Lifestyle

¿Hay que agendar el sexo en el calendario?

Tendencia

El deseo compite con la agenda y la intimidad busca huecos entre 'calls', hojas de cálculo y notificaciones

Agendar en el calendario fechas para citas sexuales

Agendar en el calendario fechas para citas sexuales

Getty Images/iStockphoto

Lo que no está en el calendario del móvil no existe, y lo que no se contabiliza en una tabla de Excel no cuenta. Tenemos el tiempo optimizado en aplicaciones de productividad que en teoría hacen de nosotros personas más eficientes, pero lo que no entra en esas celdas se queda sin espacio porque hemos decidido no dejar sitio a la improvisación.

El sexo es uno de los grandes damnificados de la optimización de cada minuto. Una actividad que necesita de cierto aire se ahoga entre tareas urgentes e inapelables como pueden ser una call de trabajo –¿hay algo más cursi que llamar call a una reunión?, las extraescolares de los niños, la compra o la reunión de la comunidad de vecinos. La mayoría llega tan agotado a la noche que solo le apetece dormir para poder afrontar las nuevas tareas inapelables que marca el calendario del día siguiente.

El trabajo estresante hace tener menos tiempo para el sexo
El trabajo estresante hace tener menos tiempo para el sexoGetty Images/iStockphoto

Ante la constatación de que la fase pasional de una pareja dura unos dos años y después viene un período más tranquilo en que hay cierto peligro de acabar conviviendo con un compañero de piso, y ante nuestra disposición a milimetrar cada parcela de nuestro tiempo, los terapeutas aceptan como una idea válida que se agende el sexo en el calendario del móvil a fin de hacerle un hueco entre llevar al niño a natación y la call de las 16.15. El criterio es profesional: los encuentros sexuales son útiles para la salud de la pareja porque liman las asperezas cotidianas y son tan relajantes como tomar magnesio. 

Lo de que apetezca más o menos parece aquí un asunto menor. ¿Le apetece ir a la reunión de la junta de vecinos? No, pero se va. Al parecer le tenemos tanto respeto a calendario y a agendas que si aparece ahí lo haremos… y por el camino ya se irá viendo si aparece o no el deseo. Según los expertos si una relación es sana buscar el momento puede ser suficiente para tener un buen encuentro sexual, y por eso insisten en que se pelee por reservar unos minutos de intimidad.

No es que el sexo lo sea todo en una relación, de hecho una conversación a veces puede ser más íntima que un polvo

No es que el sexo lo sea todo en una relación, de hecho una conversación a veces puede ser más íntima que un polvo, pero es un elemento que fortalece a la pareja. Los optimizadores de relaciones, que son aquellas personas que organizan en un Excel sus citas románticas para elegir la mejor opción con datos objetivos y, si puede ser, matemáticos, otorgan un valor medio a la conexión sexual en una potencial pareja. En un amplio reportaje que les dedicó The Economist otorgaban al buen sexo aproximadamente un tercio del valor de una buena conversación, porque, argumentaba el autor de la hoja de cálculo que publicó el periódico británico, es probable que uno pase más tiempo hablando con su pareja que teniendo sexo.

Pero aparcar el sexo indefinidamente tampoco es buena idea. La psicoanalista Mariela Michelena, autora del libro Me cuesta tanto olvidarte y Mujeres malqueridas suele contar que ve tanto desconcierto en sus consultas que puede empatizar con quienes se abrazan a los calendarios, al Excel y a las ciencias exactas para poner algo de orden en su vida de pareja.

eE probable que uno pase más tiempo hablando con su pareja que teniendo sexo
EE probable que uno pase más tiempo hablando con su pareja que teniendo sexoGetty Images/iStockphoto

Los sexólogos ven en el estrés el gran enemigo del deseo sexual, y creen que planificar tiene la ventaja de ganar tiempo para preparar el escenario con la ambición de conseguir algo más que el aquí te pillo.... También apuntan a que el sexo planificado puede funcionar mejor para los hombres que no padecen disfunciones sexuales que para las mujeres, a quienes la propia agenda puede suponer más presión, y el sexo una tarea más que cumplimentar en el día.

Lo cierto es que habitamos en la dinámica de agendar y cancelar. Y cuantas más citas cerradas tenemos más nos apetece cancelar, al menos un par de ellas, a última hora.

Los sexólogos ven en el estrés el gran enemigo del deseo sexual, y creen que planificar tiene la ventaja de ganar tiempo

Algunos expertos en gestión del tiempo creen que interactuar con apps y calendarios digitales nos hace ser más laxos con nuestros compromisos. Dan Ariely, escritor y profesor de Psicología y Economía del Comportamiento de la Universidad de Duke, sostiene que la gente acepta más planes de los que realmente puede hacer porque es “increíblemente fácil” representarlos en un calendario y da cierta satisfacción creerse con una agenda de ministro y una vida ocupada.

Mapi Hermida, gestora de tiempo y autora del libro Sí te da la vida se muestra a favor de agendar los encuentros sexuales pero “con matices”. En su libro describe cómo la tiranía del reloj nos arrastra al modo hacer y termina por robarnos lo más valioso, la conexión con los que amamos. “Si no agendamos lo que realmente importa el peluseo mental y los ladrones de tiempo acabarán ocupando todo nuestro espacio. Agendar el sexo no es quitarle romanticismo es más bien una declaración de intenciones, es decir: eres mi prioridad y bloqueo este tiempo para ti”.

Reservar tiempo para los dos en pareja
Reservar tiempo para los dos en parejaGetty Images/iStockphoto

En la propuesta de rediseño de vida que Hermida plantea en su libro los encuentros sexuales se sitúan en “el tiempo de valor, nutritivo y sagrado, que tenemos que bloquear en nuestras agendas”. “El tiempo de pareja requiere atención plena, no es una tarea más, sino el momento de apagar el mundo exterior y conectar”, indica.

Esta experta coincide en que lo no está en nuestras agendas no existe, pero recomienda dejar espacios en blanco o colchones de tiempo en el horizonte semanal para la improvisación. “Agendar la cita asegura que ocurra y combate el desapego y la falta de comunicación, pero dejar huecos libres fomenta la chispa y la espontaneidad”, explica.

Al respecto de la tentación de llenar cada hueco de nuestro tiempo libre, el economista y premio Nobel Daniel Kahneman ya dejó descrito desde 1979 el término planning fallacy (la falacia de la agenda), un sesgo optimista con que suele estimarse el tiempo necesario para completar una tarea. Para Kahneman, el origen del sesgo estaba en ignorar el tiempo consumido en el pasado en una tarea similar. Esa referencia, clave para hacer un cálculo ajustado, se solía ignorar con un exceso de optimismo.

El dilema que no terminan de resolver es si conviene planificar con la misma minuciosidad el tiempo de ocio y el de trabajo

Desde entonces todo ha ido a peor a punto de que hoy estamos hablando aquí de agendar el sexo. La gestión del tiempo ha generado una industria de apps, calendarios, agendas digitales y analógicas para intentar corregir a impuntuales y procrastinadores. Algunos de estos gurús generan cientos de ataques de ansiedad con planteamientos como el siguiente: “Lo que hagas con tu vida irá en función de cómo emplees las 8.760 horas que tiene un año, o las casi 700.000 que suele durar la vida de un ser humano”. La autora de este cálculo tranquilizador es Laura Vanderkam, autora del superventas 168 Hours: You Have More Time Than You Think (168 horas: tienes más tiempo del que piensas).

El dilema que no terminan de resolver estos expertos es si conviene planificar con la misma minuciosidad el tiempo de ocio y el tiempo de trabajo, si conviene usar herramientas de productividad para organizar la vida personal, o si por el contrario, demasiada planificación mata la sorpresa que nos hace más libres y felices.

La espontaneidad se pierde y da paso a la desilusión y el desinterés
La espontaneidad se pierde y da paso a la desilusión y el desinterésGetty Images/iStockphoto

Un estudio conjunto de 2016 de la Universidad de Washington y la de Ohio intentó responder a estas preguntas, y concluyó que las actividades de ocio se disfrutaban más cuando no estaban “agendadas”. Para los autores, “no agendar” no significaba improvisar, sino proponer a la otra persona quedar después del trabajo a tomar algo sin fijar una hora concreta. “Por trivial que parezca ese cambio, reintroduce la flexibilidad en las actividades de ocio”, explica Selin A. Malkoc, coautor del estudio.

Vanderkam en su libro describe cómo se nos escapa el tiempo en una sociedad atrapada por la guerra de la atención. “Si no se trata el tiempo con intención, se escapa, se te escurren esas cuatro horas libres que tenías la tarde del viernes. En un mundo lleno de distracciones no se elegirá automáticamente la actividad más sana o relajante, sino la que se tenga más a mano. De esta manera, esas cuatro horas libres desaparecerán como una paloma entre las manos de un mago”. Vanderkam tampoco cree que haya que organizar el tiempo libre en un calendario militar. “Hay una enorme distancia entre no planificar nada y cronometrar hasta los últimos 10 minutos libres de la agenda, pero se pueden escribir dos o tres cosas que nos gustaría hacer el fin de semana”, explica. Quizás tener sexo sea una de ellas, ¿hay que meterlo en un Excel? Pues eso ya dependerá de la intendencia y el régimen administrativo de cada quien.

Etiquetas