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Melania marca característica: rentabiliza su reserva por 28 millones de dólares en un documental.

Protagonista

La reservada primera dama de EE.UU. Se afianza como una figura de gran trascendencia mediante un documental que complementa su última obra autobiográfica.

En la segunda toma de posesión de su marido, con el sombrero diseñado por Eric Javis 

En la segunda gala de asunción de su cónyuge, exhibiendo la pieza de sombrerería confeccionada por Eric Javis. 

SHAWN THEW / Reuters

Luego de un extenso periodo de silencio absoluto, la misteriosa Melania Trump tiene la intención de revelarse ante sus compatriotas. Y, de forma simultánea, lograr ganancias millonarias. Al terminar el presente mes (el 30 de enero), debutará en cartelera Melania, un largometraje documental que relata el tiempo previo a la segunda asunción de Donald Trump a través de la mirada de su mujer. Como sugiere su denominación, Melania asume el rol estelar y la producción ejecutiva: conforme a The Wall Street Journal, la cinta resulta de una alianza con Amazon que le otorgará aproximadamente 28 millones de dólares.

Queda por ver si la cinta nos desvela algún aspecto inédito, atractivo o real sobre Melania Trump. A pesar de los tomos y los cientos de reportajes que se han redactado sobre su persona; aun cuando en 2024 lanzó sus memorias (denominadas también Melania), la primera dama de EE.UU. Sigue siendo un misterio.

A pesar de las obras y los cientos de textos redactados acerca de su persona; la primera dama de EE.UU. Continúa siendo un misterio.

“Incluso en sus memorias, Melania sigue siendo un misterio”, encabezó el reseñista de New Yorker, sorprendido de que unas memorias “pueda oscurecer aún más” a la protagonista. Un volumen “opaco”, “plano”, resultaron calificativos empleados en The New York Times, al tiempo que la publicación Interview equiparó a Melania a “una especie de fantasma” que transita por la Casa Blanca, un sitio que, de cualquier modo, frecuenta escasamente.

Melania destaca más por no estar presente que por acudir a los eventos. De acuerdo con CNN, en esta segunda etapa presidencial se ha dejado ver menos que en el tramo inicial de la anterior, época en la que justificó que su enfoque principal era la crianza de su querido hijo, Barron. El contacto directo no es de su agrado: sus intervenciones resultan contadas, mediante teleprompter y acompañadas por su marcado acento esloveno junto a una pizca de temor. No obstante, parecen fascinar a Donald, quien la observa con total devoción. Únicamente una alocución ha quedado para el recuerdo: aquella que copió parcialmente a Michelle Obama. Pese a afirmar que representa un privilegio actuar como first-lady, no hace falta mucha astucia para comprender que no se trata de su labor predilecta. En realidad, Trump acaba de derribar el Ala Este de la Casa Blanca —sitio donde se ubica el despacho de la primera dama— y ella ha guardado silencio absoluto.

Con Donald Trump en 1999, un año después de conocerse; se llevan 24 años
Con Donald Trump en 1999, un año después de conocerse; se llevan 24 añosJohn Keating/Newsday/Getty Images

Melania Trump aparenta sentirse a gusto con su mutismo. Opta por expresarse mediante canales distintos. Resultan célebres sus desplantes hacia su esposo, tales como el golpe de mano cuando él quiso sujetarla en Israel (en sus memorias, ella lo define como “un gentil gesto”), además de sus gestos de desagrado al permanecer junto a él. Al principio, resultaban tan evidentes que motivaron el lema Free Melania (“liberad a Melania”). No obstante, el transcurso de los años ha evidenciado que carece de cualquier propósito de alejarse de su controvertido y hablador cónyuge.

El vestuario representa otro de sus recursos para comunicar: con una presencia imponente y un capital que parece inagotable, la primera dama suele ser la más sofisticada de las reuniones (o la que luce el traje más costoso). Siente devoción por la alta costura, los tonos neutros, las piezas bien confeccionadas y ceñidas, así como por los complementos. Cinturones y gafas de sol de gran tamaño acompañan sus conjuntos, donde nunca faltan los sombreros. Cabe resaltar el canotier que utilizó en la segunda inauguración, el cual le impedía besar al nuevo presidente.

Con vestido sobrio y cinturón ancho para el aniversario de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos 
Portando una vestimenta sobria y un cinto ancho en el marco de la celebración de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos. Tasos Katopodis/Getty Images

Se han producido decisiones todavía más controvertidas. Por ejemplo, el casco colonial —emblema de la dominación blanca— que utilizó durante una visita de Estado a Kenia. Tampoco se puede ignorar la prenda de Zara con la frase: «Realmente no me importa. ¿Y a ti?» que causó gran asombro al acudir a la frontera con México, lugar donde el gobierno de Trump distanciaba a los menores extranjeros de sus progenitores. Melania afirma en su libro de recuerdos que dicha inscripción apuntaba a los medios de comunicación “y a sus constantes falsedades” y que jamás apoyó esa política. “Esto tiene que parar”, relata que le comentó a su esposo.

A lo largo de las cerca de 200 páginas de sus memorias, este representa tal vez el instante singular donde muestra un leve reproche hacia Donald Trump. Por lo común, la obra constituye un elogio a su cónyuge (“Un blanqueamiento de su presidencia”, de acuerdo con The New York Times), en la cual evita los temas más conflictivos, tales como sus deslealtades y las sentencias por agresiones sexuales. Asimismo, pese a que en el texto respalda la libertad de abortar, no se percibe cuestionamiento alguno hacia la postura contraria al aborto del trumpismo. Resulta igualmente paradójico que su labor como primera dama se centre en combatir el bullying, una práctica que el mandatario realiza sin reparos.

Con gabardina blanca, en el 2025, celebrando la Pascua en la Casa Blanca 
Con gabardina blanca, en el 2025, celebrando la Pascua en la Casa Blanca Anna Moneymaker/Getty Images

En Melania, “Donald” representa a un príncipe fascinante que la cautivó desde su primer encuentro en un local neoyorquino, cuando ella contaba con 28 años y él con 52. Relata que se sintió “cautivada por su encanto y por su talante relajado” y que, a pesar de que Trump estaba con “por una atractiva rubia”, en cuanto esta se retiró un instante, él le solicitó su número. Ella se negó, para luego pedirle el suyo. Al llamarlo, la voz “cálida, amistosa, fuerte” de Trump la convidó a visitar su finca en Bedford. Melania —a quien le apasionan los automóviles—, recuerda que pasó a buscarla en su Mercedes de color negro: “Fue un paseo precioso, nosotros dos”.

De esta forma se inició el vínculo sentimental, en 1998, entre el empresario de bienes raíces Donald Trump y la maniquí eslovena Melania Knauss, que culminó en una fastuosa boda en Mar-a-Lago, durante 2005, con quinientos asistentes. La contrayente lució un diseño de John Galliano para Dior. Realizó el pedido en París y Anna Wintour la incluyó en la carátula de Vogue. Al cabo de un año llegaría al mundo Barron y Melania obtendría la nacionalidad estadounidense.

La reservada exmodelo ha comenzado a revelarse, aunque manteniendo cada detalle bajo una supervisión minuciosa.

Dejaba atrás Eslovenia, su lugar de nacimiento en 1970. Dicha nación integraba la Yugoslavia comunista, aunque Melania relata que sus progenitores, Viktor Knavs y Amalija Ulčnik, les proporcionaron a ella y a su hermana múltiples comodidades: una nanny, recorridos por Europa y estancias veraniegas en Croacia. Narra una niñez perfecta, rodeada de padres afectuosos a quienes quería profundamente. Amalija, quien murió en 2024, se desempeñó como patronista. Viktor se dedicaba a la venta de coches. Los dos se mudaron a la Torre Trump tras el nacimiento de su nieto y constituían su círculo más cercano.

Alumna aplicada, Melania comenzó su formación en arquitectura y diseño en Liubliana, pero eligió dejar los estudios para trabajar de modelo. Tras laborar en Milán y en París, en 1996, optó por intentar su camino en Nueva York. En su libro de memorias subraya la gran alegría que sintió al entrar en una limusina por vez primera: “El interior exudaba elegancia. Sentí una inmediata sensación de confort y paz”.

A partir de aquel tiempo, Melania Trump ha abordado gran cantidad de limusinas (junto con jet s particulares, aeronaves y helicópteros de la presidencia e incluso algún portaaviones), y ha pasado a ser una de las mujeres con mayor presencia fotográfica en el planeta. Y, en la centuria de la imagen personal, parece que es la ocasión ideal para rentabilizar todo este interés.

La reservada antigua modelo ha comenzado a mostrarse, si bien mantiene cada detalle bajo una vigilancia rigurosa. Al igual que los pasajes de sus memorias, que en ocasiones asemejan una hoja de vida: “Puntual”, “centrada”, “disciplinada” y “meticulosa” figuran entre los calificativos que emplea para definirse. Una colección de cualidades que proyecta sobre Barron, de quien su progenitora afirma: “Posee una inusual combinación de inteligencia, encanto y diligencia”. El joven cuenta ya con 19 años y una fortuna que Forbes estima en 150 millones de dólares, debido a las divisas digitales, actividad que los Trump fomentan con gran interés.

Hablando a los veteranos, en un acto de la Cruz Roja, en la base de Andrews
Hablando a los veteranos, en un acto de la Cruz Roja, en la base de AndrewsAndrew Harnik/Getty Images

La publicación igualmente resalta que “Melania sigue sumando millones en silencio”. La primera dama cuenta con su propio activo digital ($MELANIA) y anteriormente comercializó colecciones de belleza y alhajas. No obstante, el largometraje que encabeza será el responsable de incrementar masivamente su fortuna: de acuerdo con Forbes, aparte de los 28 millones de dólares, le ha pedido a Amazon el 70% de las ganancias obtenidas.

El hecho de que la primera dama de EE.UU. Obtenga beneficios mediante emprendimientos particulares genera dilemas morales, del mismo modo que ha provocado reproches la designación del cineasta del documental, Brett Raer, señalado por comportamientos sexuales indebidos. ¿Cuál ha sido la reacción de Melania? El mutismo, lógicamente.

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