El pequeño municipio de Málaga donde creció Canco Rodríguez: “Es un lugar mágico, como en una película de ‘El señor de los anillos’”
En Málaga
El artista malagueño simultanea su reciente triunfo en el último programa de interiorismo de la televisión estatal con la memoria de su pasado en la Alta Axarquía.

Canco Rodríguez, en una imagen de redes sociales.

Una trayectoria de ida y vuelta entre la actuación y los contenidos de televisión. Canco Rodríguez vive un periodo de madurez laboral que lo coloca, todos los lunes, ante las cámaras de DecoMasters en La 1. En este reciente espacio de decoración el intérprete se junta con su antiguo colega de elenco en Aida Eduardo Casanova. Los dos ofrecen escenas de mucha espontaneidad que han fascinado al público desde su lanzamiento la semana anterior. No obstante, tras el ajetreo de Madrid y la iluminación de los grandes estudios, hay un retiro de roca y cumbres que marca la identidad del carismático artista.
Quien interpretara al emblemático Barajas en Aída ubica su referente íntimo en Alfarnate, un pueblo que desafía la imagen convencional de la costa malagueña. Localizado a 888 metros sobre el nivel del mar, este sitio se posiciona como el municipio más elevado de la provincia, cercado por las sierras de Enmedio, Palomera y Jobo. Dentro de este paisaje de cumbres pronunciadas y firmamentos despejados, el actor moldeó un carácter que ahora transmite en sus diversas labores, manteniendo siempre un vínculo constante con el lugar de sus orígenes.

“Es un lugar mágico”
El peculiar escondite de montaña del intérprete en la Alta Axarquía
El vínculo de Rodríguez con su pueblo de origen trasciende lo meramente geográfico para convertirse en un manifiesto de valores. Durante una entrevista otorgada a Diario Sur en 2021, el actor explicaba detalladamente el atractivo de su región: “Es un lugar mágico, como en una película de El señor de los anillos”. Dicha perspectiva poética armoniza con el relieve de la localidad, un semipoljé flanqueado por cumbres como el Chamizo, que crea un entorno prácticamente onírico: “Es como un pequeño portal de Belén, metido entre montañas, es como La Comarca de los Hobbit”, relataba con añoranza.
Para el intérprete, el monte del Santo Cristo constituye el apogeo de dicha espiritualidad silvestre. “Es un lugar mágico de verdad, como de una novela de Tolkien, con las piedras, los árboles y esa combinación de la naturaleza”, relataba a la mencionada publicación malagueña. Sus recuerdos traen a la mente inviernos nevados y veranos de paz total, equiparando la estampa de las viviendas blancas desde la cumbre con secuencias de cine. En este paraje, el actor sugiere extraviarse por el “sendero de las Pilas”, inhalando aire limpio y aliviando el calor en manantiales de roca calcárea que parecen anclados en el pasado.

La vinculación de Canco llega hasta los fogones, donde cobran relevancia los garbanzos de Alfarnate, ensalzados tiempo atrás por Juan Valera. El intérprete rememora con cariño sus comidas en “algún puchero en la fonda”, un rincón que le evoca la cinta El viaje a ninguna parte. Los platos regionales, caracterizados por el “morrete” de setas o el “plato de los montes”, enriquecen un patrimonio cultural que integra la mítica Venta de Alfarnate, la de mayor antigüedad en Andalucía, en la que historias de fugitivos como Luis Candelas siguen vibrando tras sus muros.
Enclave de ensueño
La herencia histórica y social de una localidad que fascina al intérprete
La herencia civil y sacra de Alfarnate consolida ese ambiente de crónica de antaño. La Iglesia de Santa Ana, provista de su torre mudéjar, y la Ermita de Monsalud encabezan un conjunto de vías estrechas y pasadizos con arcos mudéjares como el de Aljófar. Canco subraya la nobleza de su gente, dueños del “espíritu de acoger al visitante”. Alfarnate, llamado “el lugar”, preserva ritos particulares como la “Sakura”, motivada por el brote del cerezo, y la Embajada de Moros y Cristianos, donde las palabras del romance anónimo Las Relaciones vibran en la plaza desde hace centurias.

Este entorno legendario, que abarca el relato del forajido Candiles y la emblemática roca que bautizó a “palancos”, continúa impulsando los sentimientos del intérprete. Rodeado de roscos carreros y la fragancia del resoli, Rodríguez siente la lejanía de su residencia en Madrid. Al tiempo que concursa junto a Casanova en el programa de diseño, Rodríguez insiste en ensalzar la humildad de su localidad: “La gente está feliz, me cuentan historias de mis abuelos”. Según su visión, Alfarnate representa el santuario donde, después de atravesar el puente romano del Morales, los minutos se pausan y la imaginación despega nuevamente.