El exrector de la UA,
Debate
El autor de Torre Juana OST mantiene una charla con Lasse

Andrés Pedreño, Jorge Brugos y Lasse Rouhiainen, de izquierda a derecha

Tomar notas a mano en una libreta durante una charla sobre Inteligencia Artificial parece un anacronismo. Tienta al cronista la idea de grabar el evento -celebrado el pasado miércoles en ese centro de arte y debate en que se ha convertido el Museo del Agua de Alicante- y encargar la misión de reseñarlo a Claude AI, ChatGPT, Deepseek o cualquiera otra de las inteligentes herramientas de las que se habla en la amena conferencia moderada por el periodista Jorge Brugos.
Habiendo eludido la tentación tanto por convicción propia como por cumplir con las directrices corporativas, el autor iniciará destacando que ambos participantes del encuentro poseen un reconocido prestigio como especialistas. En primer término, Andrés Pedreño, quien lideró la Universidad de Alicante desde 1993 hasta el año 2000, y de quien resulta oportuno mencionar para este texto que durante los últimos tiempos se ha posicionado como un pionero en temas de digitalización y, de forma más actual, en Inteligencia Artificial, temática sobre la cual ha editado diversos volúmenes. Destaca entre sus publicaciones el libro, redactado en colaboración con Luis Moreno, 'Europa frente a EEUU y China: Prevenir el declive en la era de la inteligencia artificial', el cual preveía los puntos fundamentales de una problemática esencial que actualmente ocupa el foco mediático. El docente también es el creador y promotor de Torre Juana OST, un viejo predio agrícola de la zona de Alicante transformado en un núcleo tecnológico enfocado en la Inteligencia Artificial que sirve de sede para startups, compañías e iniciativas relacionadas con dicha tecnología.
Para el autor finlandés, no aprender sobre IA supone
Junto a él, Lasse Rouhiainen, un referente en una materia, la IA, sobre la que en su último libro ofrece la visión pragmática que el contribuyente medio, ignorante de los mecanismos, virtudes y amenazas de la cosa, necesita: Domina la Inteligencia Artificial antes de que ella te domine a ti, se titula la obra.
El escritor finlandés está convencido de que “cada día sin dominar la IA es una oportunidad perdida” y sugiere un planteamiento llamativo: todos tendríamos que disponer de un “agente” de Inteligencia Artificial que nos facilite la organización de nuestras labores.
Pedreño recuerda que con la imprenta ya
Ambos coincidieron en subrayar que la IA representa un cambio de época. Rouhianen la definió de forma sencilla como “una tecnología que aprende”, mientras que Pedreño recordó que han hecho falta miles y miles de años para formar el cerebro humano y que todavía no lo comprendemos bien del todo. En ese contexto, señaló que “cada semana” aparecen nuevos avances que aceleran el progreso de la IA.
Rouhianen advirtió de que el mayor error hoy es no usar esta tecnología. Pero explicó cómo existen varios escalones en el proceso de acercamiento a la IA, desde el desconocimiento total, pasando por el uso de versiones gratuitas, menos desarrolladas y, por tanto, menos fiables, hasta las que resultan más precisas y útiles. Advierte el experto que es necesario dedicar tiempo a entender y aprender a manejar la IA, porque quien no lo haga se quedará profesionalmente descolgado.
Desde ese momento, Pedreño enfocó gran parte de su discurso en la importancia de una “profunda revolución educativa”. Según su perspectiva, ya resultaba fundamental debido al progreso de la digitalización, aunque actualmente es imperativo: es preciso replantear los modelos de enseñanza bajo el concepto de “cointeligencia”, entendida como la integración entre el conocimiento humano y la inteligencia artificial. En esta fase inédita, aseguró, carece de lógica continuar instruyendo a la juventud en la memorización, sino que es necesario capacitarles en el razonamiento crítico.
Sabe Pedreño que esta visión cuenta con críticos, por eso recordó que “cuando apareció la imprenta también se dijo que el ser humano perdería memoria”, del mismo modo que después se temió por el impacto de la calculadora, y sin embargo la sociedad terminó adaptándose. Esa revolución educativa, añadió, debe empoderar no solo a los jóvenes, sino también a los mayores.
Pedreño advirtió asimismo que la Universidad se está quedando bastante rezagada.
Pedreño alertó además de que la Universidad se está quedando muy atrás. Explicó que durante años se aconsejó a los hijos estudiar Informática como garantía de futuro, pero que ahora la IA ya programa mejor y más rápido en muchos contextos. Apuntó que OpenAI ha aprendido a mejorarse a sí misma y advirtió de que, cuando unos países se tomen esta transformación en serio y otros no, las asimetrías serán enormes.
Otro de los ejes de la conversación fue la relación entre IA y Defensa. Pedreño sostuvo que las guerras del futuro no serán convencionales y que las enormes inversiones que hoy se plantean en la UE —los 800.000 millones de euros que los Estados miembros pretenden movilizar para impulsar el gasto en defensa— pueden convertirse en un desastre si se destinan únicamente al armamento tradicional. En cambio, podrían representar una oportunidad histórica si se invierten además en IA generativa, IA cognitiva e IA física, permitiendo recuperar parte del retraso de Europa frente a Estados Unidos y China. En su opinión, la defensa puede convertirse en una palanca para reconstruir liderazgo tecnológico europeo. Recordó además episodios recientes de guerra híbrida y ciberataques para ilustrar que los conflictos del futuro pueden librarse provocando apagones, interfiriendo en sistemas bancarios o afectando infraestructuras críticas como centrales nucleares.
El experto ve en la defensa un motor clave
Pedreño volvió más tarde al entorno académico para abogar por un esquema educativo distinto. Mencionó que el MIT -el célebre Instituto de Tecnología de Massachusetts- suma ya bastantes ejercicios difundiendo libremente, de forma abierta, gran parte de su saber; por lo cual, si en la actualidad cualquier estudiante logra consultar la ponencia de un premio Nobel, aquello que la institución académica ha de brindar ya no consiste en simple difusión de datos, sino en lecciones “activas, participativas, emocionantes y vivas”. Se trata, esencialmente, de la dinámica del aula invertida.
El diálogo tomó un matiz más geográfico y táctico en el momento en que Pedreño recordó su viaje inicial a Silicon Valley, allá por 1987. Lo definió como “un sueño, un lugar donde la humanidad parece superar sus propios límites”. Comentó que pretendía fomentar en Alicante un recinto académico basado en Stanford, seguro de que en ese sitio “han sucedido milagros”. No obstante, admitió que imitar dicho esquema resulta complejo, si bien en distintas regiones han ocurrido cambios significativos: citó el caso de India, transformada hoy en una potencia global de exportación de software.
En ese punto, comparó Alicante con Málaga y se preguntó por qué esta última ha tomado ventaja, pese a haber puesto en marcha su Parque Científico más tarde. Su respuesta fue clara: allí hubo acuerdo político. Para Pedreño, a Alicante le bastaría con aspirar a un modelo parecido al malagueño, pero además debería apoyarse en sus propias fortalezas. Citó dos en particular: el turismo, ámbito en el que todavía no existe una IA verdaderamente especializada, y el ecosistema biosanitario situado entre sus dos hospitales públicos, con varios centros privados de prestigio en diversas especialidades entre ambos, y dos universidades de Medicina. La conclusión fue autocrítica: se ha intentado muchas veces, pero se ha intentado mal.

