no tuvo éxito. Durante septiembre de 2015, con Ramon Andreu al frente de la EMD, los residentes expresaron nuevamente su opinión en un referéndum vecinal acerca de la soberanía local con una afluencia y respaldo considerables. No obstante, el Parlament denegó la formación de una localidad independiente el curso posterior, citando las restricciones normativas vigentes, si bien exhortó al Ayuntamiento de Cerdanyola y a la EMD a pactar un acuerdo inédito que potenciara la gestión propia. No se alcanzó ningún proyecto de pacto convincente entre 2016 y 2018, por lo que, frente a dicha parálisis, diversos habitantes promovieron una alternativa distinta: separarse de Cerdanyola para integrarse en Sant Cugat. La Comisión Bellaterra es Sant Cugat registró oficialmente la propuesta en 2019 contando con el aval del 61% de los votantes a través de rúbricas, una voluntad popular que pasaría a ser el pilar fundamental de este trámite.
En ese pleno, Riba defendió que el informe se está elaborando con soporte jurídico y técnico y que se compartirá con todos los implicados en el proceso antes de llevarlo a aprobación. Cabe recordar que cuando Riba fue elegido presidente de la EMD en junio de 2023 guardó en un cajón el proyecto de la anexión a Sant Cugat –aunque durante la campaña mostró su apoyo a la comisión– y, en su momento, anunció que iba a apostar por mejorar las relaciones con Cerdanyola para “poder salir del estancamiento en el ámbito urbanístico que sufre la EMD desde hace años”. Según declaró a Cugat Mèdia, no estaba “en contra, conceptualmente, de la integración”. Y detalló que “si la Generalitat dice que nos vayamos hacia Sant Cugat, no nos podremos negar porque la mayoría de los vecinos piensa que sería lo mejor. Abriríamos una nueva etapa”. En los últimos meses, no se ha manifestado a favor de la integración con Sant Cugat de manera clara.
Miquel Vázquez, perteneciente a la Comisión Bellaterra Es Sant Cugat, indica que el trámite alcanza en este instante una fase decisiva. Tras el envío de la documentación de Cerdanyola a la Generalitat, esta tendrá que pronunciarse. “Tiene seis meses para decidir”, insiste, a pesar de que luego los afectados puedan decidir impugnarla.
El consistorio de Sant Cugat fijó ayer su postura oficial por vez primera. La Junta de Gobierno Local mantuvo un encuentro extraordinario para validar un documento, requerido por Cerdanyola, el cual considera “viable la integración de Bellaterra y del sector de Can Fatjó dels Aurons en el término municipal”. Dicho texto solicita a la Comisión Bellaterra-Sant Cugat que, durante el proceso administrativo del caso, manifieste si desea o no incorporar Bellaterra a Sant Cugat manteniendo el funcionamiento total de la EMD. “La EMD fue creada por un acuerdo del pleno municipal de Cerdanyola y, por lo tanto, no corresponde al Ayuntamiento de Sant Cugat asumir los acuerdos plenarios de otros consistorios”, subrayó el organismo.
Por su parte, Cerdanyola aboga por mantener a Bellaterra en su territorio y propone potenciar la EMD en lugar de la separación. El representante gubernamental, David González (PSC), manifestó durante la sesión plenaria final del ejercicio que confía en que “la Generalitat de la razón al Ayuntamiento y evite la segregación”. Intentó mostrarse cauteloso, aunque indicó que “no nos hemos encontrado a ningún representante público institucional que de razones evidentes por las que hay que hacer la segregación”.

