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Ana Monsó, la artista que desarrolla sus trabajos sin emplear pincel.

Arte

La prometedora creadora Ana Monsó desarrolla mediante sus lienzos un relato estético que intenta rescatar las memorias y un ambiente de sosiego concebido para silenciar el ruido interno.

Ana Monsó, en el estudio que montó el pasado verano en la casa familiar de Sant Andreu de Llavaneres (Maresme), rodeada de sus grandes cuadros

Ana Monsó, en el estudio que preparó la pasada temporada estival en la residencia de su familia de Sant Andreu de Llavaneres (Maresme), rodeada de sus cuadros de amplias dimensiones.

Berta Pfirsich

La naturalidad gobierna la producción de Ana Monsó (Barcelona, 1998), y el estrépito condiciona la lírica sutileza de sus piezas. Las vivencias fomentan su inventiva, y la urgencia por mitigar ese sonido dirige su pulso. Por este motivo, las ausencias cobran tanta relevancia como las marcas en sus telas, y en su interior descubre un cobijo, un reducido entorno particular. Mediante estos pilares y en escasos cinco años, esta figura en ascenso ha desarrollado una senda laboral que ya ha visitado Barcelona, Londres, París, Cannes, Brescia y Madrid, donde se estableció hace un año.

Monsó, en pleno trabajo; se ha impuesto pintar solo con sus manos, trapos y tintas, para reducir la sensación de que la obra es solo algo espontáneo
Monsó, concentrado en su tarea; ha optado por utilizar exclusivamente sus manos, lienzos y colores, con el propósito de atenuar la impresión de que su obra es simplemente espontánea.Berta Pfirsich

Monsó se manifiesta con delicadeza y claridad. Criada rodeada de lienzos, le resultaba complejo huir de su ingenio natural, pese a que trató de hacerlo: “Yo no quería ser pintora –explica–. He pintado y he tenido sensibilidad para el arte toda mi vida, pero me costaba aceptar que haría lo mismo que mi madre”. Debido a que Ana es descendiente de Rosa Galindo, con la cual divide espacios en la galería Pigment de Barcelona. “Quería ser rebelde –prosigue–. Por eso empecé a estudiar diseño de moda [en Londres], pero en la mayoría de mis proyectos acababa pintando. Entonces llegó la covid, empecé a pintar más y una cosa me llevó a la otra, y ahora pintar es lo que más me gusta”.

La inspiración de Monsó nace “de los recuerdos, y en su momento lo ligué mucho a la pérdida de memoria de mi abuela. Empecé a ver la memoria como algo que se diluye y se acaba convirtiendo en una niebla. Entonces, pensando en ciertos recuerdos, me lanzaba al lienzo, y surgía una representación abstracta de lo que evocaban en mí, y luego lo tapaba todo con pintura, como haciendo esa niebla para que se perdieran un poco algunas partes”.

Mi creatividad surge de las vivencias pasadas, algo que anteriormente vinculé con el olvido que padeció mi abuela.

Ana Monsó

Artista

Sin embargo, tras su arribo a Madrid, lugar al que se desplazó para habitar y laborar hace un año debido a que “quería explorar otros sitios de España a nivel artístico que no fueran solo Barcelona, abrirme puertas y ver un poco de mundo”, optó por “que en cierto modo me estaba negando la realidad de los recuerdos y no estaba siendo sincera. Y un poco estaba escondiendo lo que realmente era mi pintura. Decidí sacar esa capa de niebla y mostrar las cosas como eran. Y entonces tomó más poder el momento. Ahora, cuando pinto es más bien una cosa instantánea y espontánea que nace de mí, de la contemplación de mí misma, de intentar sacar todo el ruido que tengo en la cabeza, la ansiedad”.

Bajo esa perspectiva de la creación como vía de liberación o remedio transitorio, concibe sus piezas como “pequeñas realidades o mundos que me creo. De hecho, cometo el error de hacerla exageradamente grande, y normalmente me rodeo de muchos lienzos gigantes para crearme mi mundito en el que poder sentirme bien. Me sirve para estar algo mejor día a día. Es un mundo tranquilo, de paz”.

'Después del silencio 6', obra de Ana Monsó
'Después del silencio 6', obra de Ana Monsó

La tonalidad y la ausencia cobran significado en sus creaciones: “La ausencia del color creo que viene de querer crear un silencio que habla por sí solo. Todas esas áreas vacías tienen para mí el mismo valor que las manchas de colores. Y el color es el ruido y todo lo que el ruido no puede decir. Pero mi paleta de colores no sé muy bien de dónde sale ni por qué suelo usar los mismos. Suelen ser colores quebrados, no intensos, y creo que es parte de este no querer mucho ruido en la obra”.

Confiesa que su técnica creativa sigue evolucionando, unida a su propia trayectoria de vida: “Mi obra ha cambiado mucho en estos cinco años; soy una artista muy joven y si no evoluciono ahora, cuándo lo voy a hacer”. Sin embargo “todo nace de lo anterior. Hace dos años hice un máster de pintura en Londres y desarrollé una obra, y al llegar a Madrid quise deshacerme de ciertas cosas y llegué a mi obra actual”.

Cada espacio despejado en mis lienzos posee para mí el mismo peso que los trazos de color.

Ana Monsó

Artista

En Madrid, desempeña su labor en un taller junto a otras cuatro mujeres artistas. “Allí estoy superfeliz, porque poder compartir estudio con ellas, que además son mis amigas, aporta mucho tanto a mi obra como a mi vida personal, y placer, porque estar sola en un estudio a veces puede llegar a ser complicado. Poder parar y hablar con alguien y que te den opinión de lo que estás haciendo y tú también darles tu opinión es increíble. La gente dice que incluso se nota la influencia de unas en las otras, aunque es obra completamente distinta”.

Si no se encuentra pintando, sus pasatiempos son “viajar y estar en casa sin hacer nada, prepararme el desayuno y dejar que la mañana pase. Y, sobre todo, estar con gente. Estar sola no me gusta nada. Quizá porque entonces tengo que afrontar mis pensamientos”.

Además, se deleita con la música, incluso en su horario laboral: “Me da vergüenza decir lo que escucho mientras pinto. Es música malísima que la gente no relaciona normalmente con mi obra, con letras bastante duras en comparación con lo que intento expresar en mi cuadro”. Sonido para contrarrestar el bullicio.

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