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Aliyeh Ataei, la voz de quienes demandan asilo: “Con los talibanes, la vida de las afganas se ha detenido”

Entrevista

Esta autora iraní nació en una zona fronteriza, ha transcurrido su existencia en el exilio y transforma su carencia de raíces en una expresión creativa para narrar las experiencias íntimas de las personas sin nación.

La escritora Aliyeh Ataei, fotografiada en la Residencia de Estudiantes de Madrid

La autora Aliyeh Ataei, retratada en la Residencia de Estudiantes de Madrid

Dani Duch

Aliyeh Ataei (Darmian, Irán, 1980) es originaria de un territorio cuya realidad resulta compleja de asimilar para la mentalidad de Occidente. No se debe solo a su nacimiento en la zona fronteriza entre Afganistán e Irán, un espacio donde los registros legales no siempre coinciden con la esencia de los individuos y donde la autodefinición depende más de las relaciones familiares que del Estado. A esto se suma que, por su ascendencia en Afganistán, tuvo que huir con sus allegados hacia Irán cuando las contiendas en Afganistán imposibilitaron la vida en su país, acumulando años de dolor por la pérdida de raíces que conlleva el exilio.

Aliyeh Ataei, en la Residencia de Estudiantes
Aliyeh Ataei, en la Residencia de EstudiantesDani Duch

Previo a su escape, y posteriormente, en Teherán, donde cursó Arte, experimentó aquel drama y sintió la urgencia de redactar para buscar su propia identidad. Actualmente, establecida en París, compara sus experiencias personales con la visión que se posee en este entorno sobre los conflictos en Oriente Medio. Dentro de su obra La frontera de los olvidados (Editorial DeConatus) combina el pasado histórico y político de su nación con relatos de su familia y vivencias privadas con el fin de relatar la realidad oculta de quienes no tienen patria, las diversas agresiones que padecen, su angustia vital y la falsedad de la comunidad internacional.

Expresiones como “es imposible vivir indefinidamente en un no lugar: la pertenencia geográfica es una necesidad profundamente humana” o “el exiliado es alguien que se ha perdido en tierra de nadie, entre la vida y la muerte, y busca quizás reconstruirse a sí mismo por encima de todo”, reforzadas por los relatos que reúne Ataei, impactan profundamente al lector en cada capítulo.

Resulta inviable residir por siempre en un no lugar: el vínculo territorial constituye una exigencia esencial de las personas.

Aliyeh Ataei

Escritora

La autora llega a su encuentro con la prensa en una tranquila tarde de otoño, en el remanso metropolitano de la Residencia de Estudiantes de Madrid, con fatiga física pero con disposición. Se coloca frente al lente con total esmero y exhibe un firme interés por comunicarse a pesar de los retos de un habla, el inglés, que le resulta todavía extraña.

En la introducción del volumen, el autor y cineasta afgano Atiq Rahimi retrata a los desplazados como pobladores del barzakh, el limbo. ¿Tiene usted esa misma sensación?

Por supuesto que sí. Creo que esta es una buena imagen de mi situación.

¿Un refugiado lo es toda la vida?

Esta obra está llena de exiliados que quizás no posean esa distinción al no tener un documento que lo certifique. En Europa, las personas pueden conseguir una credencial que lo valide. Pero allí se hallan individuos sin identidad alguna, sin saber si son iraníes o afganos, y en ocasiones eso no les resulta relevante, pues provienen de la frontera entre Irán y Afganistán.

Portada del libro 'La frontera de los olvidados' (Editorial DeConatus)
Portada del libro 'La frontera de los olvidados' (Editorial DeConatus)

¿Qué significa la frontera para usted?

Resulta una emoción ambivalente. Para mí es como un vínculo dañino, una pareja tóxica. Me atrae y al mismo tiempo la detesto, porque mi vivienda se halla en la zona limítrofe, pero finalmente aborrezco cualquier división, no solo la territorial que se aprecia en este libro, sino que en otros textos redacto sobre distintos límites; por ejemplo, entre lo femenino y lo masculino. Cada frontera posee relevancia en mi psique. Considero que esto se origina en la geografía y después se expande a la totalidad de mi existencia.

¿Cuánto de su libro es autobiográfico y cuánto es ficción?

Cierta porción del volumen es autoficción. En la apertura, se halla la crónica verdadera, un recuerdo nítido sobre mi padre y yo. Sin embargo, en lo sucesivo, pese a que todo nace de lo vivido, he oído algunas historias, otras las he protagonizado y unas cuantas las he estructurado como drama o relato histórico.

Desde mi perspectiva, la frontera se asemeja a un vínculo dañino: me atrae y simultáneamente la detesto.

Aliyeh Ataei

Escritora

¿Resulta verídico entonces el relato sobre la mordida de su progenitor? [En dicho capítulo, Ataei narra que en medio de una crisis epiléptica, introdujo su mano derecha en la boca de su padre con el fin de impedir que se lastimara y soportó la punzante dentellada por varias horas. Tras el fallecimiento de su padre, conservó su prótesis dental y empleándola recreó esa misma mordida por cuenta propia].

Efectivamente, eso es verdad. Ya no tengo ninguna cicatriz, pues sucedió hace aproximadamente 35 años. Por el contrario, la agitación de las manos que menciono persiste desde mi infancia. Y en ocasiones, tal como narro en el libro, todavía percibo realmente ese dolor en mi mano. Me evoca la imagen de mi padre, aunque no con rencor: me agrada.

Dentro de la obra aparece una expresión que afirma que ningún individuo logra huir de la suerte ligada a su apelativo. El de usted, Aliyeh, se traduce como “excelente”, “elevado”. ¿Hacia dónde la ha conducido su propia denominación?

Mi apelativo es estupendo, imagino que mis progenitores se sintieron sumamente dichosos con mi llegada, percibieron que me encontraba sana, que era impecable. Sin embargo, es una denominación árabe habitual en una nación musulmana, y al mismo tiempo resulta un nombre clásico, de antaño. Y por esa razón me encanta. Tiene un tono antiguo. Y sobre mi porvenir, anhelo que se desarrolle en armonía con mi nombre.

La escritora, de origen afgano y nacionalidad iraní, reside en París desde hace un tiempo
La escritora, de origen afgano y con nacionalidad iraní, reside en París desde hace ya algún tiempo.Francesca Mantovani / Editions Gallimard

Creció en el seno de una familia afgana convencional, bajo una idiosincrasia bélica que asume los conflictos tribales como una práctica cotidiana. ¿De qué manera sobrelleva una comunidad semejante tensión?

En este sitio tal vez luzca complejo o incluso inalcanzable, mas soy integrante de su grupo, me desarrollé a su lado y descubrí el modo de mantenerme con vida. Considero que este relato no versa sobre cómo rescatarse a uno mismo. Se enfoca en la existencia, logramos preservar la vida en una época complicada. Ignoro de qué forma, pero conseguimos salvarnos en un punto determinado. Y no existió ninguna organización previa en mi situación.

¿No es duro vivir con tanta incertidumbre?

La ocasión inicial en que, habitando en París, mi editor en Alemania me mandó una planificación anual, me pregunté: ¿por qué proyectan a doce meses? Tal vez ya no esté con vida. Y me di cuenta de que somos distintos.

¿Cómo se sienten especialmente las mujeres en esa situación?

Esta obra muestra que, aunque las mujeres no participan de forma directa en el conflicto bélico, sufren sus consecuencias. Es similar a mi mano aprisionada por los dientes de mi padre. El maltrato surge cuando se carece de un espacio de protección. A lo largo de todo Oriente Medio, el relato femenino se repite de igual manera. Considero que la vivienda resulta fundamental para ellas, los infantes y el núcleo familiar. Desde la perspectiva femenina, la nación no representa un territorio, sino la propia casa. Y la contienda agrede, primordialmente, a la vivienda, pues tal vez el padre, el hermano o el marido optan por combatir, y la estructura doméstica se desmorona para la mujer. No se perciben bastantes mujeres militares en las batallas de Oriente Medio; allí la brutalidad las golpea en su propia morada.

En la visión de una mujer, la nación no es un suelo, sino la morada. Y el conflicto agrede, inicialmente, en el interior del hogar.

Aliyeh Ataei

Escritora

¿Habitar en un entorno adverso por periodos prolongados aniquila la humanidad de los individuos?

Prefiero evitar contestar esta interrogante ya que expresar mi opinión podría molestar a ciertos individuos, no obstante, considero que es así, pues la agresividad no brinda felicidad a nadie. Voy a relatarle un relato distinto que no aparece en esta obra. Un sujeto afgano viajó a Irán llevando una enorme serpiente pitón con el fin de comercializarla, intentando localizar personas adineradas interesadas en adquirirla. Aquellos individuos lo convidaban a celebraciones y establecimientos de comida, pidiéndole constantemente que llevara consigo a la pitón. Finalmente comprendió que los iraníes no tenían interés en su persona, sino únicamente en el reptil. Se enfureció de tal manera que abandonó al animal ante un colegio de infantes de corta edad y retornó a Afganistán. Al difundirse este suceso en Irán, la población entera lo comentaba, enfocándose en la brutalidad del acto. Sin embargo, opino que cuando se daña profundamente a los seres humanos, estos terminan reaccionando en tu contra.

La guerra te lleva a lo más bajo.

Efectivamente, y considero que quienes inician un conflicto bélico son conscientes de ello. Comprenden que tras la contienda no se halla gente bondadosa. Actualmente se comenta con mayor frecuencia que existen demasiados refugiados prescindibles en Europa y que no poseen buen carácter. Todo el mundo siente indignación hacia ellos. Ciertamente, lo comprendo.

Ataei se entregó a la sesión de fotos con auténtica dedicación
Ataei se entregó a la sesión de fotos con auténtica dedicaciónDani duch

En su obra, los idiomas desempeñan una función primordial, actuando en ocasiones como marcas de identidad y en otras como medios de inclusión. ¿Qué tipo de vínculo mantiene usted con las lenguas?

Domino el farsi y el darí, los cuales constituyen la misma lengua, las versiones iraní y afgana del persa. Sus distinciones se asemejan a las que existen entre el habla de los franceses y los belgas. Asimismo comprendo el pastún debido a que algunos parientes de mi familia afgana lo emplean. Además manejo el inglés puesto que en la universidad resulta imperativo utilizarlo. No obstante, opto por redactar en persa ya que es el idioma en el que reflexiono, pues confío en las letras de mi tierra natal. El farsi representa para mi persona lo equivalente a la patria.

Un aspecto relevante adicional en su volumen son los papeles de identidad, un requisito indispensable que no suele representar fielmente los hechos. Coménteme acerca de sus credenciales.

Conservo esos papeles por gusto propio, pero conforman una identidad irreal para mostrar al público. Ya que si procedes de la frontera, ¿de qué patria eres? Mis allegados son de origen iraní y poseemos la nacionalidad iraní, mas este legajo no tiene valor alguno.

¿De qué nación provienes si eres de la zona limítrofe? Mi linaje es iraní y ostentamos la ciudadanía iraní, mas ese certificado no representa nada.

Aliyeh Ataei

Escritora

¿De dónde se siente usted?

Evoco el primer momento en que un reportero en Irán me telefoneó y me comentó: “Señora Ataei, queremos citarla y no sabemos si escribir que es iraní afgana, afgana iraní, iraní de origen afgano, afgana refugiada en Irán...”. Además, me formuló bastantes interrogantes sobre mi vida. Yo le respondí: “Si supiera la respuesta, no necesitaría escribir. Escribo porque no tengo ninguna respuesta sobre esta pregunta. Mi nacionalidad es iraní. Pero si lees mis libros, entiendes que no sé cuál es mi identidad. Esta es mi pregunta en todas las historias”. De modo que le expresé: “Pon lo que te dé la gana”.

Si un conflicto bélico se prolonga tanto como el de Afganistán, ¿qué aspectos conservan verdaderamente su relevancia?

Pienso que en Afganistán, en esta ocasión, la existencia de las mujeres se ha paralizado. Quizás actualmente los talibanes no se encuentren en conflicto bélico, sin embargo, el fundamento de los talibanes radica en la lucha armada. No se alinean con la población, ni representan a la autoridad estatal, ni actúan como figuras políticas. Mi crianza no tuvo lugar en Afganistán ni permanecí en ese sitio por un periodo prolongado, por lo cual observo la situación desde fuera.

Soy de nacionalidad iraní. No obstante, al examinar mis obras, se comprende que mi identidad me resulta incierta. Ese es el cuestionamiento que habita en todas mis historias.

Aliyeh Ataei

Escritora

No obstante, tiene nexos con habitantes de la región. ¿Cómo se encuentra el escenario hoy con los talibanes?

Gran parte de mis conocidos se quedaron sin nada en Afganistán tras el arribo de los talibanes. Los creadores, los autores y aquellas mujeres con cargos de autoridad se vieron despojados de todo. Me resulta increíble que la comunidad internacional haya reconocido a los talibanes. Por vez primera, Rusia les ha otorgado su aceptación. Desconozco las razones de su actuar. Sin embargo, en Irán el panorama es distinto, ya que las mujeres asisten a colegios, a la universidad y logran obtener empleos de calidad. Por el contrario, en Afganistán en esta ocasión han suspendido cualquier actividad para el género femenino. Actualmente en Afganistán resulta imposible hallar a una médica o a una docente. Y dudo que esta realidad se transforme en los próximos tiempos.

¿Por qué decidió vivir en París?

Previo a mi traslado a París, visité la ciudad en diversas ocasiones y descubrí un nutrido grupo de autores y creadores de Irán. Considero que incluso antes de la revolución de Irán existía un flujo constante de ciudadanos franceses hacia Irán y de iraníes hacia Francia interesados en el aprendizaje del idioma francés. Inicialmente, mis parientes deseaban trasladarse a Estados Unidos, aunque yo me opuse. Mi decisión no fue por motivos políticos, sino por cuestiones familiares. Mi hijo me acompañó pues pretendía cursar el bachillerato en Francia. Permanecí a su lado. Sin embargo, quizás retorne a Irán, sea entregado a las autoridades y acabe en prisión.

Quizás actualmente los talibanes no se hallen en combate, pero el cimiento de los talibanes es el conflicto. No se vinculan con el pueblo, ni integran la administración, ni ejercen como políticos.

Aliyeh Ataei

Escritora

¿Por qué?

Sinceramente lo desconozco. No obstante, mi traductor [Javier Hernández Díaz, español, reside en Irán desde hace más de una década y es docente en la Universidad Allameh Tabatabaí de Teherán) me comentó que le rechazaron el visado.

¿Qué tiene que ver esto con usted?

No lo sé, porque realmente... Creo que no soy un político.

Pero defiende que está escribiendo sobre la verdad.

Es probable que eso no sea de su agrado. En cualquier caso, me encuentro actualmente en París. No percibo esta situación como un drama personal. He pasado por bastantes infortunios y deseo frenarlos, aunque siento que la fatalidad me persigue. Victoria Amelina era una autora de Ucrania y compañera mía de profesión. [Victoria Amelina falleció durante un ataque aéreo ruso contra un establecimiento en Kramatorsk, en julio del 2023; cuando ocurrió la agresión, la acompañaban, entre otros individuos, el literato Héctor Abad Faciolince, el antiguo alto comisionado para la Paz de la presidencia de Colombia Sergio Jaramillo y Catalina Gómez, quien colabora con Guyana Guardian y es especialista en Oriente Medio, los cuales resultaron con lesiones menores]. Al arribar a París accedí a impartir lecciones en la Universidad de Columbia junto a ella, pero no logramos iniciar debido a que asesinaron a Victoria en Ucrania. Y desconozco el motivo de mi asombro. Derramo muchas lágrimas al escuchar menciones sobre Victoria. Reflexioné que tal vez la desdicha va tras nosotros.

Ahora que reside en Occidente, ¿piensa que contamos con una mirada objetiva sobre el panorama en Afganistán, en Irán y en Oriente Medio?

Al enterarme de que Trump desea rediseñar un nuevo Oriente Medio, me cuestioné ¿cómo? Es algo imposible. Siendo joven, ignoraba que formaba parte de Oriente Medio. Suponía que éramos asiáticos. Calculo que tenía unos 20 años y recorría un país distinto con un colega. Un allegado de mi compañero nos encaminó “a un restaurante asiático”. Y supuse: pues, un establecimiento normal. Pero nos guio a un local chino, con sus palillos y todo eso. Y le señalé: este local es chino, no es un sitio asiático. Y él replicó: no somos asiáticos, somos de Oriente Medio, este es un local asiático. Resultó la vez primera que medité sobre Oriente Medio. Pero ¿qué representa el centro del centro? No captaba nada. ¿Es el punto medio desde el oriente? ¿Y qué es el oriente desde el punto central? No asimilo esta cartografía.

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