Sílvia Martín, experta en la disciplina de escalada en hielo: “La peor parte de escalar con hombres es que no podía decidir y siempre estaba en segundo plano”
EXPERIENCIAS
Debido a los fracasos, el machismo y variadas experiencias dolorosas, Sílvia Martín opta por escalar sin compañía desde hace 2 años.

Sílvia Martín, escaladora de hielo (cedida)

En un entorno históricamente regido por varones, la escalada en hielo es considerada por bastantes personas como una actividad exclusivamente de hombres. Rodeada de picos gélidos y saltos de agua petrificados, sobresale la trayectoria de Sílvia Martín, quien se ha enfrentado no solo al clima extremo, sino también a los prejuicios sociales y de género que aún perduran en este ámbito. Entusiasta de las alturas, madre y educadora, se sintió atraída por el ascenso en hielo en 2017. En un diálogo con Guyana Guardian manifiesta que su vida siempre estuvo ligada a las disciplinas de montaña, aunque “no sé por qué razón, había algo que me llamaba hacia la escalada en hielo”.
“Los escaladores de roca siempre dicen que de hielo es muy peligroso, pero tenía mucha curiosidad y quise aprender más sobre la montaña invernal”. De esa manera, en 2017 se inscribió en una capacitación de alpinismo coordinada por el Centre Excursionista de Catalunya y uno de los módulos de aquel aprendizaje consistía en escalar en hielo. “Mi primera vez fue en el Pedraforca. Fue un enamoramiento a primera vista de forma muy intensa, la escalada en hielo requiere un material especial, me lo compré la primera semana y empecé a meterme en el mundillo”, narra.

No obstante, a lo largo de este tiempo consagrado al alpinismo invernal no todas las vivencias han resultado positivas. “Empecé de forma muy inocente y te encuentras muchos fracasos”, afirma. “Hay que llevar material pesado, hay aproximaciones muy largas, a veces son 2 o 3 horas y cuando llegas la escalada no está formada”, narra. Asimismo, menciona esa ingenuidad de los comienzos al ascender con cualquier persona “sobre todo con hombres, porque mujeres hay muy pocas”. Martín explica que la trayectoria ha resultado complicada, surgiendo desencantos, actitudes machistas, el exceso de gente en las cumbres, e “incluso las amenazas y las burlas por parte de personas reconocidas en el sector”.
Debía ajustar mi escalada al grado que los hombres proponían
Luego de experimentar varios desengaños propios en incursiones junto a varones, acumula 2 años practicando la escalada sin compañía. “He tenido que escalar con hombres y adaptarme al grado que ellos querían, las cascadas que querían, a todo para poder escalar. Si escalaba de segunda no pasaba nada, pero también quería abrir”, recalca. “Es evidente que soy una mujer de 55 años que he tenido una hija, y pese a que mi forma física está bien trabajada, no soy un hombre”. Martín subraya que el aspecto más complicado de verse forzada a subir siempre con hombres es que “no podía decidir y siempre estaba en segundo plano. Al principio, vas de inocente y solo por el hecho de escalar ya estás feliz y dices a todo que sí”.
Concretamente, durante aquellas etapas iniciales de ascenso, pasando jornadas enteras con sus pares, sufrió distintas experiencias incómodas, pues en múltiples travesías debían dormir en furgonetas o practicar vivac “y se dan situaciones violentas”. Ella sostiene que percibió habitualmente la existencia de un “machismo camuflado y parecía que por el hecho de ser mujer tienes que estar dispuesta a acostarte con esa persona”. En esa línea, puntualiza que no “es verbalizado ni directo, pero había una intención sexual y me sentía mal”. En el plano atlético, su desempeño también resultó puesto en entredicho en varias oportunidades “abres una vía y se te cuestiona porque eres mujer, incluso se han burlado de mí, pero no todo el mundo es así”.

Inicialmente por motivos de salud y más tarde como un gesto de reafirmación, ha optado por subir sin compañía “a grados muy bajos y dándole prioridad a la seguridad, porque es peligroso ir sola”. “Este periodo me ha marcado profundamente y me ha hecho cuestionar muchas cosas, pero también me ha fortalecido”, relata. “A nivel espiritual es muy potente, haces un trabajo interior muy bestia”.
Asimismo subraya que estar listo resulta fundamental, “tienes que ir a tiro seguro, no puedes jugar a ver qué pasa y hacer las aproximaciones de forma inocente sin saber que encontrarás”. Subir en solitario exige una gran “preparación y mucha psicología”, no obstante, para esta montañista representan “meditaciones muy fuertes, siento que mi alma sale y vuelve limpia, me ayuda a ponerme en otro lugar y a ser más buena persona de verdad, donde me siento bien”.
Lo más difícil de realizar escalada constantemente con varones es que no lograba tomar decisiones y permanecía habitualmente en una posición secundaria.
Elegir escalar de forma individual la condujo a explorar el feminismo en la disciplina del hielo y a estudiar el escenario vigente, una senda que la motivó a integrarse en citas internacionales para evaluar el estado de las mujeres que escalan en hielo en otros territorios. “Llevo tres años he intentado dinamizar a un grupo de mujeres, pero no hay manera y todavía no hemos conseguido. Siempre te preguntan por las condiciones, pero luego acaban yendo con el novio”, señala con pesar.
“La escalada en hielo es una cosa muy íntima, muy personal y muy importante como para compartirla con cualquiera. Eso no quiere decir que no quiera escalar con hombres, sino que quiero escalar con gente en la que confío”, sostiene. Durante el tiempo reciente, asimismo se ha expandido más allá de España, “he estado en Austria, he escalado con hombres y no tiene color, el respeto y la consideración. En mi último viaje, que ha sido justo ahora, he encontrado compañeros de escalada y da gusto ver a mujeres solas o parejas de mujeres yendo a escalar”.

Un contexto que igualmente observó en Chile, país donde durante 2023 se integró en una cita internacional de hielo. “Grupos de mujeres superorganizadas y gente muy proactiva”. Además recalca que “son unas guerreras y se lo creen y como dicen ellas, vamos con todo”. Martín enfatiza que en España también se encuentran mujeres sumamente cualificadas como Cecilia Buil, si bien “tenemos mucho trabajo que hacer”.
A pesar de su empeño por conformar colectivos de escaladoras que intercambien sus vivencias y preocupaciones “es muy difícil encontrar mujeres que escalen hielo”. “Algunos dicen que las mujeres tenemos frío, otros que la escalada en Catalunya no existe porque somos muy pocas y tenemos un nivel muy bajo, cuando escucho este tipo de cosas pienso que la mujer se lo tiene que creer y tiene que salir”, reclama.

En la actualidad he realizado escaladas con varones que me han visto como una igual y han fomentado mi crecimiento.
Sílvia no solo ha conquistado las paredes de hielo, sino también su propia resistencia emocional. Este año, tras una larga recuperación de una lesión en el brazo, consiguió escalar un WI6, un grado de dificultad que antes solo había soñado alcanzar. “Ahora he escalado con hombres que me han tratado de tú a tú, y me han visto como una compañera más, y he podido encontrar un entorno donde he podido ser yo, y me han potenciado”, asegura.
Hoy, poseyendo una perspectiva más nítida sobre el sentido de la equidad, María desea comunicar una idea contundente a las próximas camadas de escaladoras: “Formación y valentía. No cedas nunca solo por el hecho de querer escalar. Encuentra tu camino y no te conformes con hacer menos de lo que sabes que puedes lograr”.