Covarrubias, la localidad burgalesa que tiene una duquesa vikinga y una capilla noruega
Mundo insólito
Un inesperado vínculo medieval entre Castilla y Noruega a orillas del Arlanza

Casco antiguo de la ciudad medieval de Covarrubias
Para los ojos de los viajeros, Burgos es una de las provincias más afortunadas de España. Bastante extensa (más de 14.000 km2), puede enorgullecerse de un envidiable medio natural, con multitud de hábitats representados. Pero también catedrales góticas, una parte muy interesante del camino de Santiago, pueblos bellos en las Merindades… una lista interminable de atractivos.
De entre todas las beldades burgalesas, Covarrubias es una de las destacadas. Se halla junto a un suave meandro del río Arlanza, donde el río se permite el capricho de bifurcarse por un momento. Es llamada “cuna de Castilla”, por sus importantes centros monásticos. De aquellos tiempos, queda un casco urbano medieval delicioso.
Al pasear por Covarrubias se encuentra la estatua de una esbelta, alta y bella princesa vikinga. Se trata de Kristina Håkonsdatteren, a la que –para no complicarse en la pronunciación– se la conoce como Kristina de Noruega. Su llegada a la localidad burgalesa forma parte de una historia apasionante sobre las ambiciones del rey Alfonso X el Sabio por hacerse con la corona del sacro imperio romano y las no menos intenciones expansionistas de Haakon IV, rey de Noruega y padre de la homenajeada.
El caso es que a mitad del siglo XIII ambos monarcas se pusieron de acuerdo en que la vía del parentesco podría ser un atajo en sus objetivos políticos. En un viaje con tintes de odisea por las dificultades de cubrir la distancia entre Escandinavia y Castilla en aquellos tiempos, la expedición de Cristina tardó un año en llegar a conocer a su pretendiente.

Al final, Alfonso X, en un embrollo folletinesco, no podía casarse con la princesa vikinga (por el pequeño detalle de que ya estaba unido en matrimonio con Violante de Aragón, que para más inri, estaba embarazada). Cuando Kristina Håkonsdatteren llegó a Castilla en 1258, taparon el problema dándole a escoger entre cuatro candidatos a esposo, todo ellos hermanos del rey Alfonso. Eligió a Felipe, que para enredar más el asunto, era religioso y tuvo que dejar previamente los hábitos.
Cristina y Felipe vivieron brevemente en Sevilla, hasta que ella murió joven por causas desconocidas, lo que no era tan infrecuente en el siglo XIII. Fue enterrada en Covarrubias, también por motivos ignotos, aunque hay que quien apunta que para disimular que, finalmente, Alfonso X no pudo acceder a la corona de emperador. El sepulcro de la princesa noruega quedó olvidado durante seis siglos hasta que en 1958 se abrió y se documentó que era ella. O eso creen los científicos.
A partir de entonces, se levantó la efigie que ahora se visita en Covarrubias y la localidad burgalesa estrechó sus lazos con el reino de Noruega. De ahí que, paseando por Covarrubias, puedan verse algunas banderas de ese país luciendo en lugares destacados de la localidad. También se creó la Fundación Kristina de Noruega, precisamente para fomentar esa conexión que se remonta a la edad media.
Ahora, a tres kilómetros del núcleo urbano, hay otro edificio que habla de la conexión burgaleso-escandinava: la capilla de San Olav. Se trata de una construcción en madera bruñida, de aspecto poco conocido en Castilla, que se utiliza como lugar de culto, pero también como centro cultural para actividades diversas. Enclavada en un hermoso paraje natural, puede transportar al viajero a Noruega, si el presupuesto no le llega para visitar tan caro país.
El interior del templo es muy austero, correspondiéndose también con los cánones escandinavos. Pero, desde fuera –y sobre todo, visto desde una loma cercana–, el aspecto es imponente y retrotrae a los tiempos de caballeros con espada. Es una excusa perfecta para visitar Covarrubias y completar así la visión de su colegiata, sus maravillosas casas de entramados de madera y el torreón defensivo de Fernán González.
Cómo llegar
Covarrubias está a 40 kilómetros al sur de la ciudad de Burgos. La distancia se cubre cómodamente en vehículo privado en media hora por la carretera N-234. El transporte público entre ambas localidades funciona cuatro días a la semana.

