Alberto Pérez-López, profesor de la Universidad de Alcalá, sobre los beneficios del ejercicio para perder peso: “Movernos más sí aumenta el gasto total de energía”
Actividad física
El divulgador destacó la investigación de nuevos modelos que contradicen las creencias actuales
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Ejercicio físico en la playa del Bogatell de Barcelona
Según detalla la Encuesta de Condiciones de Vida, realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2022, solo un 37,7% de ciudadanos de 16 años o más practican algún tipo de actividad física al aire libre. Aunque la cifra es superior a la de la Encuesta Europea de Salud de 2020 (26,5%), la realidad es que sigue habiendo un gran porcentaje de población española que practica el sedentarismo. Los factores que explican estas condiciones son varios, desde la dieta hasta la incidencia de las redes sociales.
De igual forma entran en juego estudios y divulgadores, que aportan opiniones y resultados distintos dependiendo de la fecha. Sin embargo, cada vez queda más claro que el deporte y el movimiento son esenciales para que la gente logre perder peso y sentirse mejor. Así lo manifiesta Alberto Pérez-López, profesor del área de Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo de la Universidad de Alcalá. Junto a Iván Martín Rivas, investigador predoctoral, ambos han compartido en The Conversation las claves que nos permiten evolucionar en esa dirección.

De entrada, los divulgadores plantean una pregunta que se ha intentado responder en repetidas ocasiones: “si hacemos más ejercicio, ¿el cuerpo gasta más energía o solo se ajusta para mantener el mismo total diario?”. “Por un lado, está el modelo aditivo, el que aprendimos desde pequeños. Es decir: cuanto más nos movemos, más calorías gastamos. Por otro lado, existe una hipótesis más reciente y provocadora. Se trata del modelo de gasto energético constreñido, que sugiere que el cuerpo humano tiene un presupuesto fijo de energía. Si gasta más moviéndose, recorta en otras para mantener el total estable”, responden.
En entonces que entra en juego un estudio más reciente de la revista PNAS, en el que los resultados parecen decantar la balanza en favor del primer modelo: “Los investigadores analizaron a personas con niveles de actividad muy distintos, desde quienes pasan la mayor parte del día sentados hasta corredores de ultramaratón (…) A mayor movimiento, mayor gasto energético. Esto era así incluso al ajustar por masa corporal magra. No solo eso: no encontraron señales de compensación. Los biomarcadores de función inmunitaria, tiroidea y reproductiva se mantuvieron estables incluso en los participantes más activos”.

Suma de factores
Esto sugiere que el cuerpo no ahorra energía aparte, sino que la actividad física se añade directamente al gasto total. La clave se encuentra en desgranar las tres fases de la distribución de energía: un 70% del metabolismo basal, que gastamos por existir; un 10% del efecto térmico de los alimentos y otro 20% de la actividad física. “El modelo aditivo propone que si aumentamos la actividad física, el gasto energético total también aumenta. Mientras que por contra, el modelo de gasto constreñido sostiene que el cuerpo lo compensa reduciendo los otros dos”, explicaban.
“El nuevo estudio sugiere que esa compensación no ocurre, al menos en la mayoría de los niveles de actividad humana. Así, cuando personas activas o atletas incrementan su gasto asociado a la actividad física (que puede llegar a representar hasta el 50% del gasto energético total), lo que disminuye es el peso porcentual del metabolismo basal. Esta reducción es solo relativa, el cuerpo no gasta menos energía en reposo, sino que el gasto energético total aumenta”, sentenciaban.

