“Espejito, espejito”... El objeto mágico que transforma la decoración de tu casa
Diseño
Reflexiones imperfectas y marcos inéditos nos retornan un reflejo más poético y una imagen menos clínica

Zarzas. La diseñadora Osanna Visconti flanqueada dos espejos Rovi. Galería Nilufar. Bronce de fundición
Se idearon para que nos mirásemos. Pero ahora también persiguen ser admirados. Son los espejos. Artilugios que pueblan nuestras casas, donde su ausencia resulta casi impensable. Junto al poder de reflejarnos a nosotros mismos, se añade la capacidad de amplificar la luz y los mismos espacios que habitamos. El logro del espejo plano, que Venecia llevó a la perfección en el siglo XV, ya no nos sorprende. Y hoy diseñadores y artistas indagan en crear con ellos nuevas atmósferas y efectos, transformándolos en sugerentes piezas con mucha presencia, en ediciones limitadas.
De pie, pared o sobremesa, experimentan con variados materiales reflectantes: pan de oro blanco, aluminio de fundición, inoxidable ondulado, resinas… Y es allí donde la misma superficie espejada deviene ornamento. El uso del espejo cambió en buena medida nuestra autopercepción como seres humanos. A este objeto mágico, y a veces traicionero, las nuevas propuestas desean restarle solvencia clínica y añadirle una poética de reflexiones imperfectas.

Pepe Valentí, creador barcelonés establecido en Ámsterdam, investiga desde hace tiempo con superficies espejadas. Para crear Los Menires se ha unido a Lucas Zito, combinando luz y superficies translucidas con la reflexión sobre el acero. El mar, y ese oleaje a veces mercurial, es otro de sus referentes. Con el moldeado ondulado del metal logra un juego de reflejos dinámico entre luz y forma.
También Sanna Völker -diseñadora sueca afincada en Barcelona- evoca el agua en su espejo de vidrio soplado con volumen y genera ondas de efecto tridimensional que reflejan la luz. Lo ha bautizado Näkki, en referencia a un cuento folclórico de su país de origen, un espíritu místico del agua que acecha en lagos, estanques y aguas turbias bajo los puentes, cautivando a quienes se inclinan en busca de su propio reflejo.

El modelo de pie autoportante Marcello, con tres alturas de 105 a 180 cm, se yergue alegre e ingenuo con doble cara espejada. Sus autores Kenny Decommer y Hugues Delaunay, de Cobra Studios en Bruselas, explican que su forma deriva de un recuerdo recreado: el gran espejo que poblaba la casa de abuela de Hugues en forma de “patata”. Las distintas bases de resina coloreada esculpida donde se inca, participan de la translucidez y reflejos de luz que los diseñadores conjugan con espíritu ligero.

El simbolismo se incrusta en la colección Rovi de Osanna Visconti, donde no falta el espejo. Es el nombre de una rosa, pero la creadora italiana opta por sus zarzas y espinas, en lugar de pétalos, para encarnar con bronce fundido la belleza y resiliencia de esta flor icónica y, aplicadas al marco, dar profundidad a la pieza.

Actualmente cualquier material con poder reflectante es susceptible de ser reinterpretado en clave de espejo. Como el pan de oro blanco y la plata fina que emplea Quentin Voung en sus creaciones. Formado en Artes Decorativas en París, mediante superficies texturadas que responden con sutileza a la luz, persigue sumirnos en una imagen brumosa y etérea que invite a la contemplación.

O el aluminio recuperado en manos del diseñador neerlandés Kick Veldman, moldeado con técnica de fundición. Su inspiración se remonta a los primeros espejos manufacturados con obsidiana, donde la imagen no era nítida y aparecía algo entelada, para lograr una reflexión difusa. Los propios moldes de arena que emplea generan oquedades y lagunas en el material, dando lugar a piezas únicas. Tras un vigoroso pulido, potencia la capacidad de reverberar la luz en una estancia y generar atmósferas suaves.

Mutar percepciones es una aspiración al alza entre los diseñadores. Sarah Roseman, mediante una innovadora técnica de tejido y fundición, fija el movimiento del material blando. Evocando los arrecifes de coral, ensaya un marco sensorial a través del color y el tacto cálido.

Las interioristas Astrid Venlet y Iona Tettelin, fundadoras del estudio Venlettettelin, juegan a las perspectivas variables con un biombo espejado. Construido con acero inoxidable pulido, el diseño de la bisagra genera imágenes sobrepuestas.

Con el espejo No Vanitas, la reconocida diseñadora Patricia Urquiola remacha el mensaje de que no es tiempo de vanidad. Y si bien el amplio perímetro de su pieza refleja con nitidez, el núcleo central es un trabajo artesanal de vidrio murrina realizado por artesanos venecianos. Lo realza un cordón de vidrio estriado aplicado a mano, típico de la tradición de Murano, y retroiluminado, la murrina central emite brillos.

En su libro París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas escribe: “Llovía y el viento era muy fuerte, y en esa mezcla violenta el aire de Nueva York parecía un espejo destrozado”. ¡Qué magnifica imagen de un espejo sin vanidad! ¿Será algún diseñador capaz de convertirla en objeto?