Loading...

La creación ‘black power’ inaugura su nuevo hogar en Harlem

Arte

El arte negro estrena piel en Nueva York con la nueva sede del Studio Museum, la institución que promueve a los creadores afroamericanos e impulsa el entendimiento entre culturas

Ampliar

'Art is... (Girlfriends times two)', de Lorraine O’Grady (1983/2009)

John Berens / Lorraine O’Grady / Artists Rights Society

En estos tiempos intolerantes, una voz de concordia vuelve a cantar en Nueva York. Tras siete años de exilio por obras, mientras se levantaba su nueva casa, el Studio Museum ha reabierto en su ubicación histórica de 144 West 125th Street en Harlem, barrio bullicioso y uno de los corazones del mundo negro. Y el universo del arte lo celebra, por la riqueza creativa que aporta y por su simbolismo cultural y social.

Fachada del nuevo edificio, concebido como un espacio abierto al barrio que le acoge e inspira

Dror Baldinger FAIA / Studio Museum in Harlem.

Vuelve en un momento complejo, pero el Studio Museum no es ajeno a los tiempos convulsos: nació en septiembre de 1968, en pleno auge de los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos. Martin Luther King había sido asesinado Memphis en abril del mismo año; en los Juegos Olímpicos de ese verano en México, los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos hicieron el saludo del Black Power en el podio, alzando el puño enguantado en negro, una muestra más del fortalecimiento que vivían ese movimiento y grupos armados como los Panteras Negras.

En ese magma cultural, político y social, el Studio Museum reconoció la necesidad de contrarrestar la ausencia casi total de los creadores de origen africano en el mundo del arte oficial –museos, galerías, instituciones y publicaciones académicas– promocionando sus trabajos y su herencia. Amparado por un grupo de creadores, filántropos, activistas y residentes en Harlem, abrió su primera sede en un loft alquilado en el 2033 de la Quinta Avenida.

La institución no es ajena a los tiempos convulsos: nació en 1968, en pleno auge de los movimientos por los derechos civiles

Al principio era solo un espacio de trabajo comunitario y creativamente experimental, con programas a menudo organizados y dirigidos por artistas. Su primera exposición fue Electronic refractions II, del escultor y activista social Tom Lloyd (1929-1996). En sus primeros años desarrolló iniciativas como la Unidad de Cine y el Studio Program, que con el tiempo se abandonaron, pero también uno de sus mayores empeños que sigue vivo, el programa de Artista en Residencia, que ha abierto puertas a más de 150 creadores, entre los que se encuentran algunos de los más influyentes en el arte actual. Hoy en día, acoge cada año durante once meses a tres jóvenes promesas, a las que ofrece apoyo, difusión y una exposición final.

De ello se han beneficiado, entre otros, las obras conceptuales de David Hammons, referencia absoluta del arte afroamericano contemporáneo; la pintura figurativa de Kerry James Marshall, que reescribe la historia del arte poniendo cuerpos negros en el centro con una monumentalidad clásica; las abstracciones cartográficas de Julie Mehretu, que integran geopolítica, migración y arquitectura; los retratos de Kehinde Wiley, autor del retrato presidencial de Barack Obama; la obra afrofuturista de Wangechi Mutu, implacable con los relatos establecidos de género, cuerpo y poscolonialismo, o las cerámicas monumentales de Simone Leigh, primera afroamericana que representó a EE.UU. En la Bienal de Venecia, en el 2022.

Retrato de Tom Lloyd, el primer artista que expuso en el Studio Museum, en 1968, delante de una de sus obras

LV

A lo largo de sus casi sesenta años de actividad, la institución ha ido asumiendo nuevas funciones a medida que reconocía necesidades: muy pronto, su papel como espacio de participación comunitaria; a mediados de los setenta, la necesidad de tener una colección propia seleccionada con criterios profesionales. A finales de la década, presionada por la necesidad de expandir su espacio físico, optó a la propiedad del edificio Kenwood, que pertenecía entonces al New York Bank of Savings: seis plantas en el 144 de West 125th Street.

El inmueble fue remodelado por el célebre arquitecto negro J. Max Bond jr. Y su firma Bond-Ryder Associates para adaptarlo a los nuevos usos de museo y abrió las puertas en 1982 con tres exposiciones. Vivió diversas remodelaciones hasta que en el 2015 el Studio Museum lanzó el plan para derruirlo y construir en el mismo solar una nueva sede pensada, por primera vez, para sus necesidades concretas y su misión. El proyecto se adjudicó a Adjaye Associates, una firma especializada en equipamientos culturales responsable, por ejemplo, del Museo Nacional Smithsonian de Historia y Cultura Afroamericana (2026) levantado en el National Mall de Washington DC, en colaboración con Cooper Robertson, que cuenta en su currículum con más de 55 museos edificados en todo el mundo.

El museo ha reabierto con una exposición de Tom Lloyd, el artista que inauguró la sede original en la Quinta Avenida

El resultado es un nuevo edificio emblemático del barrio, de cinco plantas más una azotea panorámica, que ofrece más de 7.600 metros cuadrados repartidos entre galerías de última generación, un amplio vestíbulo con una escalinata inspirada en los escalones de piedra marrón que abundan en el barrio –que sirven de animados lugares de reunión para la ciudadanía–, espacios flexibles para programas, el archivo, los lugares de trabajo para los artistas residentes y un centro educativo.

Porque en la piel y el cuerpo, la nueva sede del Studio Museum dialoga con el barrio que lo acoge: la fachada –donde ya cuelga un emblema de la institución desde el 2004, la bandera Sin título (2004) de David Hammons, en negro, rojo y verde, inspirada en la bandera panafricana adoptada por Marcus Garvey en los años veinte– remite a las arquitecturas de mampostería circundantes, los grandes ventanales permiten una comunicación fluida con el exterior, y en el interior abundan los lugares para reunirse, socializar y conectar. Las galerías han sido pensadas para acoger toda la variedad del arte actual, en dos o tres dimensiones, y están conectadas con los espacios educativos para facilitar la integración de creatividad y enseñanza.

La bandera 'Sin título', de David Hammons (2004), uno de los emblemas del Studio Museum, cuelga ya en la fachada del nuevo edificio

Ray Llanos / David Hammons

El museo ha abierto con una gran exhibición de la obra de Tom Lloyd, el artista cuya práctica inauguró la primera sede, en 1968, además de la primera entrega de una instalación rotativa de obras de su colección permanente, con más de nueve mil piezas que cubren dos siglos de arte afroamericano y visualizan una reinterpretación del canon artístico a partir de los diversos intereses, prácticas y preocupaciones de artistas de ascendencia africana. 

Las exposiciones inaugurales también incluirán fotografías de archivo y objetos efímeros de la historia de la institución; una presentación de nuevas obras sobre papel de más de cien exalumnos del programa de Artista en Residencia, que muestra un diálogo intergeneracional y rinde homenaje a este programa; y, a lo largo del año inaugural del museo, este encargará proyectos específicos para el lugar a Camille Norment, Christopher Myers y Kapwani Kiwanga que se unirán a las comisiones a largo plazo de la institución de David Hammons, Glenn Ligon y Houston E. Conwill.

Lee también

Gerhard Richter, la pintura tras la lente crítica

Rafael Lozano

La reinstalación de obras icónicas del Studio Museum, como la bandera Sin título y la escultura Danos un poema de Glenn Lingon –inspirada en una improvisación de Muhammad Ali en la Universidad de Harvard–, completará la oferta cara al público que visite este lugar, tan necesario para la comprensión mutua, ahora que los vientos empujan de nuevo a negar que conocer y aceptar la diversidad es parte fundamental de lo que nos hace humanos.