Ana Pérez Ballesta, médica, sobre las bebidas energéticas: “En un cerebro y un corazón en pleno desarrollo son una verdadera bomba de relojería”
Bebidas energéticas
El Gobierno restringe la venta de bebidas energéticas a menores de 18 años para proteger su salud y limitar riesgos asociados al consumo de cafeína y azúcar en la adolescencia

Ana Pérez Ballesta, en una imagen corporativa tomada en su puesto de trabajo

Las bebidas energéticas se venden con colores llamativos, sabores dulces y promesas de una explosión de energía. Para muchos adolescentes, parecen una herramienta más para rendir en el colegio, en el deporte o incluso para mantenerse despiertos en largas jornadas. El ministro de Derechos Sociales y Consumo, Pablo Bustinduy, anunció el pasado miércoles que pondrá en marcha una normativa para prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores de 16 años, y que esta prohibición se ampliará a los menores de 18 en el caso de las bebidas que contienen más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros.
Los datos son preocupantes: según la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2025) del Ministerio de Sanidad, el 38,4 % de los estudiantes de entre 14 y 18 años declaró haber consumido bebidas energéticas en el último mes, siendo más frecuente entre chicos (45,7 %) que entre chicas (31 %) y alcanzando el máximo en los jóvenes de 18 años (51,6 %). La médica de familia española y divulgadora sanitaria, Ana Pérez Ballesta, en una conversación con Guyana Guardian, ha advertido sobre los peligros de este tipo de bebidas.

¿Qué peligros reales tienen estas bebidas para los adolescentes?
El propio nombre comercial es un engaño porque se venden como energéticas, pero su nombre real debería ser estimulantes. El riesgo principal viene de lo que llevan dentro: dosis altísimas de cafeína, niveles de azúcar que pueden equivaler a más de 10 terrones y aditivos como la taurina. En el cuerpo de un adolescente, más sensible a los efectos de todas estas sustancias, suben de golpe el ritmo cardíaco, elevan la presión arterial y estimulan en exceso el sistema nervioso. Y no, no dan energía real; solo engañan a nuestro cerebro y a nuestro cuerpo, haciendo que se vuelvan “ciegos” al cansancio real y provocando un pico de estimulación seguido de una gran caída que los deja más cansados, ansiosos y con insomnio. Y a nivel físico y metabólico, todo ese azúcar también dispara el riesgo de sobrepeso, obesidad y caries.
¿Por qué los efectos son tan distintos en jóvenes y adultos?
La diferencia principal suele estar en el peso corporal, pero sobre todo en el desarrollo neurológico. La concentración de cafeína por kilo de peso que entra en el cuerpo de un adolescente es muchísimo mayor, y su tolerancia es mucho menor. Además, los adolescentes están en plena fase de desarrollo cerebral y crecimiento; un exceso de estimulantes afecta directamente a la calidad de su sueño, que es vital para la liberación de la hormona del crecimiento y para consolidar la memoria. Lo que a un adulto le hace el efecto de “un café fuerte” (sin los beneficios del café), a un adolescente le altera todo su sistema.
¿Hay estudios recientes que confirmen estos riesgos?
A nivel internacional, revisiones científicas recientes respaldan las preocupaciones sobre estas bebidas. Por ejemplo, una revisión sistemática de 2025 publicada en Current Cardiology Reports analiza múltiples estudios sobre el impacto de las bebidas energéticas en la salud cardiovascular y concluye que su consumo se asocia con aumentos de presión arterial, cambios en la frecuencia cardíaca y otros efectos que constituyen riesgos para la salud, especialmente en jóvenes cuyos cuerpos aún se están desarrollando. En un cerebro y un corazón en pleno desarrollo, estas bebidas son una auténtica bomba de relojería.

¿Qué señales deberían preocupar a los padres y educadores?
Si vemos que en casa o en clase el adolescente está irritable, más ansioso de lo normal, se queja de palpitaciones, de dolores de cabeza continuos o tiene serias dificultades para dormir, esto nos debe hacer encender las alarmas. Otro síntoma muy claro es la dificultad de concentración o una caída brusca en el rendimiento escolar. A veces, detrás de ese insomnio crónico, hay latas vacías en la papelera de su cuarto o al salir con los amigos, que nos dan la respuesta. Esto no es una rabieta de los adultos ni de los médicos contra una moda adolescente; es una medida de protección necesaria y urgente.
¿Qué pasa si los adolescentes mezclan estas bebidas con alcohol u otras sustancias?
Según los datos más recientes, un 15,2 % de los estudiantes de 14 a 18 años ha mezclado bebidas energéticas con alcohol en los últimos 30 días, siendo esta práctica más habitual entre los chicos (17,5 %) que entre las chicas (12,8 %). El alcohol es depresor del sistema nervioso y estas bebidas son fuertemente estimulantes. Al juntarlos, la cafeína enmascara los síntomas de embriaguez y crea una “falsa sensación de sobriedad” o de control. Como no se sienten “borrachos”, beben más cantidad en menos tiempo, aumentando el riesgo de sufrir un coma etílico y de participar en conductas de riesgo o sufrir accidentes de tráfico. Además, la combinación potencia el riesgo de generar adicciones.
¿Cómo afectan estas bebidas al sueño y a la concentración?
Destrozan ambas cosas. La cafeína no nos da energía, sino que actúa bloqueando las sustancias del cerebro que nos avisan de que tenemos sueño. Muchos adolescentes las toman para estudiar pensando que les ayudan a concentrarse, pero es un engaño total. En realidad, interfieren en los procesos de maduración cerebral y en la memoria. Además, meten al joven en un círculo vicioso: duermen poco y mal, se levantan agotados y sienten que necesitan tomar más bebidas para “sobrevivir” al día.
¿Qué consejos directos daría a los adolescentes sobre su consumo?
En consulta me he encontrado muchas veces con este problema. Vienen por insomnio o ansiedad, normalmente. He visto también varios síncopes y alguna arritmia. Y se lo explico de forma clara y directa: Si estás buscando energía, no viene en una lata. Estas bebidas no te van a hacer mejor jugando a videojuegos, ni mejor deportista, ni te van a ayudar a aprobar el examen. Ni van a hacer que lo pases mejor estando de fiesta. Solo te van a dar un subidón rápido para luego dejarte más cansado, en el mejor de los casos, o con ansiedad o algún problema de salud mayor.

¿Cómo se puede educar a los jóvenes para que comprendan los riesgos de forma realista?
Es complicado cuando sus iconos e “influencers” a los que admiran las consumen o las promocionan. Por eso, entre otras cosas, es tan importante la presencia de médicos y personal sanitario en redes sociales, divulgando sobre salud con rigor, pero de una forma cercana y accesible para todos. En este caso, hay que desmontar las tácticas del marketing juntos para que entiendan que su cuerpo en pleno crecimiento no necesita un estimulante artificial. Tenemos que enseñarles a ser críticos y educarles en que las decisiones que toman van más allá del momento puntual, que tienen un impacto en su vida y en su salud presente y futura, y tenemos que acompañarles en la toma de esas decisiones, pero no podemos tomarlas por ellos en muchos casos.
¿La prohibición será suficiente para reducir su consumo en menores?
Es un gran paso para proteger su salud y limitar el acceso directo, pero la prohibición por sí sola no hará magia. Pensemos en el alcohol: está prohibido en menores y, sin embargo, un gran porcentaje lo consume habitualmente. La ley es una barrera indispensable, pero para que funcione debe ir de la mano con campañas de educación sanitaria en los colegios, institutos y universidades, y campañas de educación para las familias. Si no hay implicación de todos los ámbitos que rodean a los menores, una sola medida en un ámbito concreto tendrá un efecto mucho menor.
¿Qué mensaje final le gustaría dejar a los adolescentes y a los padres sobre este tema?
Me quedaría con que no se trata de asustar, se trata de elegir con información. Padres, dejad de ver estas bebidas como simples refrescos porque no lo son. Y los refrescos tampoco son buenos.
Adolescentes, tenéis todas las herramientas y facilidades del mundo a vuestra disposición para informaros bien antes de tomar decisiones. El móvil es una extensión más de vuestro cuerpo a estas alturas. No dejéis que un influencer que no os conoce de nada o que una campaña de marketing decidan por vosotros.

