
Pérez Llorca no quiere líos
Diario de València
Desde que fue elegido president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca ha empezado a dibujar un estilo político propio que, por ahora, parece tener un rasgo dominante: esbozar el diálogo y evitar el conflicto. Tras la etapa turbulenta de su antecesor, Carlos Mazón, Llorca ha apostado por un perfil mucho más moderado, poco dado a las grandes declaraciones y claramente orientado a reducir cualquier tipo de fricción política.

Es, en cierta medida, una reacción comprensible. El final del mandato de Mazón estuvo marcado por la controversia y por una gestión muy cuestionada con la dana, que le obligó a dimitir y dejó la sensación de un gobierno permanentemente a la defensiva. Frente a ese clima, Pérez Llorca parece haber optado por una estrategia distinta: gobernar sin sobresaltos, evitar titulares incómodos y alejarse de cualquier batalla política que no sea imprescindible.
La semana que termina ha ofrecido un buen ejemplo de este estilo. En pleno recrudecimiento de la guerra de Irán, mientras el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y la dirección nacional del partido cargaban contra Pedro Sánchez, y Vox se alineaba abiertamente con Donald Trump, el president valenciano optó por una posición de equidistancia. “No me gusta ni Sánchez ni Trump”, afirmó, tratando de situarse fuera de la confrontación política.
Ese mismo patrón se repite en otros asuntos clave. En el debate sobre la financiación autonómica —una de las reivindicaciones históricas de la Comunitat Valenciana—, patronales, sindicatos y oposición han reclamado al Consell que abra una negociación directa con el Gobierno central. Sin embargo, Pérez Llorca ha evitado, hasta ahora, cuestionar la disciplina que impone su partido dejando que corra el tiempo, incluso cuando desde distintos sectores económicos se le pide una actitud más activa.
También ha optado por la prudencia en su relación con Vox, socio imprescindible para sostener la mayoría parlamentaria en las Corts. En cuestiones sensibles como la política migratoria o las decisiones medioambientales, el Consell ha tratado de evitar choques públicos e incluso abraza los objetivos de la derecha extrema. Lo vimos esta misma semana en el parlamento valenciano, donde el president sorteó cuidadosamente cualquier escenario que pudiera derivar en un enfrentamiento con un socio que le garantiza una estabilidad que el PP aún no ha logrado en Extremadura o Aragón.
La estrategia tiene una lógica evidente: reducir el ruido político, consolidar una imagen de estabilidad institucional y evitar que la Comunitat Valenciana vuelva a situarse en el centro de polémicas constantes. Pero también plantea una pregunta inevitable: ¿es suficiente esta actitud para construir un liderazgo político sólido de cara a las elecciones de 2027?
La política no solo se mide por la capacidad de evitar conflictos, sino también por la de gestionarlos cuando aparecen. En algunos momentos, incluso puede ser necesario provocarlos si la situación lo exige. Gobernar implica tomar posiciones, asumir riesgos y, en ocasiones, incomodar a aliados o adversarios.
Pérez Llorca busca evitar fallos del
En este sentido, sorprende que en medio de una crisis potencialmente grave para muchas empresas valencianas, derivada del conflicto con Irán y sus efectos en los mercados y las exportaciones, el president aún no haya mantenido una reunión con las patronales o con los sectores económicos afectados. Tampoco ha convocado, por ahora, un equipo específico dentro del Consell para hacer un seguimiento de la situación.
Puede que la prudencia sea una virtud después de una etapa política agitada. Pero también es cierto que, en ocasiones, el liderazgo se construye precisamente en los momentos de dificultad; asumir la iniciativa son gestos que acaban definiendo a un gobernante. Su antecesor no lo hizo en uno de los momentos más críticos, como fue la gestión de la DANA. Pérez Llorca parece decidido a no repetir errores, pero corre el riesgo de caer en el extremo contrario.
Porque no querer líos puede ser una estrategia razonable para empezar un mandato. Pero gobernar, tarde o temprano, exige afrontarlos. Y a veces incluso buscarlos. Solo así se confirma un liderazgo político y más en un partido que tiene que confirmar quién será su candidato en 2027.

