El ‘aithlesure’, la moda étnica y la máxima precisión marcan la tendencia olímpica
Podio fashionista
Lululemon para Canadá y la omnipresencia de Omega como cronometrador oficial copan el podio paralelo de la moda junto a Ralph Lauren para Estados Unidos, EA7 para Italia y la sensacional propuesta de Stella Jean para Haití

La firma canadiense que nació para el yoga se ha convertido en un fenómeno global y la marca de athleisure que marca tendencia olímpica

En el medallero olímpico se impuso Noruega y le siguió Estados Unidos, pero en el podio paralelo de la moda la situación final no es exactamente la misma. Si Omega, omnipresente y única marca relojera en estos y todos los Juegos, ha sido la encargada de marcar el ritmo de todas y cada una de las competiciones y la ida y venida de una auténtica pasarela de famosos, con George Clooney y Park Bo-gum a la cabeza, en el terreno del prêt-à-porter Lululemon ha sido uno de los claros ganadores de esta particular competición fashionista con su equipación en rojo intenso para el equipo de Canadá.
Representando la nueva generación de marcas deportivas que saben dictar tendencia, ha brillado con luz propia junto a las propuestas de Ralph Lauren para Estados Unidos, la de Giorgio Armani jugando en casa con su línea deportiva EA7 (que sin embargo no supo trasladar a los gadgets vendidos en las tiendas oficiales) y la de la maravillosa Stella Jean para Haití.

Los uniformes olímpicos son mucho más que pura equipación o acercamiento a la moda. Crean identidad nacional, narrativa de marca y estrategia global que en el caso de Lululemon ha resultado particularmente interesante. Fundada por Chip Wilson en Vancouver en 1998, la firma comenzó especializada en ropa técnica para yoga femenino. Combinando alto rendimiento, patronaje ergonómico y su narrativa aspiracional de bienestar, se transformó en un imperio global del athleisure porque entendió antes que muchos que el consumidor exige prendas técnicas que trascendieran el gimnasio.
Tras expandir su línea al running, training y la moda urbana y desarrollar sus tejidos propios (Luon y Nulu) y crear experiencias con embajadores locales dio un paso más al conectar con el espíritu olímpico. La colección invernal para el equipo de Canadá no solo ha priorizado el aislamiento térmico y la movilidad sino que ha llevado al límite su versatilidad post competición o after pódium y su ADN y orgullo nacional añadiendo detalles emocionales y mensajes ocultos en el interior de las prendas para reforzar esa conexión atleta-nación.

Y si la moda viste el espectáculo, Omega mide su esencia. Desde 1932, la manufactura suiza es el cronometrador oficial de los Juegos Olímpicos. Fotofinish digitales, sensores en bloques de salida, sistemas de detección por chip. Es el cronometraje llevado al límite. No puede ser más fiable. El tiempo olímpico de hoy es tecnología y Omega su guardián, que ha capitalizado esta asociación mediante ediciones especiales de sus relojes Seamaster y Speedmaster así como la instalación de su sede particular en el corazón de Milán.
La manufactura relojera transformó durante quince días el célebre restaurante Cracco, dentro de la icónica Galleria Vittorio Emanuele II, en su en Omega Café by Cracco que visitaron los citados George Clooney y Park Bo-gum, además de la atleta estadounidense Allyson Felix, Marisa Tomei y Saul Nanni entre muchos otros.

Y, volviendo a la moda, enamoró el estilo de Ralph Lauren que convierte cada edición en una celebración del american spirit en clave universitaria, guiños western y referencias vintage pintadas en rojo blanco y azul y también la sofisticación minimalista de Armani bajo su línea deportiva EA7. Paletas sobrias, equilibrio entre sastrería y tecnología textil proyectando la herencia italiana bajo temperaturas extremas que, sin embargo, no se trasladó a los gadgets vendidos en las tiendas oficiales de los Juegos.

Y si Joma aportó funcionalidad y cercanía con sus uniformes para España (la firma toledana construyó una estética absolutamente reconocible todo al rojo con decididos toques amarillos), Stella Jean dio la campanada de moda más interesante de la competición con su equipación para Haití. Si la participación de esa delegación de solo dos atletas ya es en sí misma extraordinaria, lo que convirtió su presencia en un fenómeno global fue el uniforme de esta diseñadora italo-haitiana que ha hecho del mestizaje cultural y la reivindicación identitaria el corazón de su trabajo.
Nacida en Roma y de madre haitiana, ha construido su carrera combinando las sastrería italiana con la artesanía caribeña y africana defendiendo una moda ética, inclusiva y profundamente política. Su producción casi artesanal, para dos, ya se ha dicho, incluyó una carga emocional inmensa, gráfica, simbólica y a todo color.
