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Tromso, la ciudad para avistar ballenas y cazar auroras boreales

Destino

Un destino viajero atractivo por su proximidad a los confines de la Tierra que ahora está más cerca que nunca

Aurora boreal sobre el cielo de Tromso

Aurora boreal sobre el cielo de Tromso

Getty Images

Caminar por las calles de Tromso es una conquista constante de hitos geográficos. Tan pronto se entra a un pub para beberse la cerveza fabricada más cerca del polo Norte como se puede orar en la catedral más septentrional o se hace posible leer en la biblioteca más norteña del planeta. 

Todo tiene cierto tono épico en esta ciudad noruega ubicada 350 kilómetros más allá del círculo polar Ártico. A lo cual no solo ayuda el paisaje de montañas y fiordos que la rodean, también se respira su historia vinculada a aventureros del calibre de Roald Amundsen.

El nombre y el rostro de Roald Amundsen aparece muchas veces durante un paseo por la ciudad

Su nombre y su rostro aparece muchas veces durante un paseo por la ciudad. En grandes murales grafiteados en aparcamientos, en todo tipo de objetos que venden las tiendas de la calle Mayor o Storgata y en varias estatuas y bustos como el que mira de frente al Museo Polar. 

Este museo ocupa un almacén de las aduanas del viejo puerto y da a conocer las grandes expediciones de antaño. Además, en sus dos plantas se plasma lo dura que puede ser la vida en el Ártico por la lucha constante con la naturaleza, incluido su reino animal, el cual aparece tristemente representado en ejemplares disecados.

La conocida como Catedral del Ártico es la parroquia de un barrio periférico
La conocida como Catedral del Ártico es la parroquia de un barrio periféricoArmando Cerra

Al salir del museo y para olvidarse de la grima que provoca la taxidermia, hay que admirar el panorama desde el puerto. Justo enfrente se ve el barrio de Tromsdalen. Ahí se distingue rápidamente el monumento más famoso y más “mentiroso” de la ciudad. Es la conocida como Catedral del Ártico y para verla de cerca se hace necesario cruzar un portentoso puente de hormigón entre cuyos pilares navegan grandes barcos. 

No hay que olvidar que el casco histórico de Tromso se encuentra en una isla, una más de las casi 240.000 islas que hay en Noruega. Eso junto a la quebrada geografía de fiordos ha hecho que el país sea punta de lanza en la ingeniería civil mundial.

En este caso se trata de un puente de casi un kilómetro de longitud y llega prácticamente hasta la fachada de la mal llamada catedral. En realidad, no deja de ser una parroquia de barrio, pero la arquitectura piramidal de hormigón y vidrio que ideó Jan Inge Hovig en 1965 la ha elevado en el escalafón eclesiástico. 

Por cierto, este arquitecto jamás ha desvelado a que se debe su singular forma que algunos relacionan con un iceberg, otros con los secaderos tradicionales de bacalao e incluso con el perfil de la cercana isla de Haja. Hasta los hay que la vinculan al icono de Sidney y dicen que es la “Ópera del Ártico”.

La catedral luterana en el centro de Tromso construida íntegramente en madera
La catedral luterana en el centro de Tromso construida íntegramente en maderaArmando Cerra

Lo que debe quedar claro es que no es una catedral. En Tromso, los templos con ese rango son otros, uno católico y otro luterano. Ambos construidos en 1861 dentro del núcleo histórico, a escasa distancia uno de otro. La de mayores dimensiones es la luterana y tiene una larga historia. En este mismo solar ya hubo una iglesia a mediados de siglo XIII, cuando el cristianismo se lanzó a conquistar los límites del continente. 

De hecho, aquel primer templo se bautizó como Santa María junto a los Paganos. Por supuesto nada ha llegado de tales inicios. Hoy se ve una esbelta construcción de madera rodeada de jardines que desde el medievo y durante siglos fueron un cementerio.

En Storgata, como buena calle mayor, abundan las tiendas, bares y restaurantes
En Storgata, como buena calle mayor, abundan las tiendas, bares y restaurantesArmando Cerra

Si el exterior es llamativo, sobre todo por su altivo campanario, igual ocurre con su interior. La sensación de calidez que proporciona su estructura de madera es muy reconfortante. Y si además suena la música en cualquiera de sus dos órganos, entonces apetece sentarse en sus bancadas durante un rato para disfrutar de una experiencia que plasma a la perfección el sentido de comunidad tan necesario en estas latitudes árticas.

Un aspecto más austero y menor tamaño tiene la catedral de Nuestra Señora, en este caso de culto católico. Y esta vez sí que puede presumir (por una decena de metros) de ser la catedral más septentrional de todo el globo. Es un templo pequeño, coqueto, también construido por completo en madera e igualmente de estilo neogótico, en una versión nórdica obviamente. Es decir, está perfectamente integrado en un entorno urbano dominado por las casas de madera pintadas de alegres colores.

Ese ambiente tan de cuento se siente al recorrer la Storgata, la principal arteria comercial de Tromso, repleta de tiendas, agradables cafés y bares. Entre ellos el pub que hay junto a la cervecera Macks Olbryggeri, que desde 1877 elabora una cerveza artesanal muy especial usando las gélidas aguas de los alrededores. Y también en esta larga calle se encuentra el Raketten, un quiosco que supera los 100 años de historia y que ahora se ha convertido en una atracción gastronómica gracias a sus suculentos hot dogs elaborados con carne de reno.

No lejos de ahí, en la calle paralela a Storgata, se encuentra otro templo de interés. En esta ocasión es una catedral del saber con una arquitectura que parece aterrizada del futuro. Es la biblioteca pública abierta hace 20 años aprovechando el edificio sesentero del Fokus Cinema. Pero si la sala de proyección del viejo cine necesitaba oscuridad, para la biblioteca se optó porque la luz entrara a raudales para así abrirla por completo a la población. Toda una declaración de intenciones, ya que cualquiera puede acceder, incluidos los turistas, para sentarse un rato, navegar en sus ordenadores, jugar al ajedrez y, por supuesto, consultar libros.

La biblioteca pública reaprovechó el espacio de un antiguo cine
La biblioteca pública reaprovechó el espacio de un antiguo cineArmando Cerra

Así que es el lugar perfecto para preparar los siguientes pasos del viaje a Tromso y documentarse sobre lo que queda por ver. Por ejemplo, para leer sobre las ballenas y las orcas que se avistan en estas aguas durante los meses más fríos. O para saber lo que supone el sol de medianoche que aquí se disfruta en la época veraniega. Igualmente es posible informarse sobre las leyendas nórdicas para más tarde visitar el Museo de los Trolls. Y desde luego es posible instruirse sobre qué son y cómo fotografiar las auroras boreales.

De hecho, la inmensa mayoría de personas que viajan a Tromso en otoño, invierno y los comienzos de la primavera acuden con el objetivo de pasmarse ante ese baile celestial de luces y colores. Ya que aquí se dan unas condiciones idóneas para su observación. Además, diferentes empresas de guías llevan a los viajeros a enclaves sin contaminación lumínica donde apreciar mejor la espectacularidad de este fenómeno cósmico.

El motivo de un viaje a Tromso: ver auroras boreales
El motivo de un viaje a Tromso: ver auroras borealesArmando Cerra

Son protones y electrones arrastrados por el viento solar hasta la atmósfera terrestre. Ahí, el magnetismo del polo Norte los atrae hasta que liberan toda su energía en forma de luces rojas, verdes y azules. Aunque nada de esto importa cuando se presencian en vivo. Aunque se descubran antes en revistas o la tele, al disfrutarlas en persona el efecto siempre es el mismo. ¡Maravillarse! 

Y da igual que sea la primera, la segunda o la décima vez que se vean las auroras boreales. Esa mágica danza de luz siempre deja boquiabierto a quien la contempla y con la sensación de estar asistiendo a un momento único e inolvidable. ¿Si eso no merece un viaje?

El rincón más instagrameable de Tromso

Nuestra pasión por el postureo hace que al ver una aurora boreal queramos fotografiarla. Pero no es tan sencillo, así que es mucho mejor dejarse embelesar, gozar de esos instantes y despreocuparse del móvil. Aunque eso no significa que no sea posible presumir del viaje a Noruega en redes. Y en Tromso hay un punto que se ha convertido en una de las fotos más buscadas. Se trata de Porten til Ishavet, una colorida puerta abierta al mar y las montañas que enmarcan la “Catedral del Ártico”.