La Terremoto de Alcorcón es ciudad
Raíces onubenses
La polifacética artista de Madrid une su trabajo

Pepa Charro, 'La Terremoto de Alcorcón', en una imagen de archivo.

Que era una artista multidisciplinar no era ningún secreto. Que podía probar suerte como decoradora quizás tampoco. Sobre todo al revisar su trayectoria en formatos que han permitido conocer sus otras muchas vertientes. De imitar en Tu cara me suena a cocinar en MasterChef Celebrity e incluso colarse en la final de Maestros de la costura Celebrity, ahora la cantante, actriz y vedette María José Charro Galán ha regresado a la pequeña pantalla. Lo ha hecho como una de las piezas clave de DecoMasters en La 1, donde su complicidad con el diseñador Eduardo Navarrete vuelve a ser el motor de un formato que trasciende el mero entretenimiento para entrar en el terreno de la estética y el diseño de interiores.
Sin embargo, tras el brillo de las lentejuelas y los looks extravagantes de La Terremoto de Alcorcón, se esconde Pepa. Aunque nació en Madrid en 1977, su identidad está ligada de forma indisoluble a la luz del sur. Hija de madre palmerina, la artista se crio en La Palma del Condado, un municipio de algo más de 10.000 habitantes que representa el corazón de la comarca Condado-campiña. Esta vinculación no es solo un recuerdo de infancia, sino una militancia pública que en ocasiones la lleva a presentarse orgullosa bajo su nombre completo: María José del Valle. Este segundo nombre, como ella misma aclaró recientemente en Pasapalabra en 2024, es un “homenaje a la Virgen del Valle”, patrona de la localidad onubense.
Para el recuerdo
Una niñez transcurrida entre parras y el legado de un linaje del Condado de Huelva.
La relación de Pepa con esta tierra es genética y emocional. Según declaraba en una entrevista para el medio Huelva Buenas Noticias en 2015, sus raíces se extienden por toda la comarca: “Mi madre es de La Palma, mi abuela de Niebla y mi abuelo de Villalba”. Esta herencia configuró una infancia marcada por la estacionalidad del regreso al hogar materno. “Cada verano, mi vida empezaba el 1 de agosto y acababa el 31 de Despeñaperros para arriba”, recordaba la actriz. En sus palabras, la identidad palmerina se define por elementos tan sensoriales como “la niebla fantasma que poblaba algunas noches” o un acento que persiste en ella misma y definía entonces como una “fusión madrileña-choquera”.

Esta localidad, situada a 42 kilómetros de la capital onubense, destaca por una orografía de valles y colinas donde la cultura del vino es el eje vertebrador. Con una extensión de 61 kilómetros cuadrados, La Palma del Condado goza de una importancia histórica que se remonta a la Edad del Bronce y la época romana, como atestiguan los restos de la necrópolis de San Nicolás. El rigor histórico del municipio se refleja en su casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural en 2002. Entre sus muros, destaca la iglesia parroquial de San Juan Bautista, una joya del barroco andaluz del siglo XVIII levantada tras el terremoto de Lisboa.
La Palma del Condado no es solo un escenario de paso para la vedette, sino un refugio que ella defiende como “la gran desconocida”. Su compromiso con el municipio fue reconocido oficialmente el 24 de junio de 2016, durante la celebración del Día de La Palma. Aquella jornada, la artista recibió la Medalla de La Palma a la Cultura y las Artes. Este galardón la convirtió formalmente en “palmerina ilustre”, un título que ostenta con el mismo orgullo con el que ejerce de pregonera en Alcorcón o Palma de Mallorca, ciudades que también han marcado su devenir profesional.

Jamón, coquinas y gambas
Gastronomía típica que la artista quiere a su lado en todas partes
Más allá del fervor religioso hacia la Virgen del Valle, la vida en este pueblo onubense está ligada a la tierra. La Palma es cabecera de partido judicial y un nudo logístico relevante gracias a su estación de ferrocarril neomudéjar de 1880. En lo gastronómico, la artista ejerce de embajadora incansable. “Yo me llevaría tres cosas a una isla desierta: jamón, coquinas y gambas de Huelva”, afirmaba tajante en la entrevista antes citada. Incluso en sus negocios personales, como el bar Flexas en Mallorca, ha integrado productos de su tierra, asegurando que sus clientes “se comen hasta los bigotes” de las gambas blancas que hace llegar desde el litoral onubense.
El futuro de la artista parece estar, tarde o temprano, destinado a volver a estas calles donde el plato típico son las habas con poleo. Pepa ha manifestado en diversas ocasiones que visualiza su jubilación entre los bancos de mármol y las plazas de abasto que tanto defiende. Mientras ese momento llega, continúa su carrera en la televisión nacional, pero siempre con el guiño cómplice a su pueblo. Como ella misma bromeó sobre su deseo de reconocimiento en la provincia que la vio crecer: “Ya que no me ponen la rotonda en Alcorcón, ¡que me la pongan en Huelva!”. Deseo concedido, porque la de Alcorcón le llegó en 2024. Quién sabe si la próxima podría estar al caer.