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Albert Serra, cine, toros y Lagerfeld: “No me importan los premios; si gano un Goya no lo dedicaré a mi familia”

El universo de...

En su casa en Barcelona, donde atesora toda clase de libros y fetiches, el director, que se estrena en la gala de los Goya con ‘Tardes de soledad’, comparte sus obsesiones más allá del cine y los toros, como Karl Lagerfeld y la moda

De andar por casa El cineasta, con gafas Cutler and Gross y jersey de Gucci, es devoto del pop art

De andar por casa El cineasta, con gafas Cutler and Gross y jersey de Gucci, es devoto del pop art

Adrià Cañameras

Albert Serra nos recibe en su refugio de la calle Aribau, en la orilla izquierda del Eixample barcelonés, a unos pasos de la Universidad donde estudió Filología Hispánica. Entonces quería ser escritor, pero tal y como explica en Un brindis por San Martiriano, transcripción de su pregón para las fiestas de su natal Banyoles (publicado por H&O), decidió probar suerte con el cine porque le parecía mucho más divertido. 

Hacer cine con sus fieles colaboradores es una manera de prolongar la fiesta. Pero, aunque siempre ha priorizado lo lúdico en sus rodajes, también exige una entrega total: lleva desde el 1 de octubre encerrado en un estudio de Bilbao, con Ariadna Ribas y Arthur Tort, montando su nueva película, Out of this World, una trama ambientada en la Rusia de Putin en la que ha involucrado a estrellas de Hollywood como Riley Keough o F. Murray Abraham.

Lleva desde el 1 de octubre encerrado en un estudio de Bilbao, con Ariadna Ribas y Arthur Tort, montando su nueva película, 'Out of this World'

Es una tarea verdaderamente titánica que consiste en seleccionar las imágenes más cautivadoras entre más de 400 horas de material rodado, para luego tratar de darles una forma coherente. La presión va en aumento, pues el Festival de Cannes, donde ha presentado casi todas sus películas, se celebra en mayo. Aún y así, de paso en Barcelona, se ha reservado una tarde para relajarse y enseñarnos (parte de) su biblioteca. Es la charla de un día lluvioso que termina en su coctelería de confianza, la Ideal, en la misma calle Aribau, donde nos sirven tres Martini Shakerato. 

Será su primera vez en los Goya, ¿está preparado?

¡Le aseguro que a nadie le importan menos los premios que a mí! Y, como dice un amigo mío, “si alguien dedica un premio a algún miembro de su familia es la prueba inequívoca de que la película es mala”. Si gano, desde luego que no lo haré.

“Al margen de París y Barcelona, me gustan mucho Viena y Milán”
“Al margen de París y Barcelona, me gustan mucho Viena y Milán”Adrià Cañameras

¿Siempre ha sido aficionado a los toros?

Sí, desde que me llevaba de pequeño mi padre en Girona, aunque hacía tiempo que no iba. En parte por falta de tiempo, pero también porque, al menos que sea un gran torero, puede ser aburrido esperar a que ocurra algo. Como cualquier ritual, también es muy repetitivo. Pero siempre he leído las crónicas.

¿Alguna preferencia?

Joaquín Vidal es mi favorito, por aquí tengo sus crónicas reunidas. Era un estilista de la lengua, con mucho ingenio, sobre todo para los aspectos más negativos. Tenía una lengua viperina muy divertida. La literatura sobre tauromaquia suele tener mucha inventiva a nivel de vocabulario, ideas y metáforas. Es un lenguaje muy barroco y apasionado.

Albert Serra en su butaca de lectura con la ropa que se siente más cómodo, unos Levi’s negros 511 y una americana de Dege & Skinner comprada en Londres
Albert Serra en su butaca de lectura con la ropa que se siente más cómodo, unos Levi’s negros 511 y una americana de Dege & Skinner comprada en LondresAdrià Cañameras

¿Admira a los toreros como Andrés Roca Rey?

Sí, sobre todo por algo tan esencial como es el valor. No es tan fácil, al margen de las guerras que todos conocemos, encontrar a alguien, en nuestros países europeos, que se juegue la vida de esa manera. Estar cerca de eso fue algo fascinante, y además tuvimos la suerte de poder captarlo en toda su complejidad. Aunque, más que la plástica, la estética o el ritual, lo que más me interesó siempre fue el elemento humano, el poder indagar en estos personajes.

Es verdad que, con una cámara delante, las personas se convierten en personajes.

Así es, y cuando he trabajado con actores profesionales como Benoît Magimel, Jean-Pierre Léaud, Helmut Berger, Ingrid Caven o ahora F. Murray Abraham, siempre ha sido porque despertaban mi curiosidad. No podría hacer una película con alguien con quien no me sienta conectado de algún modo.

A nadie le importan menos los premios que a mí”

¿Qué tal con Riley Keough?

Lo mismo, aunque ella es más joven. Me siento más próximo a los que vivieron los años cincuenta o sesenta. Con las nuevas generaciones, el abismo es mayor, porque crecieron con Internet, que cambió toda una forma de sentir, de ver y de estar en el mundo. Nosotros también nos hemos adaptado, pero no por ello dejamos de reconocernos más en personas como el ya fallecido Helmut Berger porque hemos crecido con ellos. Hay una sensibilidad común.

¿Con Riley Keough no hablaron de su abuelo, Elvis Presley?

No tuvimos la oportunidad. Obviamente me encanta Elvis, el artista y la persona. Pero no le pregunté, porque no quería parecer alguien, digamos, sensacionalista. Lo que puedo decir es que ella está rodeada de gente muy normal.

En la cama, el director de Liberté lee 'Mi vida secreta' (Tusquets), memorias de un libertino anónimo traducidas por Antonio Escohotado: “Un documento extraordinario sobre las costumbres de la época”
En la cama, el director de Liberté lee 'Mi vida secreta' (Tusquets), memorias de un libertino anónimo traducidas por Antonio Escohotado: “Un documento extraordinario sobre las costumbres de la época”Adrià Cañameras

No vive aislada en su mundo, como cabría suponer.

No, no, para nada. Tenemos amigos comunes. Es como nosotros.

¿Y de esta nueva película no me puede decir nada?

No. Hay un poco de sexo, de filosofía, de política, un poco de todo. Y todos los actores son buenísimos. Nada más.

Hace poco celebró sus 50 años. En la fiesta había escritores, como Milena Busquets, o artistas, como Jordi Labanda. Pero ningún cineasta, ¿por qué?

Conozco a algunos, pero no es mi mundo. En la fiesta había mucha gente que trabaja conmigo y que considero amigos. Pero, en general, la gente del cine es muy aburrida, aunque tengo que decir que no tanto como los del mundo del arte o los del teatro, por lo menos a día de hoy, que ya son mortalmente aburridos.

Hago más vida social en París que en Barcelona”

¿Cuál diría que es su mundo?

Es un círculo muy restringido. Hago más vida social en París que en Barcelona. Ahí vivo buena parte del año, y me invitan a más eventos. Presentaciones en librerías, galerías de arte y hasta desfiles de moda a los que no voy nunca. En Barcelona no se estila tanto.

Tampoco se puede comparar París con Barcelona.

Evidentemente, es otra dimensión. Pero ahí le dan más valor a esos actos sociales y eso aquí se ha perdido. Barcelona sigue siendo mi ciudad favorita, porque aquí vive la gente con la que he crecido. Pero, como todas las ciudades del mundo occidental, se ha vuelto más previsible, como una franquicia.

Posando en el comedor, junto a su colección de pósters “firmados”, recalca– de los siempre provocativos Gilbert and George
Posando en el comedor, junto a su colección de pósters “firmados”, recalca– de los siempre provocativos Gilbert and GeorgeAdrià Cañameras

Veo que tiene unos cuantos libros sobre Karl Lagerfeld, ¿cómo es que le interesa tanto?

Él sí que tenía libros, al menos 250.000, y llegó a comprar más de un millón porque los regalaba. Como sabe, soy muy admirador de Andy Warhol, y Lagerfeld era como nuestro Warhol, se movía en ese espacio entre los intelectuales y la moda. Aunque con una sensibilidad más europea, y siguiendo una filosofía extremadamente singular.

¿Cómo resumiría esa filosofía y en qué medida cree que le ha influido?

Lo que más me ha influido de Lagerfeld es que vivía siempre enfocado a la siguiente colección. Cada nueva colección, anulaba el pasado y no se construía nada a partir de ahí, sino que cada vez empezaba de cero. Hacía tabula rasa, no guardaba archivos de nada, y eso también es uno de los puntos cardinales de mi metodología de trabajo. En 2012, cuando me invitaron a la Documenta de Kassel, en una conversación con Chus Martínez, ya hablé de esa necesidad de una nueva inocencia. No quiero tener ningún tipo de influencia exterior, ninguna idea preconcebida sobre lo que se supone que tiene que ser una película, qué es lo que tiene que decir, de qué manera tiene que estar conjugada o cómo se relaciona conmigo.

No podría hacer una película con alguien con quien no me sienta conectado de algún modo”

¿Qué más le atrae de Lagerfeld?

Que no se tomaba demasiado en serio a sí mismo y tampoco consideraba que hiciera arte. Eso le daba mucha libertad. Al mismo tiempo, como buen alemán, era muy cumplidor. Era un hombre sin pretensiones. Todo lo que tenía de maligno y de dañino lo canalizaba en su lucha contra los pretenciosos, como un justiciero. Leía muchísimo, pero no le gustaba conversar con nadie de sus lecturas. Era como un filósofo estoico, pero vanguardista y pasado de rosca.

Bastante pasado de rosca.

Sí, porque creía en el lujo, y por eso gastaba tanto. Pensaba que no podía ser que vendiera vestidos tan caros sin que fuese él mismo un auténtico derrochador. No sería coherente. Aquí tengo un libro muy bonito con todas sus casas, una estilo Memphis, otra Luis XVIII... Las construía como un fanático, pero en muchas no pasó ni una noche. Era la misma obsesión compulsiva por crear y tirar.

Siempre le han atraído personalidades extremas como Michael O’Leary, el controvertido CEO de Ryan Air, ¿por qué?

Ya ve que tengo cinco o seis libros sobre O’Leary. Hace poco tuvo una pequeña polémica con Elon Musk, que también me gusta. Si me atraen estas personalidades un tanto extravagantes es porque tengo la sensación de que no se adaptan al mundo, sino que es el mundo el que se adapta a ellos. No son personalidades, digamos, obedientes. No se doblegan fácilmente.

“Ya que estoy en el mundo del cine, ‘A tramp shining’, del actor Richard Harris”
“Ya que estoy en el mundo del cine, ‘A tramp shining’, del actor Richard Harris”Adrià Cañameras

¿Le interesa la moda más allá de Lagerfeld? Una vez le dije que iba muy elegante, y usted me contestó: No sé si es elegancia... Entonces, ¿qué era?

Estilo, probablemente. Siempre he estado un poco familiarizado con el mundo de la moda porque mi madre y mi abuela eran modistas. De muy joven conocí tanto la vanidad asociada al vestir como que la naturalidad es sinónimo de elegancia. No hay nada más fascinante que la ropa bien llevada, ya sean trajes super bien hechos de hombres o vestidos más barrocos de mujer. Soy un hombre y la moda de hombre tiene una raíz bastante conservadora y clásica, y tampoco me he sentido fascinado por grandes creadores que experimentan. De todos modos, me interesa más la moda en los demás. Han habido grandes modelos de elegancia masculina como Ian Fleming o Noel Coward. La elegancia británica me gusta más que la italiana, siempre y cuando no tenga que ver con el campo: el tweed, el color verde, los cuadros… Todo eso me parece horroroso. Por otro lado, estuve en Milán cuando Giorgio Armani acababa de morir. Lagerfeld lo adoraba, como a Miuccia Prada o Tom Ford. Todos los grandes creadores son muy interesantes. Aquel día en Milán había una melancolía en la ciudad que se notaba físicamente, porque había sido una persona muy querida. Hizo mucho por Milán y fue un gran trabajador. 

My favourite things


Un libro al que poder regresar siempre  Historia de la literatura universal, de Martín de Riquer y José María Valverde. Antes eran diez volúmenes, vuelvo a él constantemente. Probablemente sea uno de los libros que más he leído más en mi vida.

Su librería favorita  La Laie de Pau Claris y La Central en la calle Mallorca, ambas en Barcelona.

Un plato por encima de todos  Si fuera rico y pudiera escoger, cada día comería un pescado blanco al horno. Dorada, besugo, lo que sea. Me gusta más que el marisco.

Un disco que te guste particularmente  Ya que estoy en el mundo del cine, diré A Tramp Shinning, del actor Richard Harris.

Una ciudad en la que no haya vivido  Al margen de París y Barcelona, me gustan mucho Viena y Milán.