Viajes

La ruta de Washington Irving: tras la huella del escritor americano que devolvió la vida a la Alhambra

Con historia

Con 'Cuentos de la Alhambra', Irving no solo hizo que el mundo se enamorara de Granada, sino que logró poner el foco internacional sobre un conjunto palaciego, por aquel entonces, olvidado y deteriorado

El complejo palaciego granadino configura una de las estampas más bellas del mundo

El complejo palaciego granadino configura una de las estampas más bellas del mundo

Irene González

Hay viajes que no se hacen con un mapa, sino con un libro en la mano, y Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, es uno de esos. En la primavera de 1829, este viajero norteamericano salió de Sevilla para recorrer la serranía andaluza que en aquel momento vivía envuelta en la posguerra napoleónica y estaba cuajada de bandoleros, de ventas polvorientas y de lentas diligencias. Pero Irving no se amilanó y, superados los inconvenientes, llegó a Granada a través de placenteras campiñas en un recorrido del que nació la mítica ruta de Washington Irving

La ruta es un apasionante itinerario que sigue los pasos del escritor hasta que por fin se instaló dentro de la Alhambra para convertir en literatura universal sus estancias, sus leyendas y su misterio. Con Cuentos de la Alhambra, no solo hizo que el mundo se enamorara de la ciudad, sino que logró poner el foco internacional sobre un magnífico conjunto palaciego que, por aquel entonces, estaba olvidado y deteriorado, y despertó el interés por restaurarlo, conservarlo y devolverle su lugar en el mundo como icono cultural, histórico y emocional.

Irving Washington
Irving WashingtonBiblioteca del Congreso / Dominio público

Itinerario cultural del Consejo de Europa

El aventurero americano recorrió sus campiñas desde Sevilla hasta Granada, habitadas en aquellos tiempos por arrieros, aguadores, menestrales y artesanos. Aquel intrépido era Washington Irving, que fue fundador y primer presidente de la Biblioteca de Nueva York y embajador de América de Estados Unidos en España. Fue uno de los primeros viajeros transoceánicos que buscaba lo que anhelaba su rebosante imaginación. Irving está ligado a La Leyenda de Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza; a las reinvenciones de Santa Claus; al nombre del equipo de baloncesto de la NBA, y al primer equipo de béisbol de Nueva York, los Knickerbockers.

A pesar de todo ello, su leyenda nació con la fabulosa ruta de Washington Irving, reconocida como itinerario cultural por el Consejo de Europa, que, además, forma parte de las rutas del Legado Andalusí.

Irving redescubrió unos caminos que después seguirían Merimée, Gautier, Víctor Hugo, Dumas y hasta Hemingway

Pocos saben que Washington Irving viajó a España donde se desenvolvió a las mil maravillas en la corte de Isabel II, y donde estudió los legajos del descubrimiento de América y los avatares y la leyenda de Colón. Durante sus investigaciones y estudios, se prendó del país, de las memorias de la época nazarí, del costumbrismo y de la luz de Andalucía. Y, sobre todo, de Granada, la ciudad de la que ha sido el más importante embajador mundial y que le hechizó. Irving redescubrió unos caminos que después seguirían Merimée, Gautier, Víctor Hugo, Dumas y hasta el legendario Hemingway.

Una ruta entre mezquitas, castillos, baños, iglesias y cortijos

Seguimos sus huellas desde la capital andaluza a través de Carmona, Écija, Osuna y Granada, donde su pluma cambió el fatídico destino de un gran palacio, y donde nació la mítica ruta de Washington Irving. El itinerario discurre por tierras musulmanas, barrocas y populares y revive el camino que realizó el escritor embaucado por el exotismo y la abundancia de sus vestigios árabes. Es un camino por pueblos y enriscadas villas que en la edad media eran eje comercial entre el reino nazarí de Granada y los dominios cristianos.

La campiña sevillana despliega un mosaico de verdes y ocres imposibles de imaginar
La campiña sevillana despliega un mosaico de verdes y ocres imposibles de imaginarIrene González

Siguió el viejo camino real que la unía con Granada a través de una sucesión de lomas de olivar, de pueblos encalados y de ríos que brillaban como espejos. Y es que el paisaje cautiva por su campiña abierta, su sierra agreste y su vega fértil.

Tras Alcalá de Guadaíra, famosa por sus panes y por su gigantesca fortificación levantada por los árabes sobre la colina, alcanzó Arahal. La localidad podría remontarse a la época romana por los restos de lápidas y sarcófagos hallados con el nombre de Callicula.

Carmona adarves, sombras y la vieja Judería

Después, siguió hasta Carmona que, elevada sobre una cresta, ofrece un excepcional retrato de la vega y un aire perfumado por el azahar de sus naranjos. Carmona conserva zonas de trazado íntimo, con callejones y recodos que hacen pasear lento. Y esa sensación de lentitud se intensifica en el entorno de la antigua judería y de sus calles que protegen del calor y del viento.

Las fachadas de Carmona muestran el esplendor mudéjar y la elegancia barroca que tanto sorprendieron a Irving
Las fachadas de Carmona muestran el esplendor mudéjar y la elegancia barroca que tanto sorprendieron a IrvingIrene González

En la plaza de San Fernando, el epicentro de la vida local, se encuentran la antigua audiencia, el convento de la Madre de Dios, y algunas casas con balcones desde donde se presenciaban procesiones, ferias y escarmientos públicos. Y muy sorprendentes son la plaza de Arriba, el antiguo foro romano, y aún más, la porticada del mercado de Abastos. Aquí, Pedro I el Cruel mandó construir sobre el viejo alcázar árabe, un fastuoso palacio en el que residieron los Reyes Católicos, y que hoy es un parador. Cuajada de palacios, de casonas, de iglesias, de conventos y otras plazas, Carmona es exuberante en riqueza arquitectónica civil y religiosa, y su necrópolis romana es referencia internacional en mausoleos colectivos.

Écija y Osuna, epicentro de arte, cultura e historia

Desde Carmona y entre tierras de labor, montes y olivares, Irving llegó hasta Écija, cuyos campos reflejan todos los colores imaginables. Almendros, olivos, colza, trigo, limoneros, algodón, remolacha, y frutales pueblan el valle hasta donde alcanza la vista. Este conjunto histórico-artístico es la ciudad de las torres, donde en su cielo destacan once, y donde la mejor vista de todas ellas se obtiene desde el barranco de la carretera a Cañada Rosal. 

Esencial en Écija es el palacio de Benamejí, un monumento histórico artístico que hoy alberga el museo histórico. Entre sus valiosas piezas encontradas en las excavaciones de su céntrica plaza de España, destaca La Amazona, una escultura de las que solo existen otras tres de su estilo, conservadas en Nueva York, Berlín y Roma. Es imprescindible el palacio de Peñaflor, por sus magníficas pinturas en su fachada y sus 60 metros de balconada.

Siguiendo hacia el sur, aparece la villa campiñesa de Osuna que, recostada sobre una colina, posee uno de los conjuntos arquitectónicos más ricos del país. Conserva unas potentes canteras y unas importantes necrópolis romanas. Pero también una sensacional universidad, gran riqueza en arte sacro y azulejería, y una majestuosa colegiata. Aunque lo fascinante en Osuna es perderse por sus sugestivos rincones cuajados de casas palacio, balconadas, y tabernas al más puro estilo sevillano. No es difícil entender por qué Irving convirtió este trayecto en la antesala literaria de la Alhambra.

El palacio de Benamejí de Écija hoy alberga el museo histórico
El palacio de Benamejí de Écija hoy alberga el museo históricoIrene González

Literatura para salvar la Alhambra

Cuando la diligencia de Irving coronó el último puerto y apareció Granada, sintió que entraba en un mundo exótico. Se instaló en la propia Alhambra, entonces medio abandonada, habitada por soldados inválidos, por granadinos con pocos recursos y por mendigos. El complejo, con riesgo de colapsar, había sufrido numerosos desperfectos cuando las tropas francesas intentaron destruirla antes de retirarse, dejando graves cicatrices en todo el conjunto. Y, para colmo, el gran terremoto de 1821 le causó todavía más daños, hasta que en 1831 se desplomó parte de la muralla sobre la que se habían construido casas.

Su fascinación hizo que la convirtiera en protagonista literaria, exportándola a la imaginación europea y americana. El impacto cultural dio sus frutos y las autoridades empezaron a prestarle atención. 

La maravillosa ciudad roja


Sierra Nevada abrigando a Granada es una de las postales más bellas del país
Sierra Nevada abrigando a Granada es una de las postales más bellas del paísIrene González

La originalidad de Granada cautivó a Irving. Como también ha encandilado a políticos, reyes, escritores, artistas y deportistas. De Gaulle, Gorbachov, Helmut Kohl, el Dalai Lama, Chirac, Sadam Hussein, Kofi Annan, Dilma Rousseff, Michelle Obama y David Cameron se olvidaron de sus agendas para caer rendidos ante tanta belleza. Y es que la ciudad, la Alhambra, el Generalife, y el Albaicín se incrustan en la esencia de sus visitantes. Hasta la Unesco quedó bajo su hechizo y las declaró patrimonio de la humanidad.

Sus orígenes se remontan a Al-Ahmar, el fundador de la dinastía nazarí, que se instaló en el siglo XIII en la antigua alcazaba del Albaicín desde donde observaba, frente a él, las ruinas de la colina de la Alhambra, y decidió reconstruirlas para instalar su corte. La Alhambra, que significa la roja, por el color carmín de la arcilla con la que se construyó posee una historia tan apasionante como sorprendente. 

Entre laberintos de filigranas, fuentes, mármoles y patios, los sentidos vagan desbordados. La Alhambra fue ciudad palatina, casa real cristiana, capitanía general del reino de Granada y fortaleza militar hasta llegar a su declaración como monumento nacional en 1870. En su alcazaba, sus palacios nazaríes, el palacio de Carlos V y el convento de San Francisco, el agua fluye a través de fuentes y acequias reflejando colores y derrochando frescura.

'Cuentos de la Alhambra' en los palacios nazaríes


Los palacios nazaríes son un grupo de pequeños palacetes construidos uno tras otro por los diferentes sultanes, hasta convertirse en el conjunto más impresionante de toda Europa. Irving residió en esta fortaleza, una gran ciudad en miniatura, donde escribió Cuentos de la Alhambra, su icónico libro de leyendas. En la abatida Alhambra, el americano vivió como un sultán, y disfrutó de placeres orientales como bañarse en las noches de verano en el estanque del patio de los Arrayanes, o enjuagar la tinta de su pluma en la fuente de los Leones mientras los granadinos le contaban relatos que se habían transmitido de padres a hijos. De aquellas noches y de aquellas leyendas nació su famoso libro.

El estanque del palacio de los Arrayanes, que fue concebido para el sosiego de los sultanes nazaríes, es un prodigio de proporción y de silencio donde la arquitectura parece flotar
El estanque del palacio de los Arrayanes, que fue concebido para el sosiego de los sultanes nazaríes, es un prodigio de proporción y de silencio donde la arquitectura parece flotarIrene González

Hoy luce impresionante el palacio de los Leones, con las salas de los Mocárabes, de los Abencerrajes, de los Reyes, de Dos Hermanas, y el mirador de Lindaraja, un pequeño cuarto que era lugar de esparcimiento de la favorita del sultán. Su exquisita decoración convierte el espacio en uno de los rincones más bellos de la Alhambra. Y su mágico patio de los Leones, con la impresionante fuente de doce fieras de mármol, y sus 124 columnas es la joya de la corona de la Alhambra y una de las obras más hermosas del mundo.

Otro tesoro es el pequeño palacio de Comares, con el espléndido patio de los Arrayanes y la sala de la Barca, en cuyos extremos estaban las alcobas del sultán. Pero si algo impresiona en Comares, es el salón de Embajadores, donde el rey ofrecía la audiencia oficial, diseñado para transmitir poder a los embajadores cristianos. El estucado de todo el edificio es único en el mundo. Su techo contiene ocho mil piezas de cedro pintadas como los siete cielos del islam.

Paseos por Granada

Chimeneas típicas de la Alpujarra, en Trevélez, con Sierra Nevada al fondo
Chimeneas típicas de la Alpujarra, en Trevélez, con Sierra Nevada al fondoJacques van Dinteren

Y lejos de estos impactantes palacios nazaríes, en Granada hay que perderse por la Alpujarra, una de las comarcas más fascinantes de España, porque pocos lugares aglutinan tanta tradición popular y cultural, tanto patrimonio y tanto paisaje.

Y, por supuesto, hay que recorrer las calles desordenadas y estrechas del Albaicín, uno de los barrios con más raigambre y duende del país, y visitar sus cármenes. Y otra delicia granadina es degustar, en la calle de las Teterías, el mejor cuscús y sus exóticos tés. 

La Recomendación

Los miradores granadinos son imprescindibles porque regalan bellos atardeceres. El de San Nicolás ofrece la Alhambra y el Generalife, con Sierra Nevada como telón de fondo, y, además, es punto de encuentro de artistas. En el Albaicín está el de Los Carvajales, punto de encuentro de flamenco cuando cae la tarde. 
Bill Clinton subió al mirador de San Cristóbal, con vistas a la muralla del siglo XI, la catedral, el palacio de Dar al Horra, el convento de Santa Isabel y parte de la Alhambra y sentenció que tenía el atardecer más bello del mundo. Es imprescindible también el mirador de la ermita de San Miguel Alto, el más elevado de Granada y una panorámica de la ciudad, el Albaicín, la Alhambra y Sierra Nevada, y a los de La Churra y de la Cruz de Rauda, que en ambos casos también dejan sin aliento.

Dónde dormir

Los Seises (Sevilla). El encanto del barrio de Santa Cruz en un palacio del siglo XVI. Desde la piscina de su azotea hay unas inmejorables vistas de la ciudad y la catedral.
Parador de Carmona (Carmona). Máxima expresión de la tranquilidad, belleza paisajística e impresionantes vistas a la campiña. El edificio se levanta sobre las ruinas de un alcázar árabe del siglo XIV que corona el pueblo. Su restaurante, el antiguo refectorio, es uno de los más espectaculares de la red.
Washington Irving (Granada). Situado en el paseo del Generalife, a menos de 300 metros del acceso a la Alhambra. Sus habitaciones son exquisitas y posee una biblioteca con las primeras ediciones de Irving.
Parador de San Francisco (Granada). Convento construido por los Reyes Católicos sobre un palacio nazarí del que aún se conservan estancias. Aquí estuvo enterrada Isabel la Católica antes de su traslado a la capilla Real. Cuenta con un excelente restaurante. Alhambra Palace (Granada). Inspirado en un palacio nazarí, es el hotel de 5 estrellas más antiguo de España. En él se han hospedado reyes, políticos y los artistas más famosos del planeta.

Dónde comer

Otro aliciente de la ruta es su gastronomía, basada en productos de la tierra -como el espárrago- de una calidad excelente. El pan y el aceite de oliva virgen extra ecológico son dos de sus grandes placeres. También la miel y los vinos.
EN CARMONA
Goya. En un edificio del siglo XV del centro, con vistas a la plaza de San Fernando, deleita con sus garbanzos con espinacas, el salmorejo y las alboronías, una antigua receta con calabaza salteada con otras verduras.
Bodega Abacería L’Antiqva. Pequeña y bonita taberna antigua junto a la puerta de Sevilla, en la que, además de tapas, se sirven excelentes alcachofas con pisto y chacina.
EN GRANADA
Parador de San Francisco. En el interior del recinto de la Alhambra, ofrece remojón granadino, habitas con jamón, y piononos de Santa Fe. Las elaboraciones de platos árabes son excelentes.
Las Tomasas. Es un carmen en pleno Albaicín con una terraza frente a la Alhambra y vistas de infarto. Sus alcachofas de la vega, manzana y butifarra con exquisitos, al igual que el tartar de atún de almadraba con aguacate.
Bar Aliatar. Tienen tres bares en la ciudad. En el Albaicín destaca el tapeo y los caracoles con caldo picante.