La isla que antes era inaccesible ahora se puede visitar, aunque el idioma sigue siendo el mismo.
Viajes
Situado junto al muelle, el edificio con encanto atrae a los visitantes junto al muelle.
Así es Llívia, el pueblo español “atrapado” dentro de Francia desde el siglo XVII

Teatro abandonado en la Isla de Pedrosa

Hay un lugar en la costa donde el aire lo envuelve todo, donde el silencio no calla, sino que susurra con la fuerza de lo olvidado.
Situada ante Pontejos, en la zona sur de la Bahía de Santander, esta ínsula permaneció aislada del continente por un periodo prolongado. En la actualidad, un par de istmos y una pasarela facilitan que los turistas accedan a pie. Esta entrada fácil difiere notablemente de su pasado: a lo largo del siglo XIX y gran parte del XX funcionó como lazareto —centro de salud destinado al aislamiento de enfermos o posibles portadores de patologías infecciosas— y más tarde como sanatorio.
El influencer Carrillo relata cómo esta isla pasó
El generador de contenido de viajes @carillo.now, tras su visita reciente, sintetiza su relato de esta manera: “Durante décadas quien entraba en esta isla no podía volver a salir”. El muchacho asevera que bastantes ingresos no resultaban voluntarios: navegantes y turistas con indicios de lepra, tuberculosis u otras dolencias debían cumplir aislamiento allí cuando todavía no se disponía de curas efectivas.
Según la información turística oficial de Cantabria, el uso sanitario de la isla arrancó en el siglo XIX como instalación de cuarentena portuaria y evolucionó después a gran sanatorio. Llegó a contar con pabellones médicos, iglesia, viviendas para personal sanitario e incluso teatro. En los momentos de mayor actividad, albergó cientos de camas y funcionó como una pequeña comunidad autosuficiente.
Asimismo, reportajes como el de National Geographic describen el enclave como un paraje verde y aparentemente apacible, con abundancia de eucaliptos y temperaturas suaves en verano. Hoy en día permanecen los restos de esos edificios médicos: pasillos vacíos y estructuras deterioradas que recuerdan su etapa como lugar de reclusión y tratamiento.

La isla cuenta con zonas que, pese a su estado de abandono, aún conservan rastros de su pasado: una parte se mantiene como refugio, mientras otras zonas, como las zonas de zonas, se han convertido en zonas de uso restringido.
La isla de Pedra, con su misterio insondable, mantiene su misterio misterioso.
El halo de misterio ha alimentado además numerosas leyendas. Equipos de investigadores de lo paranormal han realizado visitas nocturnas, y programas como Cuarto Milenio han dedicado episodios al lugar. Historias sobre apariciones, ruidos y figuras de enfermeras recorriendo pasillos vacíos forman ya parte del folclore local, aunque su base real suele estar ligada a episodios médicos del pasado.
“Tan cerca de tierra firme y tan lejos del mundo”, sentencia el influencer viajero tras su visita. Hoy cualquiera puede cruzar andando y pasear entre sus senderos con vistas a la bahía. Lo que antes fue una frontera sanitaria y un destino forzado es ahora una excursión de lo más peculiar: naturaleza y arquitectura olvidada concentradas en apenas unas hectáreas.
