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“Nuestro hogar no es un país, es el camión donde vivimos los cinco”: la familia catalana que lleva siete años dando la vuelta al mundo con tres hijos

Vivir viajando en familia 

Marta y Daniel llevan siete años viajando sin casa fija, criando a tres hijos sobre ruedas y aprendiendo a convivir con la incertidumbre, el cansancio y una libertad que lo multiplica todo

Marta y Daniel han aprendido a ver la vida de forma distinta, y junto a sus hijos han creado una comunión viajera que no suele ser habitual

Marta y Daniel han aprendido a ver la vida de forma distinta, y junto a sus hijos han creado una comunión viajera que no suele ser habitual

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Españoles en el extranjero 

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Marta y Daniel no hablan de viajar, hablan de vivir. Conocidos como Los Mundo en redes sociales, donde cuentan con una amplia comunidad de seguidores, desde hace siete años, su casa es un camión y su familia —ellos dos y sus tres hijos, Tao, Dhara y Erik— ha aprendido a organizar la vida en pocos metros cuadrados, con lo justo y con el mundo siempre cambiando fuera de la ventana. No hay llaves, ni buzón, ni dirección fija, sino ruedas, rutinas flexibles y una convivencia intensa que no admite escapatorias.

Han cruzado América de punta a punta, han criado a sus hijos en movimiento, han atravesado una pandemia, conflictos sociales inesperados y ahora recorren África con el mismo camión, las mismas preguntas y una certeza que se ha ido construyendo con los años: el viaje no es una etapa, es la forma que han encontrado de estar juntos.

Más allá de los mapas y las fotografías, lo que explican en Guyana Guardian tiene que ver con la vida cotidiana: educar sin aula fija, convivir sin puertas que cerrar y aprender a parar cuando el cansancio se acumula. Una experiencia intensa, compartida en pocos metros cuadrados, que hoy les lleva a preguntarse si esta etapa, tal como la han vivido hasta ahora, está a punto de transformarse.

Vivir viajando en familia 

Una decisión difícil

Hace siete años decidieron dejarlo todo para vivir viajando con sus tres hijos. ¿Cuál fue el momento exacto en el que tomaron la decisión?

No hubo un día concreto ni un impulso repentino. Fue un proceso largo, de muchas conversaciones y preguntas internas. Cada vez sentíamos con más claridad que queríamos vivir de otra manera, pasar más tiempo juntos y criar a nuestros hijos desde otro lugar. El viaje no fue una huida, sino una elección consciente.

Tras recorrer millones de kilómetros, han visitado lugares que ni en los mejores sueños podrían haber imaginado
Tras recorrer millones de kilómetros, han visitado lugares que ni en los mejores sueños podrían haber imaginadoCedida

¿Cómo recuerdan aquel día en el que enviaron el camión a Uruguay y subieron al avión sin fecha de regreso? ¿Hubo miedo real?

Muchísimo. Siempre decimos que la parte más difícil de todo no es el viaje, sino el momento previo. Desde que tomas la decisión hasta que te subes al avión. Ahí tienes que lidiar con la familia, con el entorno, con el sistema y contigo mismo. Una vez arrancas, todo resulta mucho más fácil de lo que te imaginas desde casa.

El viaje no es una postal constante. Es vida real concentrada en pocos metros cuadrados

Daniel Gimeno 

¿Ha habido algún país o situación en la que realmente se hayan sentido en peligro viajando con niños?

El miedo nunca desaparece del todo. Cambia de forma, pero siempre está ahí. En Ecuador, por ejemplo, nos pilló una revuelta social enorme. De un día para otro el país quedó bloqueado: carreteras cortadas, desabastecimiento, enfrentamientos. Estuvimos quince días atrapados en casa de unos amigos sin saber cuándo acabaría.

El cónsul español llegó a llamarnos preocupado por los niños. No vivimos violencia directa, pero la incertidumbre era constante. Y eso pesa mucho cuando viajas en familia.

También vivieron episodios de violencia en México. ¿Cómo se gestionan situaciones así con hijos?

En San Cristóbal de las Casas vivimos dos balaceras. Una con nosotros presentes, refugiados en una escuela; otra cuando los niños volvían del colegio en taxi y no estábamos con ellos. Ahí fue más duro. Aun así, fueron episodios muy puntuales. En general, nos hemos sentido muy seguros viajando.

Aunque vivir en un camión no siempre es fácil, ellos han encontrado de optimizarlo lo mejor posible
Aunque vivir en un camión no siempre es fácil, ellos han encontrado de optimizarlo lo mejor posibleCedida

Aprendes que los puntos realmente peligrosos están muy localizados. Como viajeros, desarrollas protocolos: sabes dónde quedarte, por dónde no pasar, cuándo parar. La rutina y la gente local nos han protegido siempre.

Vivir viajando en familia 

El día a día viviendo en un camión

Viven los cinco dentro de un camión. ¿Cómo es, de verdad, el día a día en un espacio tan reducido?

No es cómodo, y eso es importante decirlo. Vivir en un camión implica una logística constante que consume mucha energía. Cada semana hay que buscar agua, gestionar residuos, limpiar, organizar espacios mínimos. Cosas muy básicas que, al no ser automáticas, pesan mucho más de lo que parece.

Hay días en los que estás cansado solo de sostener lo esencial. El baño, la comida, el orden… todo requiere planificación. Es una vida simple, pero no fácil.

¿Cómo afecta eso a la convivencia familiar?

Al principio fue lo más difícil. Pasar de tener espacios propios a estar los cinco juntos 24/7 es un choque fuerte. No hay escapatorias. Hay discusiones, enfados, cansancio en pareja. Somos una familia normal, con luces y sombras, solo que todo ocurre en pocos metros cuadrados.

Con el tiempo aprendes a escucharte y a detectar cuándo alguien está sobrepasado. Hoy estamos mucho más acostumbrados, pero al inicio fue muy intenso.

Ver cómo los niños disfrutan este proceso es lo que hace a Marta y Daniel sentirse vivos
Ver cómo los niños disfrutan este proceso es lo que hace a Marta y Daniel sentirse vivosCedida

¿Tienen rutinas o todo es improvisación constante?

Tenemos rutinas, aunque sean flexibles. Mucha gente cree que no existen, pero son necesarias. El problema es cuando quieres verlo todo, moverte demasiado, acumular kilómetros. Eso agota, especialmente a los niños.

Hemos aprendido que parar también forma parte del viaje. Hacemos estancias largas, de un mes o más, para bajar la intensidad, procesar lo vivido y recuperar equilibrio.

Viajar así exige mucha observación y mucha comunicación, también con lo que no se dice

Marta Bruyel

Hablan mucho del cansancio mental. ¿Cómo se manifiesta ese desgaste?

Muchas veces estás estresado y ni siquiera sabes por qué. No hay un problema concreto, es acumulación. Los niños están más irritables, los adultos más tensos. No siempre lo saben verbalizar, pero lo ves.

Cuando detectamos esas señales, bajamos el ritmo. Paramos. Ajustamos. Viajar así exige mucha observación y mucha comunicación, también con lo que no se dice.

Vivir viajando en familia

África, un lugar impresionante 

Ahora están recorriendo África. ¿Qué les está sorprendiendo más del continente y de hacerlo con tres niños?

Que no es tan inaccesible como imaginábamos. Viajar por África es una aventura, sí, pero el sur del continente está bastante preparado. Hay controles policiales, carreteras en mal estado, malaria, fauna salvaje… no es sencillo, pero se puede.

Lo que más nos impacta es la vida salvaje. Hay zonas donde no puedes bajar del camión porque tienes leones alrededor. Eso genera un nivel de tensión mayor que en América.

Gracias a los viajes y a tantas experiencias, los niños han aprendido cosas que jamás podrían haber sido posibles de otra forma
Gracias a los viajes y a tantas experiencias, los niños han aprendido cosas que jamás podrían haber sido posibles de otra formaCedida

¿Y el contacto humano?

Increíble. La gente es muy abierta y curiosa. Los niños conectan enseguida con otros niños, sin barreras sociales, económicas o raciales. Hemos visto a nuestros hijos jugar con niños de tribus muy pobres con una naturalidad absoluta. Eso, como padres, te remueve profundamente.

Vivir viajando en familia 

La escuela de los niños

Sus hijos estudian con homeschooling. ¿Qué creen que han aprendido viajando que no habrían aprendido en una escuela tradicional?

Han aprendido a relacionarse con todo el mundo, a adaptarse, a observar y a cuestionar. Tienen una conciencia social y una madurez que nos sorprende. Una vez, en África, en un momento complicado con el camión, uno de ellos nos dijo: “¿Mala suerte? Viendo cómo vive la mayoría de la gente aquí, nosotros somos los más afortunados”. Eso no se aprende en un libro.

Después de tantos años sin casa fija, ¿qué significa hoy “hogar” para ustedes?

Hogar es el camión. Es estar juntos. No tiene que ver con un país ni con una dirección. Donde estamos los cinco, ahí está nuestra casa.

Aunque no saben lo que les deparará el futuro, tienen claro que sea lo que sea será estando juntos
Aunque no saben lo que les deparará el futuro, tienen claro que sea lo que sea será estando juntosCedida

Comentan que quizá están cerca de un punto de inflexión, sobre todo por su hijo mayor. ¿Cómo se gestiona eso?

El viaje es familiar. Y cuando uno empieza a necesitar otra cosa, hay que escucharlo. El mayor empieza a tener otras inquietudes, ganas de profundizar en intereses que requieren más estabilidad.

No hablamos de volver necesariamente, sino de transformar el viaje: estancias más largas, menos movimiento, proyectos distintos. Todo será orgánico.

Escucharnos ha sido clave para no rompernos en el camino

Daniel Gimeno

Dentro de la pareja, ¿cómo se convive con ritmos tan distintos?

Viajar no elimina las diferencias, las expone. Uno necesita moverse más, el otro parar. Somos antagónicos en ritmo vital y eso obliga a negociar constantemente. Escucharnos ha sido clave para no rompernos en el camino.

Si otra familia les dijera que quiere hacer lo mismo, ¿cuál es la verdad que nadie cuenta sobre viajar por el mundo con niños?

Que es muy intenso. Para lo bueno y para lo malo. Los momentos buenos son increíbles, pero los malos también se amplifican. No es cómodo ni fácil. Hay cansancio, peleas, incertidumbre, falta de tiempo personal… Pero también hay una libertad que lo compensa todo. Y algo importante: siempre se puede volver. Lo que dejas atrás sigue ahí. Lo difícil es irte. Volver es mucho más fácil de lo que creemos.

Joel Sáez Vargas

Joel Sáez Vargas

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Graduado en la Universitat Internacional de Catalunya y con un máster de periodismo deportivo cursado en UPF Barcelona School of Management he trabajado durante estos años en proyectos de redacción, cobertura de eventos y creación de contenido para redes sociales. Actualmente en el equipo de Audiencias de Guyana Guardian.

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