Marius Borg, su instante decisivo ante la justicia.
Escándalo real
El vástago de la princesa heredera de Noruega comparece este martes ante la justicia por una presunta agresión sexual y diversas acusaciones adicionales.


Noruega presenciará pronto la culminación pública de la mayor controversia que ha afectado a la corona de este país nórdico en tiempos recientes. Marius Borg Hoiby, primogénito de la princesa Mette-Marit, se presentará el martes 3 de febrero en el juzgado de Oslo para enfrentar 38 acusaciones por diversos crímenes, incluyendo agresión sexual, violencia doméstica y narcotráfico. Borg Hoiby, con 29 años de edad y fruto de un vínculo previo al enlace de su progenitora con el príncipe Haakon Magnus, podría recibir condenas de diez años de cárcel —o hasta 16 años si se le condena por los cargos de mayor gravedad— durante una vista oral que atraerá gran atención de la prensa. El juicio finalizará el 19 de marzo.
Varias de las imputaciones contra Borg Hoiby se remontan al año 2018, y dentro de las denuncias más severas se incluyen cuatro agresiones sexuales, junto con violencia física y mental hacia diversas antiguas compañeras. El individuo, quien se encuentra libre hoy en día, resultó arrestado por las autoridades el 4 de agosto del 2024 bajo la sospecha de haber atacado a su novia la velada previa, y transcurrido un tiempo reconoció su comportamiento “bajo los efectos del alcohol y la cocaína tras una discusión”. Posteriormente, fue capturado en dos momentos adicionales.

Las indagaciones de la policía hallaron en ese momento otros supuestos ilícitos, tales como las violaciones de cuatro mujeres que estaban dormidas o intoxicadas, algunas de las cuales llegó a grabar. En relación con estas imputaciones, el fiscal Sturla Henriksbo declaró en agosto: “Se trata de actos muy graves que pueden dejar huella y destruir vidas”. La anterior semana las autoridades informaron sobre seis nuevas acusaciones, incluyendo una infracción de la legislación de Noruega referente a narcóticos. En el 2020, Borg Hoiby movilizó 3,5 kg de marihuana, presuntamente sin obtener beneficio monetario, algo que él mismo ha confesado.
Durante el miércoles, el príncipe Haakon Magnus lanzó un mensaje público de precaución en el cual manifestaba su apoyo y el de la princesa heredera hacia “las personas afectadas, sus familias y todos quienes se preocupan por ellas”, subrayando lo “reconfortante” que supone habitar en un Estado de derecho que asegurará un proceso “de la manera más ordenada, correcta y justa posible”.
Asimismo precisaba la situación de su hijastro: “Marius Borg Hoiby no es miembro de la casa real de Noruega y, por lo tanto, es autónomo. Nos preocupamos por él y es un miembro importante de nuestra familia. Es ciudadano de Noruega y, como tal, tiene las mismas responsabilidades que todos los demás, así como los mismos derechos”.
Ciertamente, Marius Borg no posee ninguna distinción ni función pública y, al no tener un empleo fijo, se mantiene gracias a una asignación de los monarcas. Marius contaba con cuatro años cuando, el 25 de agosto del 2001, su progenitora, Mette-Marit Tjessem Hoiby, contrajo matrimonio con el príncipe Haakon –el pequeño actuó como paje durante el enlace religioso en la catedral luterana del Salvador en Oslo–, habitando con la pareja en la residencia real a lo largo de su niñez y juventud. En ese entorno maduró al lado de sus medios hermanos, fruto de la unión real: la princesa Ingrid Alexandra –quien ocupa el segundo puesto en la sucesión al trono– y el príncipe Sverre Magnus. La princesa, con 22 años, cursa Ciencias Sociales en la Universidad de Sydney, en tanto que su hermano, de 20 años, se trasladó en octubre a Milán, ciudad donde busca forjarse un futuro profesional en el ámbito de la fotografía y el cine.
La controversia vinculada a Marius Borg ha afectado el prestigio de la familia real, aunque esta conserva su popularidad, particularmente los reyes Harald V y Sonia, ambos con 88 años. Conforme a un estudio divulgado el miércoles por el ente público NRK, el 70% de los ciudadanos noruegos favorece hoy a la monarquía, en contraste con el 81% que lo hacía en el 2017.
De cualquier modo, la familia real se encuentra inmersa en una coyuntura incómoda, especialmente la princesa Mette-Marit, quien a sus 52 años lucha contra una dolencia que se ha agravado –en el 2018 se le detectó fibrosis pulmonar y en diciembre se comunicó que los facultativos analizan realizarle un trasplante de pulmón– al tiempo que oscila entre su papel materno y su función como futura reina. El mismo príncipe Haakon informó que ni él ni Mette-Marit planean acudir a la vista judicial, que la casa real noruega no emitirá declaraciones acerca del litigio mientras este continúe y que todos los compromisos institucionales de la monarquía prosiguen.

