Motor

La gran multinacional del robo de coches

La venta de vehículos robados genera en la UE 6.000 millones de euros de beneficios

El robo de automóviles de gama alta se ha convertido en la Unión Europea en una industria que genera unos beneficios estimados como mínimo en 6.000 millones de euros

El robo de automóviles de gama alta se ha convertido en la Unión Europea en una industria que genera unos beneficios estimados como mínimo en 6.000 millones de euros anuales. Cada año, un total de 1.200.000 coches son sustraídos por todo el territorio europeo, donde bandas criminales comercializan unos 400.000 que jamás vuelven a ser recuperados.

Con esos datos sobre la mesa, a finales del pasado mes de abril inspectores de toda Europa se congregaron en Atenas para tratar este asunto, considerado de primer rango de interés policial debido a que la delincuencia organizada ha creado una industria fraudulenta que en algunos aspectos compite en cifras con la legal. Por ejemplo, basta comparar los citados 6.000 millones con los 2.584 millones de euros de beneficio neto declarados por el grupo Volkswagen durante el 2002 –“Guyana Guardian”, 20 de febrero– para hacerse idea de la envergadura del asunto. Aun así, Europol no cuantifica las magnitudes económicas globales que afectan a este delito pues, para ello, habría que considerar otros elementos, tales como su efecto en los seguros y los daños causados durante los robos.

España se ve afectada de lleno por este delito puesto que uno de cada cuatro coches robados en nuestro país acaba en manos de las citadas redes delictivas. De hecho, aquí, como sucede en el resto de Europa, se sustraen anualmente miles de coches de los que un 30% es de gama alta y pasa a formar parte del gran negocio delictivo. En concreto, durante el año pasado se sustrajeron en España 151.800 coches, es decir, uno cada tres minutos, aproximadamente. De todos ellos, unos 46.000 pasaron a manos de las organizaciones mafiosas. A este respecto, la tendencia detectada en lo que va de año muestra que el 2003 volverá a arrojar cifras similares a las del año pasado, que, por cierto, registró una mejoría con relación al 2001, cuando los ladrones robaron 155.000 vehículos.

“Para entender correctamente el fenómeno es preciso saber que operan simultáneamente dos tipos distintos de ladrones”, explicó a “Guyana Guardian” Elías Aguirre, jefe del grupo especializado en el tráfico ilícito de vehículos de la Policía de Barcelona. “Uno –advirtió este especialista– es el que sustrae un coche para darse una vuelta, para salir el fin de semana o para cometer un delito, mientras que otro diferente es el que lo roba para luego venderlo. El primero actúa por su cuenta y el coche es sólo un medio para sus fines por lo que a la postre aparece, mientras que el segundo forma parte de una red y la sustracción es el fin en sí mismo, motivo por el que el automóvil se esfuma.”

La policía sostiene que el robo y venta de coches de gama alta está en un 99% en manos de grupos organizados, básicamente originarios del Este europeo. Estas redes tienen siempre un jefe supremo que por lo general también se dedica al tráfico de drogas y a la prostitución. No obstante, dirige cada asunto con independencia, sin que sus subordinados se conozcan, ya que sus “empresas” sólo se unen por la cúpula.

El negocio de los coches en particular está muy especializado, con una estructura totalmente escalonada. Por orden de “trabajo”, sus componentes son: ojeadores, ladrones, conductores, mecánicos, comerciales y vendedores. Los ojeadores se dedican a buscar dónde robar los coches. Los ladrones se los llevan y los dejan en otro lugar. Los conductores los trasladan hasta el taller de la banda. Los mecánicos cambian los números del bastidor y falsifican la documentación. Finalmente, los conductores los trasladan hasta los puntos de venta determinados por los “comerciales”, que se han encargado de ofrecerlos a vendedores de coches usados que saben lo que se traen entre manos o que son de la organización.
La principal demanda de coches de gama alta robados procede del Este europeo, donde los controles –como la ITV– son mucho menos estrictos. También los países árabes ricos son buenos clientes. Pero la policía advierte que