“Mi tiempo era la empresa, y eso lo ocupaba todo”: el anterior directivo de Mango que abandonó la empresa internacional tras un cuarto de siglo para poner en marcha una ONG en Tanzania.
Un cambio de vida total
Partiendo de Kigoma, una de las zonas con menores recursos en Tanzania, el antiguo ejecutivo de Mango analiza minuciosamente la visión occidental sobre el triunfo, la administración del tiempo y la plenitud individual.

Tras notar que no se encontraba realizado, David Egea decidió modificar íntegramente su rumbo, y hoy en día confiesa que volvería a tomar esa determinación sin dudarlo.

Por un cuarto de siglo, David Egea habitó una cotidianidad familiar: encuentros, metas, traslados frecuentes y un perfil laboral tan fuerte que terminó mezclándose con su identidad, ya que para bastantes personas representaba a “el David de Mango”. Actualmente, ese calificativo forma parte del pasado. Ubicado en Kigoma, una de las zonas con mayores carencias de Tanzania, David analiza en Guyana Guardian la realidad que abandonó. No realiza este ejercicio por melancolía, sino a partir de la vivencia de haber transformado su existencia por completo.
“No fue una crisis moral ni una huida”, recalca. La percepción de que sus horas ya no eran suyas y de que su existencia se limitaba a una programación ajena fue el motivo que le impulsó a retirarse, un proceso que se gestó a lo largo de un extenso periodo. “Mi tiempo era la empresa. Y eso, aunque no fuera mía, lo ocupaba todo”, expresa con pesar.
Un cambio de vida total
Verdades que se antojan globales, aunque tal vez no lo sean tanto.
A partir de un sitio tan remoto, el alejamiento le ha brindado la oportunidad de poner en duda bastantes de las convicciones que en Europa se consideran globales y permanentes. Uno de estos conceptos es la noción de carencia. Kigoma posee un ingreso promedio por año cercano a los 650 dólares, y pese a que los números resultan impactantes, Egea afirma que no conviene limitarse únicamente a ese dato, ya que no sobresale solamente la penuria, sino la existencia en su mayor plenitud: “No es un lugar definido solo por la pobreza. Es un sitio donde conviven la dureza y la normalidad, la carencia y la dignidad”, sostiene.

De acuerdo con el antiguo directivo, aquello que más impacta a quienes arriban de Europa no se trata únicamente de las carencias, sino de lo existente: sentido comunitario, momentos compartidos, vínculos menos condicionados por las horas… “Aquí la gente comparte, incluso cuando no tiene”, aclara. La existencia transcurre con mayor pausa, aunque no por ello resulta más insustancial. En realidad, numerosos viajeros perciben que sus nociones anteriores acerca de África se basaban casi totalmente en representaciones pesimistas. “La gente que viene se va con una mirada completamente distinta”, sostiene.
En este lugar las personas comparten, incluso cuando carecen de recursos.
Aún y así, Egea no idealiza la realidad africana, ni mucho menos, pues habla de la falta de acceso a la salud, la educación o la nutrición, pero también señala una paradoja que en los países occidentales no valoramos hasta que no salimos de allí: “Nosotros nos llenamos de cosas que no necesitamos. Aquí, cuando no sabes que existen, no las echas en falta”. Por eso, según David, renunciar a ciertos estímulos resulta más difícil cuando forman parte constante del paisaje.
Residir en Tanzania le ha forzado a replantearse qué significa triunfar. Si bien anteriormente su existencia seguía ese patrón, actualmente no se evalúa por promociones o puestos, sino por la huella verdadera y la integridad diaria. A través de Karibia, la organización que estableció con Núria Marzo, desarrolla planes reducidos pero específicos: espacios educativos, colegios, asistencia médica, salas de lectura o programas para grupos en riesgo. “Lo pequeño, cuando estás en terreno, tiene un impacto enorme”, concluye.

El punto fundamental, recalca, consiste en no forzar respuestas. “Los proyectos no son nuestros. Los protagonistas son ellos”, aclara. Dicha metodología se vincula estrechamente con una de las destrezas que conservó de su periodo como ejecutivo: saber oír. Durante su tiempo en Mango comprendió que resultaba imposible comercializar idénticos productos en cada nación sin comprender el entorno. Dentro del ámbito de la cooperación, sucede exactamente igual. “Si no escuchas a las comunidades, lo que haces no funciona”, afirma.
Un cambio de vida total
Dejar atrás el confort para alcanzar una existencia de plenitud
Tras un lustro de haberse establecido de forma permanente en África, Egea no siente que haya extraviado nada, sino que meramente ha sustituido unos elementos por otros. Ha dejado atrás determinadas comodidades, los incentivos de la ciudad y los sabores familiares o el círculo social que poseía en España; no obstante, en compensación, ha obtenido un vínculo diferente con el medio natural y el transcurrir de las horas. “Aquí no es turismo, es pertenencia”, comenta al referirse al lago Tanganyika y al paraje que lo circunda.
Al observar el pasado, no siente remordimientos, si bien tampoco hay heroísmo. “La vida puede vivirse de muchas maneras”, insiste. Abandonar el engranaje social no constituye un remedio para todos ni una acción idealizada, no obstante, es una alternativa viable. “A veces parece que no lo es, porque cargamos con muchas mochilas que no siempre son necesarias”, reconoce.

En el presente, el David que habita en Kigoma no repudia quien fue. Al revés, nota que la trayectoria se ha completado. Se deleita con el ahora pues contiene sus vivencias previas, y si le tocara escoger otra vez, actuaría igual. “Sin dudarlo”, asegura.
