Natalia Brandín, investigadora de la Universidad San Jorge, en relación con la distonía muscular: “Suele empeorar con el cansancio, el estrés y los estados emocionales negativos”
Impredecible
En compañía de Lorena Morcillo y Sara Calvo, explica las distintas escalas en las que puede repercutir en nosotros.
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Aunque la distonía carece de una cura definitiva, existen múltiples alternativas de tratamiento que logran controlar los síntomas de manera eficaz.
La prestigiosa Mayo Clinic define el Parkinson como “un trastorno del movimiento del sistema nervioso que empeora con el tiempo. El sistema nervioso es una red de células nerviosas que controla muchas partes del cuerpo, incluido el movimiento. Los síntomas aparecen lentamente. El primero podría ser un temblor apenas perceptible en una sola mano, o a veces en un pie o en la mandíbula. Sin embargo, el trastorno también podría ocasionar rigidez, disminución del movimiento y problemas con el equilibrio, lo que aumenta el riesgo de sufrir caídas”.
De acuerdo con el reciente estudio difundido por la Sociedad Española de Neurología, de 120.000 a 150.000 individuos sufren esta patología, registrándose anualmente unos 10.000 diagnósticos inéditos. No obstante, hay otros trastornos con menor visibilidad que igualmente perjudican la actividad muscular. Un ejemplo es la distonía, cuya incidencia alcanza únicamente al 1% de los habitantes del planeta. Natalia Brandín y Lorena Morcillo, científicas de la Universidad San Jorge, han analizado este padecimiento en colaboración con Sandra Calvo, docente de la Universidad de Zaragoza.

“Se caracteriza por contracciones musculares involuntarias, sostenidas o intermitentes, que pueden causar movimientos y posturas anormales de torsión, en muchos casos acompañadas de dolor y deformidad articular. Además, los movimientos distónicos también pueden asociarse al temblor. La distonía suele empeorar con el cansancio, el estrés y los estados emocionales negativos, pero mejora durante el sueño y con la relajación. También puede reducirse su intensidad mediante trucos sensitivos, que son gestos voluntarios como tocar la barbilla o las cejas, ponerse un palillo en la boca o un pañuelo en el cuello”, detallaban.
Los motivos potenciales son numerosos y derivan de diversos sectores: “Puede ser hereditaria, como consecuencia de ciertas mutaciones genéticas que afectan a la transmisión de la dopamina o a circuitos de los núcleos basales del cerebro. Además, tenemos las llamadas distonías secundarias o adquiridas, que se derivan de lesiones estructurales del sistema nervioso central (traumatismos, accidentes cerebrovasculares, encefalitis, tumores), exposición a fármacos y enfermedades metabólicas o degenerativas. Y por último las distonías idiopáticas, de origen desconocido, que son las más frecuentes”.

Mejoría gradual
La variante más frecuente de esta afección es la llamada distonía focal, localizada en una zona concreta del organismo. La más célebre de todas es la cervical, identificada comúnmente como torticolis espasmódica. No obstante, existen otras tipologías como la “del escritor”, que afecta a la mano y al brazo. “Aunque la distonía no tiene cura, existen tratamientos que pueden mejorar significativamente la calidad de vida del paciente. Es importante contar con un equipo interdisciplinar de profesionales que incluya neurólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y psicólogos especializados en trastornos del movimiento”, relataban.
“Un abordaje integral que combine cuidados médicos, apoyo emocional y acompañamiento humano puede marcar la diferencia y ayudar a estos pacientes a recuperar la confianza. Se trata de una enfermedad muy incapacitante. Su impacto en la calidad de vida no solo se traduce en las dificultades físicas. El estrés, la ansiedad y la depresión son comunes en los pacientes, debido a la naturaleza crónica de la enfermedad”, puntualizan, indicando que de acuerdo con el SEN se hallan hasta 20.000 registros en España.

