Portobelo: el rincón de Panamá que parece
Destinos
Rincón que guarda leyendas de tesoros

Vista aérea de Portobelo
Quizá parezca raro empezar en Londres un artículo sobre Panamá, pero la cosa tiene su lógica. Si me siguen... Nuestro punto de partida es uno de los mercados más emblemáticos de la capital británica: el de Portobello, en el glamuroso barrio de Notting Hill. Si rebobinásemos hasta el siglo XVIII, cuando en vez de elegantes casas victorianas y ambiente bohemio había prados y terrenos agrícolas, encontraríamos allí una granja llamada Portobello. Este nombre se debía a una victoria muy celebrada en el país: la captura –en 1739– de Portobelo, un rico puerto español al que Colón había bautizado como Porto Bello en su último viaje a las Indias.
Los tres topónimos –Porto Bello, Portobello y Portobelo– remiten al que es hoy uno de los destinos más populares de Panamá. Portobelo, ciudad bañada por las aguas del Caribe a unos 50 kilómetros al noreste del municipio de Colón, fue entre los siglos XVI y XVIII una de las ciudades más ricas de América… y, por ende, de las más codiciadas por piratas y corsarios. Dan buena fe de ello sus fortificaciones. Y de su decadente estado de conservación, se puede deducir cómo terminó la historia.

Experiencia fuerte
Estas defensas son el mejor testimonio del pasado rutilante de Portobelo. Ubicadas de forma estratégica para cubrir la bahía con su fuego cruzado, están hoy abiertas al público. Por un lado, tenemos el fuerte San Fernando, con una batería a nivel de mar y otra en un cerro adyacente. Por otro, el de San Jerónimo, originalmente erigido en un islote que a posteriori se conectaría con la costa.
En tercera instancia, el de Santiago de la Gloria, provisto de una doble hilera de piezas de artillería. Asimismo, los baluartes de San Fernando y San Fernandinho, que de igual modo resguardaban el acceso naval a la urbe desde dos niveles. Diversos sectores de estas edificaciones se han transformado en cúmulos de ruinas y óxido parcialmente cubiertos por la vegetación.
El hecho es que ni las armas ni los santos pudieron disuadir a los atacantes. Entre los más célebres se cuentan el bucanero William Parker, en 1601; el pirata Henry Morgan, en 1688; y el almirante Edward Vernon, en 1739. Fue este último quien tomó el puerto –de aquí, el Portobello londinense–, en un conflicto desencadenado por una oreja.
La población británica, de hecho, lo evoca como la guerra de la Oreja de Jenkins… Esta denominación tan extraña se atribuye al navegante Robert Jenkins, capturado y herido por un oficial español en Florida. Tras presentarse en 1738 ante la Cámara de los Comunes –se relata que portando su oreja cercenada en la mano–, Jenkins consiguió que Londres le declarara el enfrentamiento a España.

Lo que convertía a Portobelo en una tentación eran las inmensas cantidades de plata y oro que guardaba para su exportación a la metrópoli. Desde que se fundó en 1597, y hasta en siglo. XVIII, la ciudad atesoró toneladas de metales preciosos procedentes de los territorios españoles en los Andes y México.
En concreto, se custodiaban en el edificio de la aduana. Levantado en la década de 1630, además de servir como depósito de las cajas reales, almacén y oficina fiscal, alojaba al gobernador y a los oficiales de la Corona. Estaba fuertemente custodiado por decenas de soldados.
El recinto aduanero resultó seriamente afectado por una ofensiva británica en 1744. Su rehabilitación y el restablecimiento de sus tareas fiscales y de gobierno demoraron varias décadas. Actualmente es el sitio del Museo de Historia Afropanameña, cuya misión es evocar el periodo esclavista en Portobelo y exponer el legado cultural de su vibrante sociedad afrodescendiente (denominada también congo).

De hecho, el impacto de esta agrupación se percibe por toda la zona histórica: ya sea mediante murales o a través de estudios, salas de exposición, centros artísticos y comercios basados en la cultura congo. Basta con dar un paseo por la plaza Central y las vías circundantes. Asimismo, durante el carnaval y las festividades locales, se representan los congos, una serie de danzas, melodías y actuaciones que evocan el combate de los esclavizados por alcanzar su libertad.
Lugar de peregrinación
Portobelo también es famosa por la iglesia de San Felipe –de finales del siglo XVI y reconstruida tras el citado ataque del pirata Morgan– y su Cristo Negro. Esta figura, de tamaño natural, se considera el santo de los cantantes de salsa. Lo han venerado estrellas como Celia Cruz e Ismael Rivera, quien le dedicó incluso una composición: El Nazareno. Cada 21 de octubre, decenas de miles de feligreses acuden a adorarlo. Muchos, caminando desde largas distancias a modo de penitencia. Se trata de una de las manifestaciones religiosas más multitudinarias de Panamá.

El origen de este Cristo Negro está rodeado de leyendas. Una cuenta que un barco con destino a Cartagena de Indias no lograba abandonar la bahía de Portobelo. A cada intento, una tempestad lo obligaba a retroceder. Finalmente, la tripulación optó por aligerar la carga. Pues bien: el buque consiguió partir tras desprenderse de una pesada caja… en cuyo interior unos pescadores descubrieron la célebre talla. Dedujeron así que el nazareno deseaba permanecer con ellos.
Otra historia pretende que la imagen iba destinada a la isla panameña de Taboga pero que, por una confusión, se cruzaron dos figuras de madera: la del Cristo Negro terminó en Portobelo, mientras el San Pedro que había encargado este municipio se envió a Taboga (donde, en efecto, existe una iglesia de San Pedro).

Cultura e historia al margen, Portobelo ofrece tranquilas playas para disfrutar del mar del Caribe. Es además un destino ideal para el buceo. El área marina del parque nacional de Portobelo conserva hermosos bancos de coral, tortugas y espectaculares peces tropicales, como el pez mariposa y el pez erizo.
Delicatessen
La gastronomía de Portobelo incluye varias especialidades congo. Una de las más apreciadas es el fufu, una sopa a base de pescado, leche de coco, plátano maduro, plátano verde, yuca y calabaza. Se trata de una readaptación de una receta tradicional africana con ingredientes locales.

