Lourdes Gjivoje, experta en el ámbito de la sexología: “Los matrimonios largos pueden perder el apetito sexual, pero no por ser mayores”
Deseo y amor
¿Acaso el transcurso de los años aumenta, reduce o modifica la libido en los vínculos de larga duración? Una especialista aclara las dudas más personales que surgen a lo largo de la madurez.

Lourdes Gjivoje, sexóloga

Los vínculos duraderos, aquellos que suman muchos años y diversas fases de la vida, acostumbran a generar interrogantes similares: ¿permanece el afecto?, ¿se mantiene la atracción?, ¿qué pasa con el ardor? En torno a ellas circulan conceptos equivocados acerca de la evolución de tales emociones conforme transcurren los años. ¿Resulta ser verdaderamente la vejez el factor que motiva la disminución de la actividad íntima?
Se hallan parejas con más de 30 o 40 años de historia donde las risas y los gestos afectuosos son habituales. ¿Sigue habiendo espacio para la vida íntima? Las alteraciones hormonales, las etapas críticas o el contexto pueden influir, pero no resultan decisivos. De esta forma lo relata en una charla con Guyana Guardian Lourdes Gjivoje, psicóloga experta en formación sexual y apoyo sexológico: “Se piensa que cuanto más años juntos, menor es la vida sexual, pero no tiene por qué ser así”.
La experta enfatiza lo fundamental que resulta el diálogo en los vínculos sentimentales y asegura que el afecto apasionado no se limita únicamente a la etapa inicial, sino que es capaz de mantenerse —y evolucionar— durante toda una trayectoria compartida.
Al transcurrir 20, 30 o 40 años de convivencia, ¿qué tiende a suceder con su intimidad sexual?
La actividad íntima evoluciona a través del tiempo para cada integrante de la relación y, lógicamente, de forma colectiva. Existe la idea de que a mayor duración del vínculo, disminuye el contacto erótico, aunque esto no resulta necesariamente verídico. Ciertamente hay un factor real, puesto que los niveles hormonales varían de manera forzosa tanto en hombres como en mujeres, provocando que la libido y las ganas de intimar disminuyan de forma notable. No obstante, repercute considerablemente la clase de interacción amatoria que mantengan los miembros de la pareja, dado que si los dos se esfuerzan por conservar su intimidad, esta no tiene por qué deteriorarse tanto como habitualmente se piensa.

¿La disminución del deseo tiene que ver con la edad o con la historia que comparten?
La reducción o alteración del interés sexual está estrechamente vinculada a lo mencionado previamente sobre el equilibrio hormonal de ambos integrantes de la relación. Consiste en un elemento difícil de regular y resulta habitual que decaiga con el paso de los años, generando un descenso en la libido y las ganas de intimidad. No obstante, el pasado que ambos poseen es lo que determina si dicho anhelo se desvanece más pronto o más tarde en el vínculo.
En el caso de compañeros que mantienen un fuerte vínculo afectivo, compartiendo y disfrutando mutuamente, y que han logrado evolucionar a lo largo de los años, es factible que su atracción se mantenga por más tiempo que en una relación con mínima o nula complicidad íntima, donde el peso de la rutina y el deterioro cotidiano pueden acelerar la pérdida de interés mucho antes de lo que se esperaría.
Bastantes parejas ven la ausencia de sexo como una carencia de amor. ¿Resulta esta una creencia frecuente y equivocada?
A mi juicio, no se debe confundir la atracción con el afecto. Ambos términos funcionan de manera autónoma, dado que el anhelo físico no implica amor, ni el amor conlleva forzosamente deseo. Como se ha analizado, las ganas de intimidad pueden fluctuar por diversos elementos sin que esto signifique un desinterés sentimental en el vínculo. De este modo, factores como los años, la costumbre, el sistema hormonal o la falta de agrado en las prácticas sexuales pueden mermar el deseo, aun cuando el sentimiento hacia el otro se mantenga plenamente vigente.
Al llegar el primogénito al hogar o al tener que atender a los progenitores, el espacio para la vida íntima de pareja en ocasiones desaparece por completo.
¿En qué medida impactan momentos de la vida tales como la educación de los hijos, la asistencia a los progenitores o el retiro laboral en el vínculo íntimo de la pareja?
Cada fase del vínculo impacta la cercanía de los compañeros. Es evidente que resulta imposible equiparar un noviazgo incipiente, el periodo de nupcias recientes o el viaje de bodas, frente a situaciones como la llegada del primogénito al hogar, el inicio de las madrugadas en vela, las obligaciones laborales, la crianza constante de un ser humano o las discrepancias conyugales… es obvio que dichos elementos u otros, tales como la atención a los progenitores, repercuten en la esfera privada, puesto que el lapso que queda para fomentar la unión íntima se vuelve sumamente limitado o incluso inexistente.
La rutina cotidiana suele generar cansancio y es fundamental comprender que la existencia transcurre por fases, por lo que no conviene alarmarse si surge un periodo en el que el apetito o la actividad erótica de la relación disminuya. Lo esencial radica en lograr expresarlo y que los dos coincidan y mantengan sintonía sobre sus pensamientos y emociones acerca de su privacidad. Si se encuentran insatisfechos, resulta obvio que deben encontrar un espacio para enfocarse en su vínculo y rememorar que, en cierto modo, conforman una unidad y continúan apostando el uno por el otro a diario.

¿Resulta factible aguardar deseo en un vínculo de muchos años o acaso el afecto únicamente evoluciona?
Cuestión difícil. Pienso que hay un fragmento de la pasión que, si se desea, puede conservarse o transformarse con el tiempo. Es cierto que la fuerza varía notablemente, pero el entusiasmo en sí logra persistir. Lo que realmente se mantiene es el afecto que se siente hacia el otro. Aunque hoy resulte más complejo encontrarlo, todavía existen vínculos para siempre y, como soy romántica, me agrada creer que seguiremos conociendo algún relato de amor fascinante.
Existen diversas maneras de experimentar la sexualidad, sin embargo, hallar a un ser por el que se sienta un afecto auténtico no es tarea fácil.
¿Qué recomendación brindaría a dos personas que se aman, pero sienten que su intimidad física ha pasado a un nivel secundario?
No resulta conflictivo que la actividad sexual de los compañeros pase a una posición secundaria. Es habitual oír que cuando el sexo es poco frecuente, el vínculo está fallando, aunque verdaderamente no considero que esa sea la realidad. Ciertamente, la faceta íntima dentro de una unión posee relevancia, no obstante, lo fundamental reside en que los dos se encuentren alineados y avancen con un propósito compartido.
No existe una guía que establezca la periodicidad ni el modo de mantener intimidad con el compañero sentimental. Cada relación debe seguir su propio ritmo, ya sea 1 vez al día, a la semana, al mes o al año; esto no implica ser superior o inferior a los demás. Si las dos personas se sienten satisfechas, se aman y deciden que en su situación actual el sexo no es prioritario, sintiéndose cómodos con ello, ¿por qué habría de verse como un inconveniente?
Mi recomendación es que dialoguen siempre, se mantengan en sintonía y que, si se sienten plenos con la manera en que llevan su vida privada (sea la que sea), sigan entonces con ese esquema. Hay múltiples formas de disfrutar la sexualidad, pero toparse con alguien a quien se ame de corazón y con quien decidir estar cada nuevo año, no es algo tan simple.