María José García Rubio, profesora de la Universidad Internacional de Valencia, examina el efecto que el lunes genera en el cuerpo: “Concentran más episodios de infarto y crisis de ansiedad que el resto de de la semana”
No es un mito
La comunicadora examinó las razones científicas y las evidencias que demuestran por qué el comienzo de la semana se siente tan abrumador.
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Conjunto de hojas de calendario
Nuestra salud integral, tanto corporal como mental, tendría que situarse en la cima de nuestras preferencias. No obstante, con frecuencia nos vemos forzados a demorar estas atenciones. La situación financiera, social y del hogar puede someter nuestro físico y, particularmente, nuestra mente a un desafío constante, generándonos una enorme carga de tensión. Esto podría terminar manifestándose como malestar general, migrañas, fiebre y una inestabilidad emocional complicada de manejar.
Tales indicios tienden a presentarse habitualmente al comenzar la semana, a pesar de que bastantes personas piensen que se trata de una leyenda urbana. Históricamente, la jornada del lunes se ha clasificado como el momento más complejo y pesado de afrontar. No se trata simplemente de una percepción subjetiva o una creencia infundada, ya que existen cifras concretas que lo respaldan. Varias de estas evidencias han sido expuestas por María José García Rubio, docente de Ciencias de la Salud en la Universidad Internacional de Valencia, quien busca proporcionar respuestas para diversos sectores de la población, incluyendo a las personas jubiladas.

“Los lunes son, para muchos, un día fatídico. Desde hace décadas sabemos que concentran más episodios de infarto y crisis de ansiedad que el resto de la semana y que muchas personas experimentan una alteración del estado de ánimo similar a un ‘síndrome de abstinencia’”, mencionaba en un escrito difundido por The Conversation. La investigación científica ha logrado identificar actualmente cinco elementos psicológicos y físicos: la expectativa pesimista, las variaciones en los ciclos biológicos, la presión social, un incremento del peligro cardiovascular, y las modificaciones neuroquímicas.
“Culturalmente, el lunes se percibe como el inicio de obligaciones y responsabilidades. Ese pensamiento anticipatorio activa el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA), encargado de la respuesta al estrés. Cuando esto ocurre, aumenta la producción de cortisol y adrenalina, hormonas que, mantenidas en niveles altos, pueden alterar el estado de ánimo y la regulación emocional”, sobresalían respecto al elemento inicial. Cada uno de ellos puede presentar una incidencia superior conforme vamos envejeciendo.

Más perjudicial para los ciudadanos retirados
“Un reciente estudio publicado en Journal of Affective Disorders observó que, en mayores retirados, los lunes también se asociaban a un incremento medio del 23 % en los niveles de cortisol matutino. Esto sugiere que la estructura social y cultural de la semana pesa más de lo que creemos: incluso sin trabajo, el lunes sigue siendo ‘distinto’. Además, en jubilados influyen otros factores: soledad, rutinas menos estructuradas o menor actividad social. Todo ello puede amplificar la percepción negativa del inicio de semana”, desgranaba.
Con el propósito de enfrentar la denominada ‘lunitis’, se pueden aplicar diversos métodos simples y eficaces: “Mantener rutinas estables de sueño durante toda la semana. Planificar actividades agradables los lunes, para asociar el día a estímulos positivos. Practicar ejercicio moderado, la actividad física reduce el estrés y regula el ánimo. Hacer mindfulness o meditación, técnicas de respiración y atención plena ayudan a disminuir la anticipación negativa. Participación social: en jubilados, actividades como voluntariado o talleres proporcionan estructura semanal y reducen la sensación de vacío”.

