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“El mundo está educando a nuestros hijos en valores”: crecer sin colegio fijo y sin un país al que llamar hogar

Así educan a sus 3 hijos mientras viajan por el mundo

Marta y Daniel han criado a sus tres hijos durante siete años sobre ruedas 

Mientras el mundo cambia de paisaje cada pocas semanas, ellos han aprendido a hacer de la educación algo vivo, flexible y profundamente humano

Junto a su camión, viajan juntos a todos lados y aseguran que el viaje seguirá siempre que estén juntos

Junto a su camión, viajan juntos a todos lados y aseguran que el viaje seguirá siempre que estén juntos

Cedida

Durante años, cada vez que alguien escucha la historia de Los Mundouna familia de españoles que vive y viaja en camión desde hace siete años con tres hijos— la pregunta aparece casi de inmediato: ¿y la escuela? No es simple curiosidad, sino un reflejo de una sociedad que asocia educación con aula, pupitre y estabilidad geográfica. Marta y Daniel lo saben bien. La han escuchado tantas veces que ya no la esquivan, y hablan de ello sin tapujos en Guyana Guardian.

Sus hijos, Tao, Dhara y Erik, no han tenido nunca un colegio fijo ni compañeros que se repitan curso tras curso. En lugar de eso, han aprendido a vivir en movimiento, a adaptarse a países, idiomas y realidades que cambian constantemente. “Educar viajando no es enseñar menos, es acompañar más”, dicen. No como una consigna alternativa, sino como una conclusión a la que han llegado con el tiempo.

Educar a 3 hijos viajando

'Homeschooling'

El homeschooling no fue, al inicio, una decisión ideológica, sino una consecuencia lógica de su forma de vivir. Viajar de país en país hacía inviable cualquier escolarización convencional. Pero con los años, lo que empezó como una solución práctica se transformó en una forma distinta de entender el aprendizaje. “Nos dimos cuenta de que la educación no ocurre solo cuando te sientas a estudiar. Ocurre cuando observas cómo vive la gente, cuando preguntas, cuando comparas, cuando algo te incomoda”, explican.

Poder aprender desde cualquier lugar del mundo es una experiencia increíble
Poder aprender desde cualquier lugar del mundo es una experiencia increíbleCedida

En el camión no hay horarios rígidos ni campanas que marquen el ritmo del día, pero sí rutinas, aunque flexibles, adaptables y necesarias. Los niños estudian, leen, escriben y trabajan contenidos académicos, pero sin la presión de cumplir un temario cerrado en una fecha concreta. “Hemos aprendido a bajar el ritmo. Moverte demasiado agota, especialmente a los niños. Parar también es parte del viaje”, reconocen. Por eso, cuando detectan cansancio o irritabilidad, hacen estancias largas, de un mes o más, para que todo se asiente.

La gran diferencia, dicen, no está en lo académico, sino en lo humano. Sus hijos se relacionan con adultos y niños de cualquier contexto con una naturalidad que a veces les sorprende. Juegan con hijos de familias locales, con niños de tribus muy pobres, con chavales de skateparks improvisados en África o de escuelas rurales en América Latina. Sin barreras sociales, sin prejuicios aprendidos. “Ahí ves lo que ha hecho el viaje en ellos. No distinguen por clase social o por raza. Se relacionan desde lo humano”, reconocen orgullosos.

A veces te das cuenta de que están interiorizando cosas que no tocarían hasta mucho más tarde

Los Mundo

Ese aprendizaje no está en los libros. Está en frases que aparecen cuando menos lo esperan. Como cuando, en medio de un problema mecánico grave con el camión en África, uno de sus hijos respondió a un comentario de sus padres con una lucidez impropia de alguien de su edad: “¿Mala suerte? Viendo cómo vive la mayoría de la gente aquí, nosotros somos los más afortunados”. Y eso es algo que ningún examen ni currículum te da.

Gracias a los viajes y a tantas experiencias, los niños han aprendido cosas que jamás podrían haber sido posibles de otra forma
Gracias a los viajes y a tantas experiencias, los niños han aprendido cosas que jamás podrían haber sido posibles de otra formaCedida

Viajar también les ha enseñado a cuestionar lo que daban por normal, como los juguetes, por ejemplo. Lo que para un niño europeo es poco, para otros es un lujo, y sus hijos son conscientes de ello, pues preguntan, comparan y reflexionan. “A veces te das cuenta de que están interiorizando cosas que no tocarían hasta mucho más tarde”, explican. Y esa es una madurez que no nace de la exigencia, sino de la exposición constante a realidades distintas.

Eso no significa que todo sea fácil, al contrario, ya que educar en movimiento exige una atención constante. Los niños no siempre verbalizan el cansancio, pero lo muestran, y a veces se nota una mayor sensibilidad, más irritabilidad y menos paciencia. “Muchas veces el problema no es emocional, es acumulación”, explican. Demasiados kilómetros, demasiada información, demasiado estímulo, y aprender a leer esas señales ha sido clave para sostener el equilibrio familiar.

Educar a 3 hijos viajando

Un futuro incierto

Con el paso de los años, también han empezado a aparecer nuevas preguntas. Especialmente con el hijo mayor, que comienza a tener intereses que requieren más continuidad: un deporte, una disciplina, una pasión que no encaja del todo con el cambio constante. Lejos de vivirlo como un fracaso del modelo, Marta y Daniel lo interpretan como parte del proceso. “El viaje es familiar. Y cuando uno empieza a necesitar otra cosa, hay que escucharlo”, dicen.

Juntos han visitado lugares que ni en los mejores sueños hubieran imaginado
Juntos han visitado lugares que ni en los mejores sueños hubieran imaginadoCedida

Por eso hablan de transformación, no de final. Quizá estancias más largas, quizá un año o dos en un mismo país. Tal vez Sudáfrica, tal vez México. No lo saben, y no les inquieta no saberlo. La educación, como el viaje, se adapta. “No se trata de volver o no volver. Se trata de encontrar qué necesita cada uno en cada momento”, explican.

Si algo han aprendido en estos siete años es que la estabilidad no siempre viene de lo externo. A veces nace del vínculo, de estar juntos, de escucharse y de sostenerse incluso cuando no hay certezas. “Porque la escuela no es un edificio. Es la forma en la que miras el mundo. Y eso, viaje o no viaje, se aprende en casa”, concluyen.

Joel Sáez Vargas

Joel Sáez Vargas

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Graduado en la Universitat Internacional de Catalunya y con un máster de periodismo deportivo cursado en UPF Barcelona School of Management he trabajado durante estos años en proyectos de redacción, cobertura de eventos y creación de contenido para redes sociales. Actualmente en el equipo de Audiencias de Guyana Guardian.

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