Chandragup: el volcán que es un refug
Mundo insólito
* *Draft 2:*

Una larga cola de devotos en las faldas del volcán Chandragup
Es sabido que, desde la partición de 1947, indios y pakistanís se miran de reojo. Y aún más, se enzarzan en guerras periódicas que no suelen conducir a nada más que a muertes innecesarias y a que las líneas de demarcación trazadas hace ya ocho décadas no se muevan un milímetro.
Quedan, sin embargo, numerosos testimonios de cuando ambas comunidades vivían juntas. Una de las más destacadas para los hindúes es el volcán Chandragup. Se trata de un cono volcánico enclavado en el parque nacional Hingol, en el sur de Pakistán. Este espacio protegido se distingue por su aspecto marciano, un paisaje mineral completamente desprovisto de vegetación, bastante llano y azotado por el viento recurrente del golfo Arábigo, muy cercano.
Según los fieles hindúes, el volcán Chandragup posee un carácter sagrado al ser una de las moradas del dios Shiva. Por ello, se realiza con frecuencia una peregrinación para alcanzar el límite del cráter y entregar un tributo.
El Chandragup, para los geólogos, no es estrictamente un volcán, pues no escupe lava sino lodo. Aunque, lógicamente, el fango también es hirviente. La visión del paisaje es totalmente irreal, un flan de barro gris perfecto que se alza cien metros sobre la llanura y va regurgitando sin grandes aspavientos toneladas de fango cada año.

Para facilitar el paso de los peregrinos, hay una fina y agotadora –por su fuerte inclinación– escalinata que conduce hasta un mirador vallado, donde realizar los rezos y ofrendas. Lo habitual es que la noche anterior los peregrinos haya acampado en la base del volcán, meditando y preparando tortas de roti (un pan plano típico del subcontinente) para ofrecérselo al “padre Shiva”. Formalmente, está prohibido sobrepasar la valla del mirador, pero son muchos los que lo hacen para acercarse al borde del cráter y lanzar la hogaza, así como también cocos, nueces de betel, espumillón y hasta billetes de banco al interior del volcán para ser atendidos en la petición. Se dice que en función del tamaño y forma de las burbujas del lodo, los peregrinos ya pueden saber si el dios Shiva atenderá su plegaria.
En las épocas más frecuentadas, los devotos se saltan la escalinata y suben directamente al cráter por caminos trazados anteriormente por otros transgresores, aun cuando el terreno es inestable y puede resultar peligroso. Pero así evitan los atascos que se generan en la estrecha escalera.
Los preciosos volcanes de lodo del parque nacional Hingol están en la provincia de Uthal, en la región de Beluchistán. El Chandragup se considera una estación intermedia obligatoria antes de acudir al templo Hinglaj Mata, que se halla al abrigo de una zona arcillosa que parece vaya a derrumbarse. Allí, las coloridas imágenes de Shiva y otras deidades hindús contrastan vivamente con la desnudez de las mezquitas pakistanís, donde la ausencia de estatuas es notoria, solo se permite la caligrafía decorativa y nada de representaciones antropomórficas o zoomórficas.
El aspecto negativo para los excursionistas de occidente es que Beluchistán constituye un territorio vedado por su gran inseguridad. Solamente los residentes y ciudadanos hindús están autorizados para visitar el parque nacional Hingol. Se han reportado situaciones de forasteros camuflados con ropa autóctona que alcanzaron el lugar, no obstante, la amenaza es elevada.
Cómo llegar
Alcanzar las faldas del Chandragup partiendo de la cabecera de la provincia (Uthal, situada a cien kilómetros) requiere de bastantes horas empleando un coche rentado. Es indispensable utilizar un todoterreno, ya que durante el tramo final el asfalto se desvanece y resulta necesario circular sobre los flujos de fango. El núcleo urbano principal de la región, Karachi, se ubica a 200 kilómetros hacia el oriente del volcán, lo cual exige un trayecto que excede las 4 horas al volante.

