Andrea Sumohano, especialista en sanidad animal: “Si un zoológico tiene pandas, tiene que pagar una renta anual a China y demostrar que tienes hectáreas de bambú sembrado para asegurar su alimentación”
Prevención
La profesional veterinaria asegura que es imperativo poder discernir entre las instituciones responsables y los lugares de conveniencia, entender qué programas fomentan y aceptar que el contacto entre la gente y la vida silvestre exige un grado de cuidado mayor.
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Andrea Sumohano, especialista en sanidad animal: “Si un zoológico tiene pandas, tiene que pagar una renta anual a China y demostrar que tienes hectáreas de bambú sembrado para asegurar su alimentación”
Las posturas respecto a los parques zoológicos suelen ser extremas: se consideran centros esenciales para proteger la fauna o recintos que tendrían que desaparecer. Andrea Sumohano, experta en veterinaria y comunicación científica, opta por situarse en un punto medio: aquel que prioriza el contexto, el análisis detallado y las precisiones. Durante una charla en el canal de Youtube Troublemaster perteneciente a la Revista Moi,, Sumohano desmiente varias creencias populares sobre estas instituciones y sostiene que el debate no debe centrarse únicamente en la asistencia, sino en entender su esencia, operatividad y propósito real.
Los osos panda y el “alquiler” de carácter mundial
Sumohano puntualiza que el panda gigante es una especie amparada por el gobierno chino y que su estancia fuera de esa nación se debe a pactos formales. “Todos los pandas del mundo son propiedad de China”, asegura. Esto quiere decir que, si un recinto zoológico en Estados Unidos o Europa tiene pandas, no es por haberlos comprado, sino por un tratado de transferencia con requisitos muy definidos.

Dentro de tales exigencias se encuentra el abono de una cuota anual y el deber de asegurar fondos suficientes para su protección. “Es por cada panda”, expone, y a pesar de no ofrecer datos precisos, indica que la suma suele ser considerable. Para contribuir a sufragar dicha preservación y los proyectos relacionados, diversos sitios establecen precios especiales en sectores determinados: “Puede ser gratuito el zoológico, pero llegas al área de pandas y ya te cobran”. En estas circunstancias, afirma, el capital se emplea “a la renta, al alimento y a los programas de reproducción”.
El caso singular de México
Durante la plática, Sumohano igualmente aborda la situación de México, la cual define como singular por motivos históricos. Menciona que en México existieron pandas que arribaron como una donación diplomática dentro de un entorno ajeno al esquema de convenios de hoy, y por tal motivo “nunca se pagó una renta”.
Esto, señala, hace del Zoológico de Chapultepec una rareza: “Es el único zoológico en todo el mundo que no cobra para que tú puedas ver pandas”. La especialista sostiene que, incluso con carencias en su equipamiento, para numerosos habitantes constituye una posibilidad poco común dentro del contexto mundial.
Qué papel desempeña actualmente un zoológico
Sumohano señala que, bajo su visión contemporánea, estos lugares funcionan siguiendo cuatro propósitos principales:
• Esparcimiento, puesto que su propósito es permitir que los individuos se aproximen a la fauna y compartan instantes familiares.
• Educación, ya que “para conservar tienes que educar”, sostiene.
• Preservación, a través de planes de cría, gestión y resguardo de ejemplares amenazados.

Actividades de indagación, desarrolladas junto a centros académicos y entidades que comparten conocimientos para perfeccionar la protección de las especies y los programas de preservación.
La especialista veterinaria admite que hay cierto recelo y que no todas las clínicas han tenido un buen desempeño a lo largo del tiempo. Sin embargo, enfatiza que “como en todo”, se encuentran espacios con principios rigurosos frente a otros que no los respetan.
Investigar antes de visitar
Durante su exposición, la veterinaria brinda sugerencias simples para los turistas que se topan con experiencias relacionadas con la fauna. La premisa inicial es la voluntad de instruirse: “Tener la mente abierta”. Y, la siguiente, documentarse: “Investigar al lugar al que vamos porque ahora todo se disfraza con conservación”.
Sumohano destaca que el turismo ético no tiene que enfocarse en la fotografía o la vivencia inmediata, sino en comprobar si el sitio referido realmente resguarda y atiende a la fauna. Asimismo señala que diversos centros acogen ejemplares incautados debido al comercio ilícito y que, en ciertas naciones, los zoológicos se hacen cargo de dicha labor careciendo del respaldo necesario.