La talla del problema: vuelve el canon anoréxico
Fashion week
Dos imágenes. Una clavícula. Una sombra en la pierna. Eso ha bastado para que el regulador británico prohíba unas imágenes de Zara por “fomentar la delgadez extrema”. Pero el verdadero problema no es lo que se ve, sino lo que representa

Maniquís con diferentes anchos de pierna en una tienda de Barcelona
“Es socialmente irresponsable.” Eso es lo que ha dictaminado la Advertising Standards Authority británica sobre un editorial de Zara en el que aparecían modelos —a su juicio— peligrosamente delgadas. El organismo regulador ha prohibido dos imágenes por considerar que sus poses y estilismos resaltaban de manera evidente la delgadez extrema: una clavícula sobresaliente convertida en eje compositivo, una sombra sobre la pierna que acentúa su delgadez, un moño tirante que esculpe un rostro que parece exhausto.
El caso ha desatado un debate en redes: ¿están esas modelos realmente tan delgadas como para censurarlas? ¿Es la delgadez en sí el problema, o lo es su representación como aspiracional? Más allá del veredicto de la ASA, el episodio pone el foco en una verdad incómoda: la delgadez sigue siendo el canon dominante en la moda. Y lo es de manera aún más insidiosa desde la normalización del uso de medicamentos como Ozempic —o sus derivados— para perder peso de forma rápida y constante, aunque no se sufra diabetes tipo 2, su indicación original.
Pero el debate no está —o no debería estar— en la salud individual de las modelos. Está en el marco que las acoge. Porque esta campaña, y su censura, no son un caso aislado: son síntoma de un clima general. Después de unos años en los que la moda parecía avanzar hacia una mayor inclusión de cuerpos diversos, estamos viviendo una regresión. Más que un cambio de tendencia, es una retirada. Un regreso a los cánones más restrictivos de la industria.
En el 2021, Paloma Elsesser protagonizaba la portada de Vogue y el sistema celebraba su apertura al pluralismo corporal. Pero aquella efervescencia duró poco. Según el último informe de Vogue Business, solo el 0,3% de los looks presentados para otoño 2025 fueron llevados por modelos plus size. Apenas un 2% por cuerpos de talla media —equivalentes a una 38-44 europea—. Todo lo demás fue delgadez extrema, de la que parece esculpida. El argumento —eterno— es que la ropa “queda mejor”. Pero lo que queda hoy es otra cosa: la voluntad de reinstaurar el canon.
Y no es casual. Como señalan algunos analistas, este repliegue coincide con un clima político y cultural más conservador. Lo que parecía una expansión progresista de la estética ha sido reemplazado por un retorno al ideal blanco, joven y muy delgado. El cuerpo que la moda vuelve a desear no es solo delgado: es mínimo, casi ausente.
En esa década se consolidó un concepto cuya sola mención ya genera alarma: la talla cero. El término, popularizado en EE.UU., surgió cuando las marcas empezaron a reducir el tallaje en paralelo al crecimiento de sus clientas. “Mis compañeras querían aumentar el tallaje para vender más, pero yo no quería perder a las clientas más pequeñas”, decía en una entrevista con la revista Glamour la diseñadora Nicole Miller. Así nació la talla 0 —equivalente a una 30-32 europea—, y con ella, el espejismo. Porque la talla 0 no nació para vestir cuerpos más delgados, sino para nombrarlos de forma más atractiva. A eso se le llama vanity sizing: cuanto menor es el número en la etiqueta, mayor es la satisfacción psicológica. El problema es que, mientras las tallas bajaban, los cuerpos reales crecían. Y la industria respondió con un sinsentido: las tallas negativas. Hoy existe la 00, e incluso la 000.
Por supuesto, estas etiquetas no son universales. Una talla 38 en España puede ser una 36 en Francia y una 40 en Alemania. Marcas como Brandy Melville lo dejan claro: su lema “One size fits most” —una talla sirve a casi todas— es en realidad “one size fits few” —una talla sirve a casi nadie—.
Zara ha argumentado que no recibió quejas directas por su campaña. Pero eso también puede ser un síntoma: hemos vuelto a normalizar un estándar de delgadez que hace solo unos años habíamos empezado a cuestionar. La pregunta no es si una modelo está médicamente sana. Es si ese cuerpo, convertido en imagen aspiracional, representa de forma justa y ética al público que consume moda.
No es solo un paso atrás. Es una declaración —implícita pero rotunda— de que el viejo canon nunca se fue del todo. Solo estaba esperando el momento para volver. No hay duda de que el cuerpo perfecto vuelve a ser el más pequeño posible. Lo que está por ver es si el público está dispuesto, una vez más, a intentar ajustarse a él.